No entiendo del todo la insistencia en explicar que “es una sátira”, creo que una sátira que explica lo que es deja de serlo, es como contar un chiste empezando por el final, el ingenio se queda corto y no hay de otra más que explicarlo. Es una farsa por la búsqueda de la risa inmediata, una farsa con tintes políticos
Digger es una película que sin duda da de qué hablar. Para bien o para mal, pero nunca deja a nadie callado. En el peor de los casos, creo que una película que deja sin mayor o menor comentario termina siendo una película adusta, insuficiente o simplemente prescindible. Y afortunadamente éste no ha sido el caso.
El inicio me ha parecido fenomenal, estupendo, y no me refiero a las burbujas elevándose desde el suelo, sino a la escena en donde se abre el cortinaje hacia arriba, a punto de empezar está la obra. Y al abrirse las cortinas, vemos la escena de la habitación del protagonista, Tom Cruise. Es una escena maravillosa, con la que al terminar de ver la película uno se queda atando cabos, hay coherencia, ésta no es una película cualquiera, estamos frente a una mezcla entre cine y teatro.
Yo no creo en que ésta sea necesariamente una sátira, en efecto, creo que quienes dicen que lo es, incluyendo los personajes en el diálogo y hasta el director mismo, erran al catalogarla como sátira. Esta película es más bien una farsa, lo dice el tono de los diálogos, la caracterización de los personajes, sus maravillosas reacciones faciales y corporales —la mímica—, los hechos narrados en la película y el mismo sentido del humor, que a menudo se siente forzado.
De eso, a que se trate de una película cuya historia no tenga moraleja, no lo creo. Creo que es una película con un sentido evidentemente moral. No entiendo del todo la insistencia en explicar que “es una sátira”, creo que una sátira que explica lo que es deja de serlo, es como contar un chiste empezando por el final, el ingenio se queda corto y no hay de otra más que explicarlo. Es una farsa por la búsqueda de la risa inmediata, una farsa con tintes políticos.
Y el que sea una farsa no demerita a la película, simplemente creo que es un error el catalogarla como sátira, cuando hay elementos claramente fársicos a todo momento. Y esto mismo es lo que la vuelve una película extraordinaria, en el sentido de que está completamente basada y pensada en el teatro, tanto de manera evidente por el transcurso de la trama, como también de manera intertextual, entre renglones hay detalles, a todo momento, que dejan ver el interés tan amplio de los realizadores en la ejecución de una obra cimentada en el teatro.
Esta película me parece maravillosa por el hecho de que estamos básicamente hablando de un terreno que, de tan poco explorado en el cine, se podría estar hablando de un género nuevo, o al menos reciente.
Ciertamente no es la primera vez que se ve en el cine el uso de romper con la cuarta pared, en este momento pienso en la película Así es la vida (2000), dirigida por el cineasta Arturo Ripstein y escrita por la guionista Paz Alicia Garciadiego, en donde aparecen cables y el micrófono hacia el final de la cinta, dejando ver parte de la realización de la película e incorporándolo en la película, una escena que causa asombro y que también genera sorpresa.
A propósito de Arturo Ripstein y de la mezcla entre géneros —cine y teatro—, rescato un fragmento que me dijo en una entrevista recientemente publicada y que me parece propicio traer a cuento: “…Bueno, me dijo usted que mi cine puede ser teatral. Sí, me acusan de eso. Pero cuando uno pone una cámara es cine. Gústele o no. Digo, con que haya un corte, un acercamiento, es suficiente: ya no es teatro. Porque el teatro no tiene acercamientos. O los tiene muy forzados y con una técnica completamente distinta”.
Coincido con la postura de Ripstein: el cine no es teatro y el teatro no es cine, sin embargo ambos pertenecen a las bellas artes, en concreto a lo concerniente al espectáculo y por lo tanto hay lazos que estrechan a uno con el otro, como es posible ver en Digger y como justamente fue tan a menudo apreciable en el cine de Arturo Ripstein y Paz Alicia Garciadiego —quien en otra entrevista me comentó que ya no escribirá más guiones, que ya no hará más cine.
En digger celebro la audacia, tanto de los guionistas como del director, al arriesgarse a hacer una película extraña en su formato, con un ritmo inusual, con grandes tomas en la fotografía y empleando la cámara VistaVision de 35 mm., un formato horizontal y común entre las décadas de 1950 y 1960, y que recientemente ha cobrado su reutilización en el cine contemporáneo, como en The Brutalist (Brady Corbet, 2024), o como también la ha empleado en años recientes Yorgos Lanthimos en Poor Things (2023) y principalmente en Bugonia (2025).
No puedo dejar de pensar en la colorimetría de Digger, y en aspectos estéticos que también hacen recordar a Wes Anderson. Por momentos, varios momentos, me parecía estar viendo algo de Wes Anderson.
A mi parecer es obvio que Alejandro González Iñárritu continúa su camino exploratorio en el cine, y esa versatilidad y plasticidad que ha demostrado tener a lo largo de su carrera demuestra la calidad artística.
Es un cineasta que no se queda fijo ni quieto, que va en busca de la exploración película a película, y aunque Digger es una película hecha para no dejar callado a nadie y hecha también para la opinión polarizada, es evidente que al emplear a actores como Tom Cruise, quien es emblema del cine estadounidense y hollywoodense —y verlo caracterizado como un personaje por completo opuesto a la imagen con que el actor suele mostrarse—, así como la utilización de herramientas estéticas vanguardistas y también comunes en cineastas contemporáneos de culto, lo hacen perfilarse entre las filas a las nominaciones del Óscar.
Digger tiene escenas y diálogos perfectamente ensamblados con la mediocridad de quienes ostentan el poder económico en Estados Unidos, creo que es una película dirigida sobre todo hacia una audiencia estadounidense, y también me parece que hay fragmentos de la película que no terminaron de cuajarse, como varios de los personajes que en ocasiones resultan innecesarios, o bien, cuando el humor de la farsa termina quedando en varias ocasiones en el aire, o bien, asfixiadas en su repetición.
Algo que en particular resalto por entrañable y a la vez terriblemente bello, fue Maggie, la gata moribunda, hay un humor negro en ella y su circunstancia que me hubiera gustado ver más explorado en la película, y que no encontré.
Me gusta que sea una cinta arriesgada, distinta en su formato y en los múltiples cambios de formatos: cine – teatro – cine, finalmente culminando en una época postapocalíptica, con un cierre en lo que pareciera ser Nueva York tras la hecatombe.
Évolet Aceves es cuentista, novelista, poetisa, cronista y ensayista. Autora de la novela Tapizado corazón de orquídeas negras (Tusquets, 2023), forma parte de la antología Monstrua (UNAM, 2022).
Periodista cultural, fotógrafa con dos exposiciones individuales. Escribe su columna en Pie de Página.
Ha vivido y estudiado en Toluca (México), Varsovia (Polonia), Albuquerque (Nuevo México, EEUU) y Nueva York, donde actualmente reside con la beca GSAS otorgada por la Universidad de Nueva York, donde también da clases. Colaboradora en revistas y semanarios: Dominga (Milenio), El Cultural (La Razón), Nexos, Replicante, Este País, entre otros.
Su obra ha sido presentada en ferias del libro y universidades de México, Estados Unidos, Polonia y Alemania.
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Nota original publicada en el portal de piedepagina.mx el 11 de octubre de 2026: https://piedepagina.mx/de-cine-y-teatro/.
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