• Autor, Alejandra MartinsTítulo del autor, BBC News Mundo
• Fecha de publicación 9 horas
• Tiempo de lectura: 15 min
«No vamos a recuperar, al menos en ningún futuro predecible, el clima y la atmósfera ya perdidos», dijo a BBC Mundo el climatólogo ecuatoriano Raúl Cordero.
«Pero eso no significa que uno tiene que dejarse estar. No, porque todavía podemos perder más», agregó.
Cordero, quien trabajó durante años en Chile y realiza numerosas investigaciones en la Antártica, es actualmente profesor de la Universidad de Groningen en Países Bajos.
Desde incendios a olas de calor e inundaciones, «hay una epidemia de eventos extremos alrededor del mundo, que están volviéndose cada vez más intensos y cada vez más frecuentes», señaló.
Los 11 años comprendidos entre 2015 y 2025 fueron los 11 años más cálidos jamás registrados, según un informe de marzo de la Organización Meteorológica Mundial.
Cordero explicó por qué el hemisferio norte se está calentando casi al doble de rápido que el hemisferio sur, qué esperar del efecto combinado del cambio climático y El Niño, y cómo, a pesar de todo, encuentra motivos de esperanza.
Al presentar su informe de este año del estado del clima en Reino Unido, el Servicio Meteorológico británico dijo que «el clima del siglo XX ya no existe». ¿Está de acuerdo con esto?
Sí, estoy plenamente de acuerdo. El clima en último término depende de la atmósfera, y la atmósfera con la que nacimos usted y yo ya no existe. El planeta en el que nosotros nacimos ya no existe.
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Hemos cambiado la composición atmosférica del planeta con las emisiones de gases de efecto invernadero.

Y no lo hemos cambiado solo un poco: la concentración de CO2, el principal gas de efecto invernadero, es hoy un 50% superior a la que existía hace poco más de un siglo.
Si uno cambia en esos tremendos valores la composición atmosférica del planeta, el clima va a cambiar. Y nunca va a volver a ser el que era hasta que ese 50% extra de CO2 disminuya.
Entonces no solamente que el clima que tenemos hoy es diferente. La atmósfera es diferente y hay algo todavía peor: no vamos a recuperarlos, al menos en ningún futuro predecible.
Fuente de la imagen, Gentileza Raúl Cordero
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Cuando dice ningún futuro predecible, ¿a qué se refiere?
El futuro predecible usualmente está asociado a los horizontes de la vida humana. Es muy difícil que en menos de 100 años logremos bajar la concentración de gases de efecto invernadero.
Eso no significa que uno tiene que dejarse estar, que ya está todo perdido. No, porque todavía podemos perder más. Si no detenemos las emisiones de gases de efecto invernadero, vamos a seguir cambiando el clima y empeorando la situación.
El cambio climático el problema que tiene es que provoca alzas en la frecuencia de eventos extremos. Hay una epidemia de eventos extremos alrededor del mundo, que se están volviendo cada vez más intensos y cada vez más frecuentes.
Si seguimos como estamos, la frecuencia de esos eventos extremos va a continuar aumentando.
¿Por qué se tardaría tanto tiempo en sentir el beneficio de reducir las emisiones de CO2?
El CO2 tiene el problema de que tiene una vida media de al menos un siglo. Es decir, el CO2 que nosotros tenemos en la atmósfera hoy cambiando el clima no es sólo el que nosotros emitimos, sino el que emitieron nuestros padres y nuestros abuelos.
Por ende, el CO2 que estamos emitiendo nosotros no solamente va a cambiar el clima hoy, sino que lo va a cambiar durante 100 años más. Va a continuar cambiando el clima mucho después de que los que lo emitimos estemos muertos.
Por eso es que el cambio climático es un problema intrageneracional. Desgraciadamente los cambios en el clima que estamos causando tienen un impacto que va a sobrevivirnos.
Hablemos entonces de los eventos extremos que mencionaba. Estos días vemos incendios que parecen imparables en Europa y otras partes del mundo. Y se habla de mega incendios que generan su propio clima con descargas eléctricas que inician nuevos focos de fuego. ¿Son estos un efecto claro del cambio climático?
Es difícil atribuir al cambio climático la responsabilidad de incendios individuales, pero sí podemos atribuir al cambio climático la tendencia a tener incendios cada vez más intensos.

En otras palabras, el cambio climático está haciendo que cada vez sean más probables.
Lo que está sucediendo hoy en Europa es algo que sucedió en enero de 2025 en California, el estado más rico del país más rico, con todos los medios materiales imaginables a su alcance. Y a pesar de eso, tuvieron un fuego de casi dos semanas que quemó suburbios en Los Ángeles.
Eventos similares se han dado en Australia en 2020 y en Chile en el 2017 y 2023. En 2024, además, perdieron la vida más de 100 personas en un incendio que, al igual que el de California, penetró una ciudad, Viña del Mar, con una rapidez tal que hizo imposible el escape de muchas personas.
Así que desgraciadamente no es inesperado lo que está sucediendo en Europa.
Y si no detenemos el calentamiento global, este tipo de eventos no solamente que van a ser más frecuentes, sino que van a ser cada vez peores.
Se ha dicho también que otro factor que agrava los incendios es la mala gestión forestal…
En Chile, cuando se dieron los mega incendios de 2017, muchos pensaron «es el exceso de industria forestal, el exceso de bosque», etc. Como que a muchos les cuesta entender que esto tiene que ver con un problema de cambio en la composición atmosférica.
No digo que la gestión forestal o la falta de la misma no juegue un rol, pero ese no es el principal problema detrás de los mega incendios.
Hasta que no aceptemos que los fuegos catastróficos son el resultado de haber alterado de manera cuasi irreversible la composición de la atmósfera, no vamos a solucionar el problema.
Este tipo de mega fuegos son de una intensidad jamás vista y, por heroicos que sean los bomberos o por medios materiales de los que se disponga, no se los puede detener.
Se han tratado distintos modelos de gestión de fuego en California, en Australia, en Chile y en el sur de Europa, y ninguno ha logrado detener las recientes alzas en el área quemada.
La única manera de detener el empeoramiento de la situación es dejando de emitir gases de efecto invernadero.
El organismo que monitorea la mortalidad en Europa, el European Mortality Monitor, dijo que la ola de calor de junio de 2026 produjo una sobremortalidad de más de 10.000 personas, más de 5.700 solo en Francia. ¿Es este otro ejemplo de que el clima de hace pocas décadas ya no existe?
Las olas de calor son la manifestación más letal del calentamiento global.
Por ejemplo, cuando a uno le dicen que la temperatura global va a aumentar un grado, dos grados, uno dice bueno, eso no es mucho. Esto también es algo difícil para muchos de entender, que dentro de esos «pequeños» aumentos en los promedios van escondidas agudas subidas de temperatura durante unos pocos días.
Esas son las olas de calor, agudas subidas de temperatura que se están presentando cada vez de forma más frecuente a medida que sube el promedio de temperatura global.

La frecuencia de olas de calor se ha intensificado en un 200 o 300% dependiendo de la zona del trópico a la que uno ponga atención. En mi ciudad natal, Guayaquil (Ecuador), por ejemplo, la frecuencia de olas de calor ha aumentado casi un 400% desde la década de los 80.
Las olas de calor son por lejos el riesgo climático más letal y se estima que están matando ya en el mundo cientos de miles de personas.
¿Por qué esto no es noticia? Porque cuando uno se muere nunca le dan un certificado que dice «murió por ola de calor». Por ahora la única manera que tenemos de detectar esas muertes es a través de las estadísticas de sobremortalidad, las que se conocen después de terminado el evento.
En la última ola de calor en Europa, en junio de 2026, los habitantes de París estuvieron expuestos a temperaturas de casi 15 grados por encima de valores típicos. Esas temperaturas representan un grave riesgo para las personas mayores. Las estadísticas indican que cuando uno es mayor de 65 años y no tiene acceso a aire acondicionado, el riesgo de morir durante una ola de calor durante un día muy cálido en verano se duplica.
Cuando hablamos de calentamiento global los porcentajes de aumento en los riesgos a los que nos enfrentamos son escandalosos. Pero desgraciadamente remueven pocas conciencias.
El programa de observación terrestre Copernicus, de la Unión Europea, señala que Europa se calienta al doble de velocidad que el resto del planeta. ¿A qué se debe esto?
No es solamente Europa. El hemisferio norte se está calentando casi el doble de rápido que el hemisferio sur. Una de las razones es que en el hemisferio norte hay menos océano que en el hemisferio sur.
En el hemisferio sur tenemos poco territorio, una pequeña parte de África, Oceanía y una parte de Sudamérica, nada más.
El hecho de que el hemisferio norte tenga más territorio hace que se esté calentando más pues el suelo responde más rápido que el océano a la radiación. Es por eso que el ritmo de calentamiento de los océanos tiene la tendencia siempre a ser más lento que el ritmo de calentamiento de la superficie continental.
Pero hay un elemento adicional que es el Ártico. El Ártico es la región del mundo que más rápido se está calentando, por lejos. La razón es que hay lo que se llama ahí una retroalimentación. El exceso de calor está derritiendo el hielo que cubre el océano Ártico. Cuando se derrite el hielo queda expuesto el océano más oscuro que, al absorber un extra de radiación solar, se calienta derritiendo más hielo.
Ese círculo vicioso explica por qué el Ártico se derrite tan rápido. Y como el Ártico es una zona enorme, termina por arrastrar a todo el hemisferio norte y a Europa, el continente más cercano al Ártico.
El calentamiento es global, pero no todo el planeta se calienta al mismo ritmo.
El hemisferio sur se calienta más lento, entre otras razones, porque cuenta con la zona del mundo que más lento se calienta, la Antártica.
No es que en el hemisferio sur no la estemos pasando mal, pero en lo referido al calentamiento, vamos un poco retrasados respecto al hemisferio norte.
¿Por qué la situación en la Antártica es tan diferente a la del Ártico?
La diferencia la hace el hecho de que el Ártico es un océano cubierto por hielo, mientras que la Antártica es un continente, es decir, la mayoría del hielo de la Antártica no está en contacto con el océano sino con roca continental. Al no estar en contacto con el océano, no se da ese círculo vicioso que explicábamos antes que está derritiendo aceleradamente al Ártico.
Por otro lado, la capa de hielo que cubre el Ártico es mucho más delgada. Son unos pocos metros. En el caso de la Antártica, la masa de hielo que cubre el continente antártico en promedio tiene dos kilómetros de grosor. Esta capa de hielo es tan gruesa, que afortunadamente va a demorar algunos siglos en derretirse.
Nota original publicada en el portal de bbc.com el 2 de agosto de 2026: https://www.bbc.com/mundo/articles/c24mz1jrnpzo?at_medium=RSS&at_campaign=rss.
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