septiembre 3, 2021

Y ‘Dune’, por fin, se hizo carne y habitó entre los clásicos

Denis Villeneuve rompe el maleficio sobre las adaptaciones del tótem de ciencia-ficción de Frank Herbert y compone un soberbio e hipnótico retrato del Apocalipsis nuestro de cada día. Amén Leer#ExpresionSonoraNoticias Tomado de http://estaticos.elmundo.es/elmundo/rss/cultura...

Festival de Venecia

Actualizado Viernes,
3
septiembre
2021

19:37

Denis Villeneuve rompe el maleficio sobre las adaptaciones del tótem de ciencia-ficción de Frank Herbert y compone un soberbio e hipnótico retrato del Apocalipsis nuestro de cada día. Amén

El elenco y el director de 'Dune'.
El elenco y el director de ‘Dune’.Yara NardiREUTERS

Hay un ley no escrita en el cine que dice que si estás dudando entre suicidarte o irte de borrachera, intenta hacer una película con un gusano gigante arrastrándose por la arena. Todos los que lo han intentado han sido incapaces de solucionar el dilema. Se han arruinado, eso sí, pero están vivos y sobrios. Y así hasta llegar al tercer y definitivo intento. Denis Villeneuve presentó el viernes en Venecia su esperadísima y siempre retrasada por la pandemia versión del clásico de Frank Herbert donde los protagonistas siempre ocultos son los descomunales Shai-Huluds. Es decir, los gusanos productores de la especia que mueve el universo y que se arrastran por la arena. Ahora está borracho. Y feliz. Y vivo, claro.

La nueva ‘Dune’ hace realidad lo que antes intentaron Alejandro Jodorowski y David Lynch. El primero –que prometía un reparto con Mick Jagger, Orson Welles y David Carradine, además de la colaboración del dibujante Moebius, el escultor H.R. Giger y Pink Floyd– lo dejó en el más bello intento de la historia del cine. Su no-película es ahora mito. El segundo, directamente, no entendió nada. O, al revés, lo comprendió todo de forma tan precisa que decidió trasladar el apocalipsis que propone la novela a sí mismo. La película que se estrenó en 1989 fue, y aún es, el más brillante auto-boicot que ha vivido el mundo de las artes. Borrachera y suicidio artístico todo a la vez.

Villeneuve, como ya hiciera en su relectura de ‘Blade runner’, entiende que no se trata de contar una historia (aunque también) como de recrear un universo con aspecto de trampantojo tan fiel a la meticulosa irrealidad ideada por Herbert que se diría completamente real. No en balde, todos los lectores de ‘Dune‘ saben que hay que empezar por los apéndices, allí donde el autor detalla desde la biología que ampara a su planeta Arrakis a cada uno de los vericuetos de la religión mesiánica que anima a sus habitantes. Es decir, lo que importa es la capacidad sea de la literatura como del cine de convertir la palabra no tanto en metáfora como en simple y dura realidad. En definitiva, es real lo que percibimos como real.

Y a eso se aplica la que es la primera entrega firmada por el director canadiense de, probablemente, las muchas que vendrán. La historia del mesías Paul Atreidis (también conocido como Muad’Dib o Usul) interpretado por Timothée Chalamet en el planeta desértico adquiere sobre la pantalla la textura de lo irrenunciable. Por fantásticamente lejano y, sin embargo, tan cercano. Villeneuve sabe de la actualidad de un texto que habla de un tiempo, el nuestro, al borde mismo de todos los precipicios: el ecológico, el político, el económico y el identitario. No es que no seamos capaces de intuir un futuro con sentido, es que sencillamente empezamos a dudar de nuestro pasado. No es que hayamos perdido la confianza en nosotros mismos para construir un mundo mejor es que ya desconfiamos de todo aquello que queremos y nos hace ser lo que somos. Hemos llegado a un punto de agotamiento en el que el exceso de memoria nos impide recordar nada.

De todo ello hablaba ‘Dune‘ cuando se publicó en 1965 y de todo ello no puede por menos que reflexionar la película que nos ocupa. El director se plantea la historia de la lucha por el poder entre la Casa Atreides y los Harkonen, con los habitantes del arenal que atienden al nombre de Fremen como catalizadores de todo, como un mito contemporáneo narrado en trance. Todas las soluciones tanto narrativas como, digamos, técnicas (atentos a la brillante solución para los escudos) son las correctas.

El enrevesado argumento lanzado ‘in media res‘ (la historia empieza por el final del dominio Harkonen sobre el planeta) con su innumerable procesión de personajes obedece a la lógica de una historia que, en verdad, quiere ser cosmogonía. Y la puesta es escena, soportada por el ya ritual sonido en eco firmado por Hans Zimmer, se maneja con la misma claridad en la acción y en el sueño. No queda otra que rendirse a una maquinaria de entretenimiento madura y perfectamente consciente de sí que coloca eso que llamamos ‘blockbuster‘ en otro nivel.

En la presentación a los medios, Villeneuve y Javier Bardem, que da vida al fremen Stilgar, hablaron sobre la actualidad del mensaje de Herbert. A su lado, estaba buena parte de un reparto en el que figuran Zendaya, Oscar Isaac, Rebecca Ferguson y Josh Brolin. “La destrucción medioambiental está sucediendo mientras hablamos, lo cual es un poco aterrador. Depende de los gobiernos y las grandes corporaciones encontrar la solución para dar un gran paso adelante y que cambiemos de opinión sobre cómo nos comportamos en este mundo”, dijo el español. Por su parte, el director no pudo por menos que añadir la suya: “‘Dune’ es hoy relevante por advertir sobre el peligro de mezclar religión y política, sobre la amenaza de las figuras mesiánicas, sobre el impacto del colonialismo… Definitivamente, cada día es más actual. Creo que es hora de presionar y hacer cambios”.

Cabría añadir que la descripción del papel de las grandes corporaciones tecnológicas (la Cofradía) o el análisis puntual de las consecuencias de los oligopolios en el control de los recursos básicos completan el arco de preocupaciones. Pero con todo, y pese a la capacidad de la ciencia-ficción para plantear experimentos mentales (que dice Ursula K. Le Guin), lo que importa cae del lado de la capacidad de este nuevo ‘Dune‘ de reescribir el cine popular tal vez después de la pandemia. Quién sabe si tras ‘La Guerra de las Galaxias’ o ‘El señor de los anillos’ es el turno para una nueva saga que refute de una vez la obsesión superheroica.

“Dios hizo a Arrakis para probar a los creyentes”, se lee en el frontispicio de ‘Dune‘. Así sea. De momento, una ley del cine ha sido refutada. Nunca antes un gusano gigante sobre la arena lució más hermoso. Y ‘Dune‘, por fin, se hizo carne y habitó entre los clásicos.

Una escena de Dune.
Una escena de Dune.

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