Atentados del 11 de septiembre: cómo fueron los 149 minutos de caos y terror que cambiaron el mundo

Ana Pais y Cecilia Tombesi | BBC News Mundo

11 de septiembre de 2026

Internacional

En una mañana de fines de verano boreal el mundo cambió. Era 11 de septiembre de 2001 cuando cuatro aviones fueron secuestrados por miembros de al Qaeda para atentar contra edificios emblemáticos del poderío de Estados Unidos.

Con 2.996 muertes, el 11-S fue y es el mayor ataque en suelo estadounidense de la historia.

Sus consecuencias aún se sienten en áreas que van desde la inteligencia y derechos humanos hasta la visión general del involucramiento de EE.UU. en guerras.

Pero también se pueden sentir a un nivel más personal, en generaciones enteras que recuerdan exactamente dónde estaban ese día en que su historia se fusionó con la Historia.

Esto es lo que pasó en aquellos 149 minutos de desconcierto, caos y terror.

El vuelo 11 de American Airlines (AA11) despega desde el Aeropuerto Internacional Logan de Boston rumbo a Los Ángeles con la capacidad máxima de tripulación, es decir, el piloto y copiloto más nueve aeromozos.

Entre los 81 pasajeros viajan cinco atacantes, uno de los cuales es el líder táctico de los atentados, el egipcio Mohamed Atta.

La idea se había gestado 5 años antes, cuando al Qaeda desde su sede en Afganistán estaba en búsqueda de ideas para atacar a EE.UU.

El paquistaní Khalid Sheikh Mohammed planteó formar pilotos para secuestrar aviones y usarlos como armas, estrellándolos contra edificios de importancia real y simbólica.

Khalid Sheikh Mohammed (izquierda) le dio a Osama Bin Laden (derecha) la idea de estrellar aviones comerciales contra edificios.

La aprobación del plan llegó del mismísimo líder de al Qaeda, un multimillonario saudita que recién empezaba a aparecer en el radar de las agencias de inteligencia estadounidenses, pero que luego se convertiría en el hombre más buscado del mundo: Osama Bin Laden.

En otra terminal del mismo aeropuerto de Boston el vuelo 175 de United Airlines (UA175) despega también rumbo a Los Ángeles, con nueve tripulantes y 56 pasajeros. Cinco de ellos son secuestradores.

Al mismo tiempo, en el vuelo AA11 los secuestradores consiguen entrar en la cabina de vuelo y tomar el control del primer avión.

Atentados del 11 de septiembre: cómo fueron los 149 minutos de caos y terror que cambiaron el mundo - Ilustración 1

El golpe comienza con dos auxiliares de vuelo apuñalados probablemente por los atacantes que viajan en primera clase. A continuación, Atta, el único de los cinco entrenado para pilotar un avión, avanza desde ejecutiva escoltado por otro secuestrador, mientras el quinto apuñala a un pasajero.

La víctima es Daniel Lewin, quien había servido 4 años en el ejército israelí y estaba sentado justo detrás de Atta. Se cree que muere al intentar frenar el secuestro sin saber que detrás suyo tiene a otro atacante.

Tal como sucederá en los otros vuelos, el resto de la tripulación y los pasajeros son obligados a desplazarse al final del avión. En este caso, usan un gas irritante y amenazan con una bomba que, se cree, nunca existió.

Desde ahí la auxiliar de vuelo Betty Ong hace una llamada al centro de reservas de American Airlines alertando sobre el posible secuestro del AA11.

El vuelo 77 de American Airlines (AA77) despega del Aeropuerto Internacional de Washington-Dulles, en Washington DC, con seis tripulantes y 58 pasajeros, incluyendo a cinco atacantes. El destino también es Los Ángeles.

Esto no es casualidad: los cuatro vuelos secuestrados tienen previsto viajar de costa a costa y, por ende, van con los tanques cargados con hasta 43.000 litros de combustible.

En manos de los secuestradores los aviones se convertirán en misiles pilotados.

Atta intenta comunicarse con los pasajeros, pero por error, da la noticia del secuestro al centro de control aéreo de Boston, revelando además que no tomaron uno sino varios aviones.

El controlador aéreo no entiende bien y mientras intenta averiguar qué está pasando llega un segundo mensaje de Atta que no deja lugar a dudas: el AA11 acaba de ser secuestrado.

A esta altura, los atacantes ya han apagado el transpondedor del avión, un dispositivo que ayuda al control aéreo a identificar a cada aeronave y saber su rumbo, velocidad y altitud. Ubicarlo, entonces, pasa a ser un problema.

La noticia de la toma del vuelo empieza a ascender en la cadena de mando de la Administración Federal de Aviación de EE.UU. (FAA), la agencia gubernamental encargada de regular la aviación civil.

Sin embargo, pasa más de media hora antes de que la FAA y las aerolíneas comprendan el verdadero significado de ese “tenemos algunos aviones” pronunciado por Atta.

Por eso, los vuelos en todo el país siguen cumpliendo con sus rutinas sin recibir advertencia alguna. Entre ellos está el cuarto y último avión secuestrado ese día.

El vuelo 93 de United Airlines (UA93) despega del Aeropuerto Internacional de Newark, en Nueva Jersey, rumbo a San Francisco. Debe salir a las 8:00 am, pero se atrasa por la cantidad de tráfico aéreo.

Este cambio aparentemente trivial termina siendo determinante en el fracaso de los atacantes.

Pero otro detalle pudo haber sido clave también. El vuelo parte con siete miembros de la tripulación y 37 pasajeros, entre los cuales hay cuatro secuestradores, no cinco como en los otros tres aviones.


Nota original publicada en el portal de bbc.com el 11 de septiembre de 2026: https://www.bbc.com/mundo/resources/idt-ed9fe44b-4603-411e-8c37-e8a4a232ab89?at_medium=RSS&at_campaign=rss.

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