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Decenas de miles de cubanos despidieron en La Habana a los efectivos que ofrendaron su vida para evitar el secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores. El presidente Díaz-Canel honró a los combatientes con un firme discurso antiimperialista. La conmoción nacional selló una jornada de duelo que reafirma el compromiso de la isla con Venezuela
Texto: Redacción Pie de Página
Foto: Marcelino Vázquez / Cubadebate
CIUDAD DE MÉXICO. – Bajo un sol implacable y ante la amenaza militar de los Estados Unidos, decenas de miles de cubanos transformaron la Tribuna Antimperialista José Martí en un altar de honor y desafío. La multitud, compuesta por jóvenes, trabajadores, científicos y familiares con rostros marcados por el dolor y el orgullo, se congregó para dar el último adiós a los 32 efectivos caídos el pasado 3 de enero, al repeler la injerencia militar estadounidense que culminó con el secuestro del presidente venezolano, Nicolás Maduro y la diputada Cilia Flores.
El acto, transmitido a través de los canales estatales de Cuba, daba cuenta de un ambiente denso, cargado de una emoción que oscillaba entre el duelo colectivo y la firmeza. Banderas cubanas y venezolanas se entrelazaban sobre el pecho de la gente, mientras consignas contra el imperialismo yanqui y en defensa de la soberanía latinoamericana coreadas al unísono rompían, una y otra vez, el silencio respetuoso por los héroes.
«No le tenemos miedo»: el mensaje de Díaz-Canel
En el centro de la tribuna, el presidente Miguel Díaz-Canel tomó la palabra. Su discurso fue un duro alegato político y un homenaje a los caídos. Evocando las figuras del Che Guevara y Fidel Castro, el mandatario ratificó un principio medular: “Al imperialismo ni un tantico así”. Con voz firme, dirigió su mensaje directamente a la potencia del norte: “No le tenemos miedo a los imperialistas y no nos gusta, como dijo Fidel, que nos amenacen”.
Díaz-Canel describió el enfrentamiento del 3 de enero como un acto de heroísmo desigual. Según sus palabras, los 32 combatientes, liderados por el coronel Humberto Alfonso Roca Sánchez, “cayeron defendiendo a la pareja presidencial al precio de sus propias vidas”. Frente a un asalto con formidables medios tecnológicos –helicópteros, aviones, enjambres de drones–, los combatientes, dijo Díaz-Canel, «combatieron como leones”. “No eran súper hombres, sino guerreros de honor”, aseguró.
Más allá del homenaje, el presidente cubano aprovechó la plataforma para reafirmar la doctrina de defensa nacional. Frente a las crecientes tensiones y las recientes amenazas de Donald Trump de invadir la isla, Díaz-Canel ratificó el concepto de “la guerra de todo el pueblo”.
“Si llegáramos a ser invadidos, pelearemos hasta las últimas consecuencias, sin hacer ninguna concesión”, sentenció ante los miles de asistentes, quienes respondieron con una ovación estruendosa.
Una marcha que es un grito: el pueblo combatiente

Tras el acto central, el duelo se transformó en demostración de fuerza. La multitud, aún con el eco de las palabras del presidente, inició la tradicional Marcha del Pueblo Combatiente. Esta movilización, más que una procesión, fue un acto de reafirmación política. Los manifestantes convirtieron las calles aledañas en un río de banderas y consignas, patentizando el rechazo al bloqueo económico estadounidense y al intervencionismo, y reivindicando la fidelidad al internacionalismo y la solidaridad con Venezuela.
La jornada de honores no concluyó en La Habana. A partir de las 9:00 de la mañana del día siguiente, ceremonias similares se realizaron en todas las provincias de donde eran oriundos los 32 caídos. El acto final de este histórico capítulo tuvo lugar a las 16:00 horas, cuando los restos de los efectivos fueron inhumados con todos los honores de Estado en los Panteones de los Caídos por la Defensa, en sus respectivas localidades, pasando a formar parte oficialmente del panteón heroico de la Revolución Cubana.
Este masivo recibimiento, que combinó el dolor por la pérdida con una potente retórica antiimperialista, deja claro que Cuba continúa dispuesta a pagar un alto precio por sus principios de solidaridad internacional y defensa de la soberanía. Los 32 nombres, ahora inscritos en la memoria colectiva, se elevan como símbolo de una alianza estratégica entre Cuba y Venezuela que se fortalece, paradójicamente, en el momento de su mayor sacrificio.
Tomado de https://piedepagina.mx/


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