¿Ha vuelto el superpeso? Mientras las opiniones del mercado se dividen, el peso mexicano se ha convertido en una de las divisas más volátiles y, al mismo tiempo, más resilientes entre los mercados emergentes. Una de las monedas más operadas del mundo ha dejado atrás los pronósticos de estabilidad para encaminarse hacia una senda alcista, cada vez más cercana al umbral del “superpeso”, un fenómeno con consecuencias mixtas. Por un lado, la apreciación acumulada en el año, cercana al 4%, ha tomado por sorpresa a los exportadores, que empiezan a reportar presiones en sus márgenes; en el extremo opuesto, ha abaratado las importaciones, contribuyendo a aliviar las presiones sobre los precios y a dar un respiro a los bolsillos.
Ante este entorno, las compañías, especialmente las transnacionales que llevan su contabilidad en dólares, han empezado a notar mayores headwinds (vientos en contra) en sus reportes financieros: un eufemismo que encapsula factores macroeconómicos —como el tipo de cambio— que dificultan su crecimiento. La gigante mexicana Femsa, propietaria de la embotelladora de Coca-Cola y de las ubicuas tiendas Oxxo, reportó que sus ingresos totales aumentaron un 6,1% en el primer trimestre y que su resultado operativo creció un 5,5% interanual. Sin embargo, sin considerar el efecto cambiario, los ingresos y el resultado operativo habrían crecido un 8,5% y un 12,1%, respectivamente. Martín Arias Yániz, director financiero del conglomerado, explicó a los inversionistas que el buen desempeño general “se vio contrarrestado por los vientos en contra derivados de la fluctuación cambiaria, debido a la fortaleza del peso”, entre otros factores.
El impacto no es aislado. Alsea, la operadora de marcas como Starbucks y Domino’s Pizza, reportó una caída de 61% en su utilidad neta, en parte atribuida a los choques cambiarios. Incluso la estatal Petróleos Mexicanos (Pemex) se vio afectada por las fluctuaciones del peso y el dólar, que contribuyeron a sus pérdidas de 2.600 millones de dólares.
Empresarios han comenzado a advertir que sus márgenes se estrechan ante la apreciación del peso, al tiempo que una moneda fuerte incentiva las importaciones en detrimento de la producción local. Además, que encarecen las exportaciones, la columna vertebral de la economía mexicana. “La tendencia a desindustrializar la economía se acelera, pues se ha privilegiado históricamente a las importaciones sobre la producción nacional al utilizar el tipo de cambio para contener los precios de los bienes sujetos a competencia”, señaló la Asociación Nacional de Empresarios Independientes (ANEI) en una carta dirigida al Banco de México (Banxico), en la que exige atención al fenómeno.
El banco central ha mantenido durante décadas un régimen de libre flotación y solo recurre a intervenciones cambiarias en episodios extremos, una estrategia forjada al calor de los traumas de las devaluaciones recurrentes, las crisis financieras y la inflación desbordada de los años ochenta y noventa. Para los mexicanos, la fortaleza de su divisa no es solo una variable financiera, sino también un símbolo de estabilidad, relevancia en el tablero mundial y parte del discurso de bienestar de la política. La presidenta Claudia Sheinbaum ha celebrado que el peso “aguante”, incluso en un entorno de menor crecimiento. El Producto Interno Bruto (PIB) se contrajo un 0,6% en los primeros tres meses del años y la inflación ha empezado a ceder después de un repunte, para ubicarse en la primera quincena de mayo en un 4,11% anualizado.
Y esa fortaleza se explica por la propia naturaleza del peso. Se trata de una de las divisas emergentes más líquidas y operadas del mundo, lo que facilita su compra, venta y uso en estrategias financieras globales. Sin embargo, esa misma disponibilidad la vuelve particularmente sensible a los choques externos.
Bicicleteo financiero del peso
Mucho del hype del dólar se mantiene porque la tasa de interés de la economía latinoamericana se han mantenido relativamente alta, con respecto a los tipos fijados por los bancos centrales de los países desarrollados, motivando un fenómeno conocido como el carry trade. Esta “bicicleta financiera” ha sido especialmente evidente en el arbitraje entre el yen japonés y el peso mexicano: los inversores adquieren préstamos baratos en yenes, apalancándose en tasas cercanas a cero en Japón. Ese capital se convierte a pesos y se usa para comprar bonos, hacer depósitos en la banca o adquirir otros activos que generen mayores rendimientos.
Sin embargo, este método considerado un imán de inversores, queda expuesto a las tensiones geopolíticas por la guerra en Irán y los cambios en la política monetaria de las economías avanzadas, además de los desequilibrios fiscales internos. Lo único en lo que parece haber consenso en el mercado es que la moneda seguirá expuesta en el corto plazo a la vulnerabilidad.
“La tasa parece estar muy cerca de terreno neutral; el diferencial de tasas de interés respecto a Estados Unidos se ha reducido muy significativamente”, señala Iván Arias, director de la Estudios Económicos de Banamex. En su más reciente reunión, Banxico decidió recortar el referencial y situarlo en 6,50%, dando por concluido su ciclo de rebajas iniciado en marzo de 2024. “Cualquier trigger que desate una búsqueda de otros activos menos riesgosos que los mexicanos podría generar volatilidad en el mercado cambiario. En particular, que los próximos movimientos de bancos centrales en economías avanzadas sean incrementos, y no más recortes”, advierte el economista.
A ello se suma la incertidumbre en torno al futuro del TMEC, el principal acuerdo comercial de México con Estados Unidos y Canadá. El mercado ha comenzado a descontar que su revisión podría extenderse bajo un esquema de negociaciones continuas, lo que añade ruido al panorama. El tratado protege como un paráguas al 80% de las exportaciones mexicanas que se digieren a EE UU. Durante el primer trimestre, las ventas externas de México crecieron 17,9% interanual para sumar 175.586 millones de dólares, con la previsión de que si se mantiene el ritmo podrían cerrar el ejercicio cercanas a un histórico 730.000 millones de dólares.
“La reacción del peso ante el TMEC es muy dinámica”, señala Héctor Magaña, profesor de finanzas del Tecnológico de Monterrey. Las partes han declarado su intención, al menos mediática, de mantener vivo el acuerdo. “Una ruptura del TMEC implicaría que ese flujo de exportaciones se viera mermado de manera significativa, pegándole a la actividad económica del país. Y cualquier noticia negativa en torno a la relación comercial, suele depreciar el tipo de cambio”, anade Magaña.
El término “superpeso” –popularizado entre 2022 y 2023 para describir la fortaleza inusual de la moneda– vuelve así al centro del debate. Este viernes, el peso cerró en torno a 17,3 unidades por dólar, en un nivel que recuerda los máximos de apreciación. Pero ahora la pregunta ya no es solo si el fenómeno ha regresado, sino cuánto puede sostenerse en un entorno global cada vez más incierto.
Tomado de https://feeds.elpais.com/



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