Bibliotecas que se niegan a desaparecer: libros, lectores y nuevas formas de mantenerlas vivas | Radio Sonora

En Sonora existen 142 bibliotecas entre municipales, estatales y regionales, espacios que durante décadas han sido puntos de encuentro con libros y conocimiento.

Hoy, frente al avance de la tecnología y los nuevos hábitos de consulta, estos lugares enfrentan una disminución en la afluencia, pero lejos de permanecer inmóviles, bibliotecarios, promotores de lectura y usuarios buscan nuevas maneras de mantenerlos vigentes.

La historia de esta transformación comienza desde quienes trabajan diariamente entre estantes y libros. Ana Cristina Hernández Lira, responsable de Fomento de Lectura de la Biblioteca Bartolomé Delgado de León, dentro de la Casa de la Cultura, ha sido testigo durante 19 años del cambio en la relación de los estudiantes con estos espacios.

“Me ha tocado ver ciertos cambios, de que antes aquí estaba pues con más afluencia de estudiantes y de personas en general, y poco a poco ha disminuido. Y no por falta de trabajo aquí, sino por los cambios tecnológicos, la practicidad del estudiante de tener una computadora, una PC o laptop, o ahora celulares con internet. Pues aquí busco la tarea en la casa, no me expongo a agarrar el camión a gusto, aquí hago el resumen o lo que me piden en la escuela”, dijo.

Consideró que acudir físicamente a una biblioteca sigue ofreciendo algo que la tecnología no puede sustituir: convivencia, concentración, descubrimiento y contacto con otras personas.

Por ello, el trabajo no se ha detenido. Desde la biblioteca se realizan actividades de extensión bibliotecaria en escuelas, hospitales y otros espacios, donde se narran cuentos, se llevan libros y se invita a niños y jóvenes a conocer las bibliotecas. También se organizan presentaciones de libros, conversatorios y círculos de lectura.

“Son espacios humanos, son espacios donde la gente coincide para conversar, para verse a los ojos, y los libros son herramientas que te permiten hablar de cualquier tema, o sea, son conversadores los libros, que te llenan de cultura general, y eso a la vez tú levantas los ojos del libro, y ves a una persona y le puedes sacar plática de lo que estás leyendo. Se pueden hacer muchísimas cosas en una biblioteca, siempre con la esencia humana”, afirmó.

La estrategia, explica Hernández Lira, consiste también en despertar la curiosidad. Una de sus técnicas con adolescentes es comenzar a contar una historia y detenerse antes del final para provocar que sean ellos quienes busquen el libro y descubran qué ocurre.

Pero las bibliotecas también sobreviven gracias a quienes continúan cruzando sus puertas.

María Valverde, usuaria de la Biblioteca Bartolomé Delgado de León ubicada en la Colonia Modelo, nos contó que llegó hace 4 años inicialmente atraída por una actividad de bordado y terminó encontrando mucho más. Con el tiempo se integró a un grupo que combina lectura y bordados tradicionales, donde, además de acercarse a los libros, se ha construido una comunidad entre personas de distintas edades y experiencias.

“Cuando vi que era en una biblioteca, pues me gustó, a mí siempre me ha gustado leer y me gusta el espacio de la biblioteca. Pero también yo siempre le he dicho a Memo que las bibliotecas están muy desperdiciadas, tienen mucho espacio y la gente no acude porque en gran medida el bibliotecario es el que tiene que jalar a la gente y en este caso Memo es muy buen bibliotecario. Esta actividad hizo que viniéramos muchas y no solamente bordamos, también leemos y si nos interesa un libro, pues nos lo llevamos también.

Para ella, el espacio tiene un valor que difícilmente puede ofrecer una pantalla. El contacto físico con los libros, pasar sus páginas y compartir con otras personas forman parte de una experiencia que la tecnología no reemplaza.

El siguiente paso en esta historia lo representa Guillermo Valenzuela Mendoza, encargado de la Biblioteca Pública Municipal Rafael Meneses, quien tiene 24 años de experiencia como bibliotecario y ha trabajado en tres bibliotecas municipales.

Desde su perspectiva, estos espacios no desaparecen, sino que se adaptan a las necesidades de sus comunidades. Las bibliotecas municipales incorporan internet y computadoras, pero también desarrollan actividades como clubes de lectura, bordado tradicional, ajedrez, yoga, cine club, café literario y ludotecas para las infancias.

“Empezó a dar ese cambio cuando yo empecé a trabajar, esa idea de que las bibliotecas fueran centros de reunión y de convivencia más que centros de investigación. Sí se sigue dando el hecho de que muchas personas vienen a investigar y vienen a trabajar aquí en la biblioteca, pero ahora ya la tendencia es de que sean centros de reunión y de convivencia de la comunidad”, mencionó.

Agregó que en la biblioteca Rafael Meneses se mantienen espacios dedicados a actividades culturales. En lo que respecta a la afluencia, comentó que cambia según la hora y la temporada: niños y jóvenes acuden principalmente por las tardes para realizar tareas, consultar libros o participar en actividades, mientras que por las mañanas predominan adultos y adultos mayores.

Por otra parte, en esta lucha cotidiana también están los lectores que consideran a las bibliotecas parte de su propia historia. Carlos Rascón Duarte, usuario de la Biblioteca Pública Central, maestro de ajedrez y lector, recuerda que su acercamiento a estos espacios comenzó a los 17 años, cuando descubrió una colección de libros de ajedrez.

Años después estudió Literatura y su relación con las bibliotecas se amplió hacia la narrativa, la filosofía y otras áreas del conocimiento. Hoy considera que llevar a los niños a estos espacios puede ayudarlos a descubrir que existen otros intereses más allá de las pantallas.

“Porque estamos hechos a la antigüita, nos gusta disfrutar el texto o leer las páginas, más que leer el texto en el iPad, iPhone, no sé cómo se llama, creo, o en el celular. Nos gusta disfrutar el olor del texto, tocarlo, ojearlo, devolvernos con más calma”, afirmó.

Asimismo, mencionó que su propia familia es ejemplo de ello, ya que sus hijos han crecido rodeados de libros y han desarrollado el hábito de la lectura.

Finalmente, cabe mencionar que en esos espacios la supervivencia no ocurre de un día para otro. Se construye cada mañana cuando un bibliotecario abre la puerta, cuando alguien organiza un taller, cuando un niño descubre un cuento o cuando un lector decide regresar. Porque mientras haya personas dispuestas a entrar, leer, conversar y participar, las bibliotecas seguirán teniendo una historia que contar.


Nota original publicada en el portal de radiosonora.com.mx el 1 de octubre de 2026: https://www.radiosonora.com.mx/bibliotecas-que-se-niegan-a-desaparecer-libros-lectores-y-nuevas-formas-de-mantenerlas-vivas/?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=bibliotecas-que-se-niegan-a-desaparecer-libros-lectores-y-nuevas-formas-de-mantenerlas-vivas.

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