Aforismos

Aforismos

“No es necesario que salgas de casa. Quédate junto a tu mesa y escucha. Ni siquiera escuches, espera. Pero ni siquiera esperes, quédate completamente quieto y solo. Se te ofrecerá el mundo para el desenmascaramiento, no puede hacer otra cosa, extasiado...Tomado de https://morfemacero.com/

Colaboraciones sin permiso

Franz Kafka

 1. El verdadero camino va por una cuerda que no ha sido tendida en lo alto, sino apenas sobre el suelo. Parece destinada más a hacer tropezar que a que se camine por ella.

2. Todos los errores humanos son impaciencia, una prematura interrupción de lo metódico, un aparente implantar de la cosa aparente.

3. Hay dos pecados capitales humanos de los que se derivan todos los otros: impaciencia y desidia. A causa de la impaciencia han sido expulsados del paraíso, a causa de la desidia no vuelven a él. Pero quizás haya sólo un pecado capital: la impaciencia. A causa de la impaciencia han sido expulsados, a causa de la impaciencia no vuelven.

4. Muchas sombras de los muertos se dedican únicamente a lamer las olas del Leteo, porque proviene de nosotros y tiene todavía el sabor salado de nuestros mares. De asco se resiste entonces el río, su corriente se vuelve hacia atrás y lleva flotando a los muertos de vuelta a la vida. Pero ellos están felices, cantan canciones de gratitud y acarician al indignado.

5. A partir de determinado punto ya no hay regreso. Es preciso alcanzar este punto.

13. Una primera señal de que empieza el conocimiento es el deseo de morir. Esta vida parece insoportable; otra, inalcanzable. El hombre ya no se avergüenza de querer morir; pide ser trasladado de la antigua celda, la que odia, a otra nueva que después aprenderá a odiar. Tiene cierta influencia un resto de fe respecto a que, durante el traslado, se presentará casualmente el Señor para ver al prisionero y decir: “No volváis a encerrar a éste. Viene conmigo”.

14. Si caminaras por una llanura y tuvieras la buena voluntad de andar y, sin embargo, retrocedieras, sería una situación desesperada; pero como escalas una pendiente abrupta, tan abrupta acaso como tú mismo eres visto desde abajo, es posible que también los retrocesos sean causados tan sólo por la condición del suelo, y no tienes que desesperar.

15. Como un camino en otoño: no bien se lo ha limpiado, se vuelve a cubrir de hojas secas.

16. Una jaula fue a buscar a un pájaro.

17. Nunca estuve en este lugar: otro ritmo tiene la respiración, y junto al sol, más resplandeciente que él, brilla una estrella.

19. Irrumpen leopardos en los templos y se beben el contenido de los cántaros del sacrificio; esto se repite una y otra vez; finalmente se le puede prever y se transforma en parte de la ceremonia.

22. Tú mismo eres la tarea. No hay ningún discípulo ni a lo largo ni a lo ancho.

23. Del verdadero adversario pasa a ti un ilimitado valor.

26. Hay innumerables escondites, pero sólo una salvación; mas, a su vez, hay tantas posibilidades de salvación como escondites.

* Hay una meta, pero no hay camino; lo que llamamos camino es vacilación.

* El animal le quita al amo el azote y se azota a sí mismo para llegar a ser amo, y no sabe que eso es sólo una fantasía producida por un nuevo nudo que hay en la correa con que azota el amo.

30. Lo bueno es en cierto sentido desesperante.

31. Me esfuerzo por lograr el dominio de mí mismo. Dominio de mí mismo quiere decir: querer actuar en un lugar cualquiera de las infinitas irradiaciones de mi existencia espiritual. Pero si tengo que trazar a mi alrededor tales círculos, entonces es preferible que lo haga pasivamente, con la mera contemplación del enorme complejo, y que solamente me lleve a casa el tónico que da e contrario esta vista.

32. Las cornejas afirman que una sola corneja puede destruir el cielo. No hay dudas al respecto; pero esto no prueba nada contra el cielo, pues cielo significa, precisamente, imposibilidad de cornejas.

35. No hay un haber, sólo un ser, un ser que anhela el último aliento, que anhela asfixiarse.

36. Antes yo no comprendía por qué no recibía ninguna respuesta a mis preguntas; hoy no comprendo cómo podía creer que podía preguntar. Pero yo no creía en absoluto, solamente preguntaba.

37. Ante la afirmación de que quizá poseía pero no era, su respuesta fue solamente temblor y palpitaciones.

39b. El camino es infinito, no hay nada que quitar, nada que añadir y, sin embargo cada uno agrega todavía su propia vara infantil. “Ciertamente, tienes que recorrer también esta vara de camino, nada se te va a olvidar.

44. Te has enjaezado ridículamente para este mundo.

47. Se les dio a elegir entre llegar a ser reyes o correos de los reyes. A la manera de los niños, todos quisieron ser correos. Por eso no hay nada más que correos, recorren a la carrera el mundo y, como no hay reyes, se gritan mutuamente los partes, que han perdido sentido. Les gustaría poner fin a su miserable vida, pero no se atreven a hacerlo a causa del juramento que han prestado para su cargo.

50. El hombre no puede vivir sin una confianza duradera en que hay algo indestructible en él; tanto lo indestructible como también la confianza en ello pueden permanecer constantemente ocultos. Una de las posibilidades de que se exprese este permanecer oculto es la fe en un Dios personal.

52. En la lucha entre ti y el mundo ponte de parte del mundo.

54. No hay nada más que un mundo espiritual; lo que llamamos mundo sensorial es el mal en el mundo espiritual; y lo que llamamos mal es sólo una necesidad de un momento de nuestro eterno desarrollo.

* Con la más intensa luz se puede disolver el mundo. Éste se mantiene firme ante los ojos débiles, se avergüenza ante los que son todavía más débiles, y aniquila al que se atreve a contemplarlo.

55. Todo es engaño: buscar el mínimo de ilusiones, permanecer en lo usual, buscar el máximo. En el primer caso se engaña al bien cuando se quiere tomar muy a la rápida su adquisición, al mal porque se le ponen condiciones de lucha muy desfavorables. En el segundo caso se engaña al bien al no buscarlo ni siquiera en lo terrenal. En el tercer caso se engaña al bien al alejarse lo más posible de él, al mal porque se espera hacerlo impotente al darle el máximo de intensidad. Preferible sería entonces el segundo caso, pues al bien se lo engaña siempre y al mal en este caso no, por lo menos según la apariencia.

62. El hecho de que no hay nada más que un mundo espiritual nos quita la esperanza y nos da la certeza.

64/65. La expulsión del paraíso es, en lo fundamental, eterna: pues la expulsión del paraíso es por cierto definitiva, la vida en el mundo es inevitable; pero la eternidad del acontecimiento (o expresándolo temporalmente, la eterna repetición del acontecimiento) hace sin embargo posible que no sólo podamos permanecer constantemente en el paraíso, sino que de hecho estemos allí permanentemente, sin que importe que aquí lo sepamos o no.

68. ¡Qué cosa hay más alegre que la fe en un dios doméstico!

69. Teóricamente hay una perfecta posibilidad de felicidad: creer en lo indestructible que hay en uno y no empeñarse por conseguirlo.

70/71. Lo indestructible es una cosa; todo hombre individualmente es ello, y ello es común simultáneamente a todos, de ahí que haya que concluir que en el mismo hombre hay diversos sujetos.

77. El trato con los hombres seduce a observarse a sí mismo.

82. ¿Por qué nos quejamos del pecado original? No hemos sido expulsados del paraíso por culpa de él, sino a causa del árbol de la vida, para que no comamos de él.

83. No sólo somos pecadores porque hemos comido del árbol del conocimiento, sino también porque no hemos comido del árbol de la vida. De pecado es el estado en que nos encontramos, aparte de la culpa.

84. Fuimos creados para vivir en el paraíso; el paraíso estaba destinado a servirnos. Nuestro destino ha sido modificado; que esto haya ocurrido también con el destino del paraíso, no se dice.

85. El mal es una irradiación de la conciencia humana en ciertas situaciones transitorias. No es propiamente el mundo sensorial apariencia, sino lo malo que hay en él, que es lo que forma sin duda a nuestros ojos el mundo sensorial.

86. Desde el pecado original somos esencialmente iguales en la capacidad de conocer el bien y el mal; sin embargo, buscamos justamente en esto nuestras ventajas especiales. Pero sólo más allá de dicho conocimiento comienzan las verdaderas diferencias. La apariencia opuesta es suscitada por lo siguiente: nadie se puede conformar con el conocimiento sólo, sino que tiene que esforzarse por actuar de acuerdo con él. Pero a tal fin no le ha sido dada la fuerza suficiente, de ahí que tenga que destruirse a sí mismo, aun corriendo peligro de no recibir por ello la fuerza necesaria; mas no le queda otra cosa que este último intento. (Éste es también el sentido de la amenaza de muerte hecha al prohibir que se coma del árbol del conocimiento; quizá tal es también el sentido originario de la muerte natural.) Ahora bien, el hombre tiene miedo de intentar esto; prefiere anular el conocimiento del bien y del mal (la denominación ‘pecado original’ se remonta a este miedo); pero no es posible anular lo ocurrido, sino sólo hacerlo borroso. Con este fin surgen las motivaciones. Todo el mundo está lleno de ellas, todo el mundo visible no es quizá otra cosa que una motivación del hombre que durante un instante quiere descansar. Un intento de falsificar el hecho del conocimiento, de transformar el conocimiento tan sólo en una meta.

89. Un hombre tiene voluntad libre de tres maneras. En primer lugar, fue libre cuando quiso esta vida; ahora ya no la puede anular, pues ya no es más el mismo que entonces quería aquello, a menos que lo fuera sólo en la medida en que realiza su voluntad de entonces, en la medida en que vive.

          En segundo lugar, es libre en la medida en que puede elegir la marcha y el camino de esta vida.

          Es libre en tercer lugar en la medida en que, como aquel que volverá a ser alguna vez, tiene la voluntad de marchar por la vida en cualquier condición y de encontrarse de esta manera consigo mismo, y por un camino que es ciertamente elegible, pero hasta tal punto laberíntico que no deja sin tocar ni el menor sitio de esta vida.

          Tales son las tres maneras de la voluntad libre; pero como son simultáneas hay también una sola manera, y es en lo fundamental tanto una sola que no hay lugar para ninguna voluntad, ni para la libre ni para la sierva.

90. Dos posibilidades: hacerse infinitamente pequeño o serlo. Lo segundo es perfección, por tanto inactividad; lo primero, comienzo, por lo tanto acción.

93. ¡Psicología por última vez!

103. Puedes mantenerte alejado de los sufrimientos del mundo, ello queda a tu criterio y está de acuerdo con tu naturaleza; pero precisamente es este mantenerse alejado el único sufrimiento que podrías evitar.

106. La humildad les da a todos, hasta al que desespera en la soledad, la más firme relación con los congéneres, y por cierto en seguida, cuando se trata de una humildad total y duradera. Sólo se puede conseguir ésta porque es el verdadero lenguaje de la plegaria: simultáneamente adoración y la más firme unión. La relación con los otros hombres es la relación de la plegaria, la relación consigo mismo es la relación del esfuerzo por superarse; de la plegaria se toma fuerza para este esfuerzo.

* ¿Acaso puedes conocer otra cosa que engaño? Una vez que se aniquila el engaño ya no te está permitido ver, o te transformas en una estatua de sal.

108. “Entonces volvió a su trabajo como si nada hubiera ocurrido”. Ésta es una observación corriente para nosotros debido a una confusa cantidad de antiguas narraciones, aunque quizá en ninguna aparece.

109. “No se puede decir que nos falte fe. El simple hecho de nuestra vida, en su valor de fe, no puede ser agotado”. “¿Habría aquí un valor de fe? ¡Pero si no es posible no vivir!” “Justamente, en este ‘no es posible’ se encuentra la insensata fuerza de la fe; en esta negación adquiere forma”.

* No es necesario que salgas de casa. Quédate junto a tu mesa y escucha. Ni siquiera escuches, espera. Pero ni siquiera esperes, quédate completamente quieto y solo. Se te ofrecerá el mundo para el desenmascaramiento, no puede hacer otra cosa, extasiado se retorcerá ante ti.

Traducción de Oscar Caeiro

Franz Kafka Aforismos Sabiduría súbita

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