El mágico número 7 (±2)

Este septiembre nuestra columna cumple siete años de vida. China chano, casi sin darnos cuenta, llevamos 84 meses (con este serían ya 85) acudiendo puntualmente a nuestra cita.

Me hace muy feliz pensar que eso significa que, con los más fieles a este espacio de Lingüística en Letras Libres, mantengo ya una relación más que consolidada. Y en esto estaba yo pensando, cuando no he podido evitar recordar al psicólogo estadounidense George A.

Miller, autor del famoso artículo titulado “El mágico número siete, más menos dos: algunos límites en nuestra capacidad para procesar la información”. Me parece increíble que en casi lustro y medio nunca haya hablado de este asunto y creo que este es el momento adecuado para hacerlo.

Resulta que Miller observó que los seres humanos contamos con una memoria de trabajo limitada. Teniendo en cuenta la gran variabilidad individual y las distintas situaciones, propuso este número (7±2) como media de las unidades que podemos procesar.

De alguna manera es como si estuviéramos haciendo malabares y pudiéramos controlar de 5 a 9 bolas como máximo. Cuando nos añaden una más (a veces la sexta, en los más hábiles la décima) nos supera la situación y plaff, caen todas al suelo.

Si lo pensamos, podemos comprobar que esto es verdad. Cuando tenemos que memorizar un número mientras buscamos dónde apuntarlo, desde luego que hay un máximo de dígitos que podemos retener.

¿Y qué hacemos los pobres humanos cuando la información que debemos recordar es más grande? Pues organizarla en grupos de unidades, de tal modo que cada grupo ocupa un único espacio.

Miller llamaba a estos bloques de información chunks y eso es, exactamente, lo que hacemos cuando tenemos que recordar un número de teléfono y simplificamos la tarea agrupando sus dígitos en bloques de dos o tres elementos.

Centrando el tema en el lenguaje humano, lo interesante a este respecto es cómo se adapta a nuestra limitación en memoria de trabajo y cómo se organiza en distintos tipos de chunks. El ejemplo más sencillo es la estructura sintáctica, por la que la onda sonora no se procesa palabra por palabra (el-niño-come-atún), sino sintagma por sintagma ([el niño] – [come atún]).

Esto simplifica enormemente el problema, aunque no lo resuelve, claro. Porque también hay un límite en el número de sintagmas que podemos retener.

Esta es una explicación para lo que se conoce como Límite en la incrustación. Y es que en determinadas circunstancias el número de elementos que puedes procesar a la vez es incluso menor.

Así, es fácil entender frases como El ratón comía queso, El gato vio al ratón, El perro persiguió al gato y El perro ladró, pero no El ratón (que vio al gato (al que el perro (que ladró) persiguió)) comía queso. Demasiadas bolas para cualquiera de nosotros.

La sintaxis es un buen ejemplo, pero no el único. Desde el punto de vista fónico, el lenguaje humano también se adapta a las limitaciones de nuestra memoria de trabajo.

Así, las distintas sílabas que forman la onda sonora se organizan en grupos fónicos. Lo interesante es que estos, aplicando a veces procesos de asimilación y elisión, respetan el famoso número de 7±2.

Haced la prueba. Pensad en una frase y veréis cómo se distribuye.

Por ejemplo, si pronunciamos Cuando vengas a casa, tráeme el libro de historia que te presté, lo hacemos en tres grupos fónicos, de 7, 7 y 4 sílabas respectivamente: cuan-do-ven-gas-a-ca-sa / traé-mel-li-bro-dehis-to-ria/que-te-pres-té.

Sintaxis, fonética… también en la semántica se aplican las restricciones. Un ejemplo lo tenemos con el significado de las palabras que usamos. Cuando comprendemos una oración, tampoco buscamos en la memoria palabra a palabra, sino que, cuando son frecuentes, las tenemos almacenadas de forma agrupada en lo que se conoce como Expresiones multipalabra. Esto convierte a frases habituales como Vienen los yayos o No queda pan en un único chunk de información. Así se explica cómo entendemos todo tan rápido en tiempo real. Usa este truco con las lenguas extranjeras que te den problemas.

Nuestro cerebro es maravilloso, pero tiene sus limitaciones. Una vez más, podemos comprobar que el lenguaje se adapta a ellas y se convierte en la mejor herramienta cognitiva que se pueda soñar. Feliz cumpleaños a esta columna y por mucho tiempo más.


Nota original publicada en el portal de letraslibres.com el 30 de septiembre de 2026: https://letraslibres.com/ciencia-y-tecnologia/el-magico-numero-7-2/30/09/2026/.

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