diciembre 4, 2021

El Ballet Nacional triunfa en el Teatro Real con el primer lleno tras la pandemia

Éxito de Rubén Olmo en un homenaje a la variedad de registros del bailarín y coreógrafo Antonio Ruiz Soler, de quien se cumple este año su centenario Leer#ExpresionSonoraNoticias Tomado de http://estaticos.elmundo.es/elmundo/rss/cultura...

Actualizado Viernes,
15
octubre
2021

19:13

Éxito de Rubén Olmo en un homenaje a la variedad de registros del bailarín y coreógrafo Antonio Ruiz Soler, de quien se cumple este año su centenario

Representación de Fantasía Galaica.
Representación de Fantasía Galaica.Javier Real

Rubén Olmo se coronó el jueves como el artífice del primer éxito del Teatro Real en aforo completo tras la pandemia. En realidad, los laureles le venían de serie y el coreógrafo los traía escondidos en las medias. Un consejo, el de las ramitas en contacto con la piel, que le debe a la bailaora Matilde Coral y con el que el director del Ballet Nacional de España cumple antes de cada gran estreno.

Con o sin augurio, la expectación era máxima, tanto en términos artísticos (un ambicioso programa diseñado a la medida de una figura inabarcable como Antonio Ruiz Soler) como sanitarios (con la sala hasta la bandera «en busca del antídoto -concede Olmo entre cajas- a la precariedad de los cuerpos durante el confinamiento») y hasta sindicales (toda vez que la huelga de técnicos del Inaem obligó a retrasar el estreno un día).

Para celebrar el centenario de Antonio (1921-1996), el espectáculo arrancó con las Sonatas que el coreógrafo y también director del BNE concibió para la película Duende y misterio del flamenco de Edgar Neville: ambiente palaciego de estética goyesca y una combinación perfecta, dividida en nueve cuadros, de escuela bolera y danza clásica de gran complejidad.

Los músicos de la Sinfónica de Madrid, dirigidos por Manuel Coves, se encargaron de mecer los braceos y los toques de palillo con un bellísimo surtido de sonatas del Padre Soler. Con el telón bajado, desfilaron por la corbata del teatro los bailarines Irene Tena y José Manuel Benítez en Vito de gracia, una exultante recreación (estrenada en abril en la Maestranza de Sevilla) de la famosa escena de Hollywood Canteen con la que Rosario y Antonio amenizaron la larga espera de los soldados en el frente.

Uno de los momentos más celebrados por el público fue el martinete, de elenco exclusivamente masculino, que abrió las Estampas flamencas para invocar la tarde mágica en que Antonio bailó por primera vez este palo bajo el Puente Nuevo de Ronda. Sin renunciar al aroma inconfundible del flamenco primigenio, Rubén Olmo y Miguel Ángel Corbacho se atrevieron a actualizar la patente con una mezcla de rigor e insobornable curiosidad por conquistar nuevos horizontes desde una concepción más contemporánea del espacio y el ritmo.

El propio Olmo se adentró en las profundidades de una cueva minera, en cuya penumbra bailó un taranto y se asomó al abismo de un silencio sobrecogedor. «Con la guitarra conteniendo la respiración -confiesa de vuelta al camerino-, me sentí como un funambulista que camina por la delgadísima línea que separa dos épocas y al mismo tiempo sirve de encuentro a varias generaciones».

Al comienzo de la segunda parte, Esther Jurado, bailarina principal invitada de la compañía, lució una imponente bata de cola negra con pedrería de López de Hoyos en Leyenda, coreografía de Carlos Vilán inspirada en Asturias de Albéniz, uno de los compositores fetiche de Antonio junto a Pablo Sarasate, que prestó su música al Zapateado elegante y virtuoso, casi una evolución rítmica del claqué, de José Manuel Benítez, al que el público agasajó con una larga ovación.

El objetivo que se había marcado el BNE, y que consiguió con creces, no era otro que sintetizar en un espectáculo generoso la amplitud de miras, estilos y técnicas de Antonio. De ahí que el broche final estuviera dedicado a las danzas populares a través de la Fantasía galaica que, en 1956, hizo marchar a la Santa Compaña por los Jardines del Generalife.

Antes de salir a escena, Olmo reunió a sus bailarines en el patio de butacas para un último consejo: «Este teatro es muy grande, en todos los sentidos. Tenéis que proyectar el cuerpo como la voz de los cantantes, con la mirada puesta en el cielo».

Conforme a los criterios deThe Trust Project

Saber más

#ExpresionSonoraNoticias Tomado de http://estaticos.elmundo.es/elmundo/rss/cultura

A %d blogueros les gusta esto: