Corazón roto

Hace unos días falleció Vicente Quirarte, poeta, ensayista, narrador, dramaturgo, académico y crítico literario y ante todo un gran amigo, noble y generoso que nos deja con el corazón roto.

Justo hace dos años, en agosto de 2024, tuve el privilegio de ser parte del homenaje que le organizó su alma mater, la UNAM, donde transcurrió gran parte de su vida; fue estudiante, maestro, ahí se doctoró, fue funcionario, miembro de la Junta de Gobierno, entre otras El motivo era festejar sus 70 años; duró varios días y participaron decenas de académicos, intelectuales, amigos y autoridades, incluido el rector Leonardo Lomelí. Ahí se hizo patente el gran cariño, admiración y respeto que sembró Quirarte a lo largo de su vida.

He tratado infructuosamente de recordar el momento en que lo conocí, dato que él tampoco tenía claro. La fecha más precisa a la que llegamos fue a su ingreso en el año 2000 a la tertulia que se organizaba en la casa de don José Rogelio Álvarez, en la calle del Convento, en Churubusco.

Por iniciativa de Eduardo Matos a la que me sume gustosa, se lo propusimos al insigne autor de la Enciclopedia de México, culto, fino y generoso quien acogió la idea con entusiasmo. Así, a partir de 1998 comenzamos a reunirnos los primeros miércoles de cada mes, de las 19 a 23 horas, en su gran biblioteca de dos niveles, con una enorme chimenea, frente a la que se desplazaba una mesa redonda siempre con quesos y buen vino. Enriquecedor encuentro que continúa vigente.

Ahí se fue fraguando una estrecha amistad con Vicente con quien compartía el amor, interés y con frecuencia preocupación, por la antigua Ciudad de México, que hoy se nombra Centro Histórico.

Él nació y creció en sus viejas calles de dónde se fue a los 17 años, edad a la que llegué para estudiar la preparatoria en San Ildefonso y quedarme ahí a lo largo de 30 años, 13 de los cuales dirigí el Consejo de la Crónica de la Ciudad de México y comencé mi labor como cronista del corazón de la ciudad.

Ese amor compartido por el Centro Histórico, nos llevó a realizar varios recorridos, uno de ellos, memorable, cuando fuimos a ver los restos de la casona, en la esquina de Allende y Perú, dónde transcurrió su infancia. Concluimos el paseo con un tequila en la cantina La Esperanza, situada en la contra esquina de la casa, su primera visita, ya que cuando abandonó el barrio todavía no tenía edad para asistir a esos sitios de contento.

Otra experiencia gozosa fueron las caminatas que realizamos en el Centro Histórico en 2012, gracias a una propuesta de Eduardo Matos, siguiendo la ruta que tomaron 500 años atrás, los tres personajes de los Diálogos Latinos de Francisco Cervantes de Salazar, el primer cronista de la Ciudad de México. En la obra, dos habitantes de la flamante urbe la muestran a un fuereño. Los deleitosos paseos se plasmaron en el libro 1554 México 2012.

Cuando revisé las numerosas biografías, bibliografías, entrevistas y sesudos análisis de los trabajos de Vicente, para escribir el texto de mi participación en el homenaje, quedé impresionada de la vastedad y diversidad de su obra. Una de tantas frases que lo definían, dice: figura clave en el estudio de la literatura mexicana contemporánea, es poeta, ensayista, narrador, traductor, dramaturgo, académico y crítico literario. Sin embargo, en mi parecer está incompleta, ya que no mencionan: cronista. Quirarte era un gran cronista.

La crónica es en opinión de muchos el género más completo ya que permite la historia, el relato, la poesía, el ensayo, el testimonio y, lo que la define de manera particular: la emoción y percepción íntima del cronista. Una gran parte de los escritos de Vicente tienen estas características, particularmente los biográficos como sus libros La Invencible, en la que habla de la dramática muerte de su padre y Luz armada, con recuerdos de su madre. En ambas aparecen como telón de fondo los lugares y vivencias de su infancia, que son representativos de la vida y mentalidad de esa época en ese preciso lugar, que era y es, el corazón del país.

Otra obra que se puede considerar una magna crónica es la Biografía literaria de la Ciudad de México, 1850-1992. En un recorrido por siglo y medio en la vida de la urbe, los escritores nos dan su visión de la ciudad decimonónica: la romántica, la violenta, la oprimida, la revolucionaria, la feliz, la nostálgica, enriquecida con los comentarios de Vicente, que nos hacen ver más allá de las palabras.

Así podría seguir varias páginas comentando su vasta obra pero concluyo afirmando que Vicente Quirarte, el amigo generoso, el académico excepcional, hombre de muchos talentos, como ya se ha dicho era poeta, ensayista, narrador, dramaturgo y crítico literario, es también un gran cronista de la Ciudad de México, su ciudad….que es un país –decía– y a la que amaba profundamente. En sus palabras: “leer una ciudad, particularmente aquella en que nacemos, es un acto de amor y conocimiento”. Nos vas a hacer mucha falta, Vicente, queridísimo.


Nota original publicada en el portal de La Jornada el 16 de agosto de 2026: https://www.jornada.com.mx/2026/08/16/capital/026a1cap?partner=rss.

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