El laberinto del mundo
José Antonio Lugo
I. Patsy mi amor
En días pasados vi en la Cineteca Nacional de la ciudad de México una copia restaurada de la película Patsy, mi amor, del director Manuel Michel, con las actuaciones de una Ofelia Medina de 18 años, Julio Alemán, Joaquín Cordero, Héctor Bonilla, Julián Pastor, Pixie Hopkins, y en roles secundarios Héctor Suárez y Felipe Ehrenberg -hasta Raúl Velasco, antes de Siempre en Domingo-. El guión fue escrito por Gabriel García Márquez.
La película narra la atracción de la joven Patsy por un hombre maduro. Él está casado y sólo busca una aventura; ella no se siente atraída por los inmaduros jóvenes de su generación y encuentra en Ricardo, el personaje protagonizado por Julio Alemán, una figura paterna parecida a su padre al que ama. La trama termina con el rompimiento anunciado desde el encuadre de la relación. Un primer amor que la hará madurar. La película contiene una autoreferencia de García Márquez, ante el comentario de que está lloviendo mucho, un personaje responde: “Sí, como en Macondo”. Cabe señalar que la película fue filmada en 1968, poco antes de la masacre de Tlaltelolco, y que Gabo estaba en ese entonces escribiendo Cien años de soledad.
Para Jorge Ayala Blanco la película es malísima; para Rafael Aviña, en sus comentarios después de la proyección, es un film que se adelantó a su tiempo. Empieza como una historia de música a gogo, pero se va volviendo psicológicamente cada vez más compleja. Ver a Ofelia Medina en su primer rol protagónico, llena de frescura, fue un grato descubrimiento.
Cabe señalar que el guión fue escrito para que lo dirigiera Arturo Ripstein; al estar filmando Los recuerdos del porvenir, no pudo filmar Patsy, mi amor, y así entró al quite el cineasta Manuel Michel. La película tuvo muy mala prensa, lo que tristemente, por las razones que hayan sido, impidió que el director filmara otros largometrajes, razón que sumada a su muerte prematura limitó su filmografía.
II. Tajimara
Juan García Ponce fue crítico de arte y de literatura, novelista y cuentista. Antes de que la influencia de Pierre Klossowski y de Robert Musil matizaran
-para bien o para mal- su obra, sus relatos describían la psicología de las relaciones eróticas y cómo se tejía y destejía el erotismo en función de las preguntas y la búsqueda de respuestas de los protagonistas, tanto mujeres como hombres. En su cuento “Tajimara”, el narrador afirma: “Componemos todo con la imaginación y somos incapaces de vivir la realidad simplemente”.
El relato fue llevado al cine por Juan José Gurrola, quien era pareja de Pixie Hopkins, a quien vimos cantar en la película de Patsy, mi amor, y que luego salía en Siempre en Domingo anunciando sus pelucas.
En la película, producida en 1965, se notan influencias de la nueva ola francesa (Godard, Truffaut, Rohmer). Tiene como locaciones la pista de patinaje de avenida Revolución (hoy, una gasolinera) y el Museo de Arte Moderno. Cecilia (Pilar Pellicer) es objeto del deseo -diría Lacan- de Roberto (Claudio Obregón). Aparecen protagonistas del arte y la cultura como actores fugaces: Manuel Felguérez, Juan y Fernando García Ponce, Carlos Monsiváis, Tomás Segovia y Pixie Hopkins. Al final, Cecilia se casa con Guillermo y Roberto es presa de la melancolía.
III. García Márquez y García Ponce
Gabo escribió el guión de Patsy, mi amor y García Ponce el cuento “Tajimara”.
Cuando García Márquez llegó a México, Juan García Ponce lo presentó con los miembros de la revista S.nob y del cine club del IFAL, lo que dio lugar a la dedicatoria “a María Luisa Elío” de Cien años de soledad. También lo presentó con el productor Miguel Barbachano Ponce, quien produjo muchos de los cortometrajes y películas que surgieron del Primer Concurso de Cine Experimental, en 1964.
Gabo le regaló un libro a Juan García Ponce con la siguiente dedicatoria: “Pinche Juan, para que no se te olvide quién es tu padre”, libro con dedicatoria que pudimos ver en la exposición sobre García Ponce y Monsiváis que se montó en el Museo del Estanquillo hace unos años, con la curaduría de Ángel González Amozorrutia -a quien le deseo un total restablecimiento-.
Al recibir el libro de Gabo, Juan tomó la más reciente de sus novelas, donde las protagonistas siempre tienen varios o muchos amantes, con la siguiente dedicatoria: “Cabrón Gabo: para que no se te olvide que uno nunca sabe quién es su verdadero padre” (me lo contó el propio García Ponce, cuando fui su escriba).
Las dos películas describen las pulsiones eróticas y existenciales de una franja de la sociedad: una burguesía despreocupada y alegre, que no vio venir la brutal transformación que trajo consigo el 68. Tajimara es de 1965 y Patsy, mi amor se acabó de filmar semanas antes de la masacre de Tlaltelolco. Hoy ambas películas retratan una cierta inocencia burguesa. Como mencionó Rafael Aviña hablando de la película de Manuel Michel, lo que en ese entonces fue una ficción, terminó siendo un documental, el registro de una parte de la historia emocional de una generación.
Tomado de https://morfemacero.com/



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