noviembre 3, 2022

#Video Paseo 5 de Febrero: Silvia, Laura y Nesly contribuyen a construir una nueva realidad para Querétaro

HISTORIAS: BRAULIO CABRERA/LALUPA.MX

FOTOS Y VIDEO: RICARDO ARELLANO/LALUPA.MX

Entre los sonidos de trascabos, taladros, silbatos, sierras y rocas golpeando unas con otras, en los trabajos de Paseo 5 de Febrero sobresale la labor de Silvia, Nesly y Laura, tres mujeres que con su quehacer cotidiano ponen su grano de arena en favor de la igualdad de género y el empoderamiento femenino, pero también en pro de la nueva realidad que traerá para el estado esta obra de reingeniería vial sin precedentes en México.

“Tengo 22 años trabajando para obras públicas de gobierno del estado. Pero esta obra es algo muy especial, ¡una chulada! , porque lleva de todo: no sólo las vialidades y los puentes, también, la infraestructura pluvial, los drenajes y los cárcamos”, subraya Silvia Regalado, ingeniera civil de profesión y jefa de supervisiones de la 1° etapa de Paseo 5 de Febrero.

Desde su amplia experiencia, estas obras hacían mucha falta pues aunque algunas partes son bastante invisibles, como el drenaje o los cárcamos, que acaban cubiertos, no sólo son estructuras fantásticas, sino que son proyectos primordiales,que van a solucionar muchos problemas que tiene la ciudad.

“Como jefa de supervisiones coordino los distintos frentes de la obra pluvial, el drenaje de lluvia, sanitario y los cárcamos. Mi trabajo consiste en estar al pendiente de todos los supervisores, ver el avance de las tareas, atender los problemas que se presentan y darles solución. No soy una capataz, somos compañeros, así debe ser el trabajo: en conjunto y apoyándonos entre todos”, agrega.

Tratándose de un proyecto tan grande e importante, tan sólo en el cárcamo que se construye en la salida de Carrillo Puerto, trabajan  —a todas horas del día, sin importar el clima 118 hombres y dos mujeres: Nesly Ortega y su mamá, Laura Garfias, las únicas mujeres en ese equipo.

Laura Garfias, integrante del área de limpieza y orden, explica: “Cuando le cuento a la gente que trabajo aquí se sorprenden, hay quienes hasta nos llaman locas, porque normalmente no se ven mujeres en las obras… a veces hay ingenieras, arquitectas, pero rara vez ayudantes como nosotras, de las que se involucran, que terminamos todas polveadas, que hacemos el trabajo duro”.

“Mi trabajo, aunque se escucha fácil, es bien pesado admite, soltando una risa consiste en evitar accidentes y cuidar a los compañeros, recogiendo el cascajo que sale, transportando los andamios, la madera, para que todo esté limpio y ordenado. Hasta hoy, no hemos tenido un solo accidente aquí”, agrega.

“Los días anteriores que llovió, por ejemplo, la primera bajada al cárcamo que es de pura tierra se convirtió en lodo y quedó muy resbaloso y peligroso. Esos días, mi trabajo fue labrar el camino con el pico para evitar que alguien se fuera a caer, debieron ver, acabé con lodo por todos lados”, cuenta divertida.

Por su parte, además de estudiar la preparatoria en la UAQ, Nesly Ortega trabaja como banderera y asistente de la ingeniera: “también me toca recoger escombro o basura, apoyar a los compañeros si vemos que están haciendo algo riesgoso, hacer rondines por el cárcamo para asegurarme de que no se ofrezca nada, así como ayudar en la oficina. Eso sí, respetan los días que me toca escuela, me dan mi salida temprano para que pueda llegar a mis clases”.

“Siendo sincera, este es un ambiente muy bueno, sin importar que la mayoría son hombres. Nunca me he sentido acosada aquí, ni me han tratado mal. Claro, hay quienes siguen pensando que las mujeres deberíamos quedarnos en casa, pero a ellos les demuestro, trabajando aquí, que somos bien organizadas y trabajadoras, que las mujeres todo lo podemos hacer”.

Laura coincide con Nesly en que el ambiente de trabajo es bastante amigable, y dice que el desacuerdo de algunos con ver mujeres trabajando en la construcción, convierte esto en un reto diario. Ambas subrayan que son mayoría los compañeros que las apoyan.

En este sentido, Laura agrega que con frecuencia la mayoría de los compañeros “nos echan la mano, nos enseñan mejores formas de hacer las cosas… Incluso, a mí me ilusiona mucho ser maquinista y en este proyecto he podido aprender un poco de los compañeros que se encargan de las máquinas, no falta el que piensa que no es un trabajo para mí pero, otros sí me apoyan y me han ido enseñando”.

Nesly, en tanto, cuenta con orgullo en la voz que su familia y amigos la felicitan por trabajar en la construcción del cárcamo: “dicen que trabajar aquí es un gran paso y me preguntan de lo que está pasando en la obra y les explico lo importante que son los cárcamos, porque aquí se van a colectar hasta 2 mil pipas de agua de lluvia que luego se va a rebombear al río para evitar inundaciones”.

“Después de habernos llamado locas por trabajar aquí, con el tiempo, mis familiares y amigos se emocionan y nos felicitan por ser parte de esto. Mis hermanos, por ejemplo, me dan muchos ánimos, me echan porras. Yo me siento especial por formar parte, me siento como una pionera, me siento con mucho valor porque otras mujeres me ven a mi hija y a mí trabajando en esta obra, ven que podemos ocupar estos espacios y trabajar a gusto en la construcción”, añade Laura.

Por su parte, Silvia explica que estos proyectos son buenas oportunidades para hacer carrera y aprender cosas que, de otro modo, sería muy difícil: “comencé a trabajar en obras antes de salir de la carrera y empecé desde ser practicante, supervisora y así he ido haciendo trayectoria. Por eso me da tanto gusto que vengan estudiantes a ver o a trabajar, porque, hay de todo, desde cómo hacer un drenaje hasta un puente”.

“La verdad, me siento muy afortunada de estar trabajando en esta obra. Es algo muy padre, muy bonito, ya no sé ni cómo decirles, pero me encanta ser parte de este proyecto. Mi hijo y mi esposo están muy orgullosos de mí, le encanta verme así de emocionada porque saben que amo lo que hago”, agrega.

Algo muy importante para ella, cuenta, es que este trabajo le permitió estar cerca de su hijo mientras crecía, a pesar de lo demandante que puede ser: “cuando mi hijo era más chico, me lo traía a la obra y lo dejaba jugando bien contento en un montón de tierra, mientras yo trabajaba. En ocasiones, incluso, los mismos compañeros se ponían a jugar con él, a tal grado de que ya los conocía a todos. Él se acostumbró a estar conmigo en las obras, aunque nunca le llamo la atención, por eso acabó siendo doctor”, cuenta Silvia.

“Mi hijo siempre me ve bien cansada y me pregunta cómo me fue, yo le digo que estoy contenta, no importa si llego cansada, muerta, porque llego con gusto. Quiero que sea un ejemplo para lo que él hace, porque también trabaja muchísimo, pero con gusto, jamás se anda quejando”.

Tanto Nesly y Laura como Silvia se encuentran emocionadas por estar participando en un proyecto con tanta importancia para la ciudad, que podrán mostrarle a sus amigos, hijos y nietos en los siguientes años y decir: “mira, yo ayudé a construir eso”.

Por ejemplo, Laura enfatiza: “Me gustaría pedirle a la gente, ahora que lo he visto de este lado, que sean pacientes y tolerantes. Ojalá entiendan que es un trabajo muy pesado, pero que va a ser de beneficio para todas y todos. Yo, por mi parte, me siento muy contenta de participar en una obra tan grande… ya quiero pasar por aquí con mis nietos, que vean el parque que pondrán arriba y decirles que eso lo construí junto con Nesly.”

“Para mí, este proyecto, así como las personas que formamos parte de él, es un gran cambio para las mujeres, para que se motiven viéndonos trabajar aquí, entre tantos hombres, que vean que todo es posible, que claro que podemos”, dice Nesly.

Silvia, a su vez, reconoce que “Laura y Nesly son muy trabajadoras, de verdad se ponen la camiseta. Si toca estar aquí desde la madrugada, aquí andan haciendo su trabajo. Igualmente, mi respeto para las compañeras arquitectas, ingenieras, que son las más dedicadas y responsables. Es un orgullo ver a todas estas mujeres involucradas”.

“Sin embargo, para mí, no se trata de si somos hombres o mujeres, sino de si podemos trabajar en equipo: he tenido compañeras notablemente trabajadoras, así como compañeros con los que comencé y que seguimos colaborando. Para mí se trata del compañerismo, de hacer amistad en todos lados para poder sacar estos proyectos adelante”, añade.

Más allá del cemento, el hormigón y las varillas de acero, de las 102 jornadas de trabajo, de los 11 km de drenaje, de los más de 2 mil m2 de superficie de los cárcamos, de los 6 mil 600 millones de pesos de inversión, de los nuevos puente, entronques y calles, están las personas que con sus manos, sus ideas y emoción, están construyendo una nueva realidad para todas y todos los queretanos.

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Last modified: 3 noviembre, 2022Tomado de https://lalupa.mx/