abril 19, 2021

Viaje a la cueva de Ibiza en la que Alberti se refugió durante la Guerra Civil

El poeta se ocultó allí con su mujer. También logró que unos soldados republicanos no quemaran imágenes de la catedral. Tras convertirse en una vivienda 'okupa', las autoridades acaban de restaurarla Leerhttp://estaticos.elmundo.es/elmundo/rss/cultura...

El poeta se ocultó allí con su mujer. También logró que unos soldados republicanos no quemaran imágenes de la catedral. Tras convertirse en una vivienda ‘okupa’, las autoridades acaban de restaurarla

Antonio Colinas, Alberti y otros amigos, en Ibiza, en 1989.
Antonio Colinas, Alberti y otros amigos, en Ibiza, en 1989. ARXIU HISTÒRIC D’EIVISSA

Sábado, 13 febrero 2021 – 01:35

El Aquí vivió Rafael Alberti, en Ibiza, es una cueva. Al poeta y a su pareja, la escritora María Teresa León, la Guerra Civil les pilló de vacaciones románticas en la isla, y tuvieron que sobrevivir haciéndose hippies, 30 años antes de que alguien pudiera rimar con esa palabra.

A veces la memoria histórica no se recupera pero por culpa de la maleza. Y en el caso del poeta de la Generación del 27, por culpa de la maleza y media tonelada de basura. En 2003 el Gobierno insular invitó a la segunda mujer del poeta, María Asunción Mateo, y la llevó a la cueva para descubrir una placa con datos históricos, y versos que escribió Alberti en el exilio argentino: «Azul se estira Ibiza./ Allí fui prisionero/ en un monte pinos».

Tras el homenaje, la cueva se convirtió en vivienda okupa. Hace un año se acercó por allí la periodista Laura Ferrer y ya no había versos, pero sí otras cosas: dos camas, dos mesas, un espejo, baldas, mecheros, cepillos de dientes, velas, ropa, sillas, botes de champú y merchandising de discotecas. También cuatro chavales fumando porros. «¿Rafael Alberti? Ni idea», respondió uno.

Las autoridades locales se han propuesto que no vuelva a ocurrir. Después de limpiar la cueva, un puñado de cargos institucionales se plantaron hace un mes con un bloque de hormigón de 180 kilos y otra placa. Esta vez con un texto de María Teresa León, quien describió las seis semanas en la isla que cambiaron para siempre sus vidas en Memoria de la melancolía (Editorial Losada, 1970; Renacimiento, 2020): «El monte estaba lleno de proscritos. Al anochecer, nos sentábamos a ver ensombrecerse la torre de la Sal Rossa, las barcas de regreso, la isla de Formentera en la lejanía cercana… Durante 20 días vivimos en el monte…».

La cueva no es fácil de encontrar, aunque por ella pasa una ruta de senderistas, por lo que el espíritu de Alberti y María Teresa se aparece casi de casualidad en un bosque de pinos, a unos 300 metros de la línea de costa.

En su edición del 29 de junio de 1936, Diario de Ibiza anunciaba en su sección Carnet Social la llegada en barco de la pareja. Se alojaron durante un par de semanas en una de las casas con molino en la zona de Puig des Molins y se hicieron habituales del bar La Estrella, donde entablaron con las amistades que luego les ayudarían a esconderse. Allí se enteraron por radio del estallido de la Guerra Civil. Enseguida los militares de Ibiza se sumaron al alzamiento y comenzaron a detener a simpatizantes de la izquierda. Dos guardias civiles fueron a buscar a Alberti y a María Teresa a su casa pero lograron ocultarse en una higuera. Y de ahí al monte. Un paseo de unos cinco kilómetros hasta el final de Platja d’en Bossa. Hasta una gruta próxima a la Torre de Sa Sal Rossa, acompañados de otros seis o siete «corazones que creían en el valor de su pueblo», que contaría María Teresa León.

Germán Lama

Alberti describe ese momento en Retornos del amor fugitivo en los montes: «Era como una isla de Teócrito. Era la edad de oro de las olas… pero en la isla aparecieron barcos y hombres armados en las playas. Venus no fue alumbrada por la espuma. El aire de la flauta de pan se escondió, mudo. Secas, las flores sin su dios murieron y el amor, perseguido, huyó a los montes…».

A finales de los 80, con motivo del regreso de Alberti a la isla, el poeta Antonio Colinas inició un estudio pormenorizado de esos 34 días que dio lugar a Rafael Alberti en Ibiza. Seis semanas del verano de 1936 (Tusquets, 1999). Ambos recorrieron de nuevo los escenarios de ese primer viaje, y el poeta gaditano le contó cómo hacía un lecho silvestre que cambiaba cada día, como si fueran las sábanas de la cama.

Allí permanecieron hasta el 8 de agosto, cuando 2.500 soldados republicanos, con el destructor Almirante Antequera y el capitán Alberto Bayo al mando, recuperaron la isla. Alberti se convirtió entonces en responsable del área de Cultura del Comité de Defensa o, como le gustaba recordar años después, en «ministro de Cultura de Ibiza durante 48 horas».

Tiempo más que suficiente para protagonizar uno de los hechos más representativos de la Guerra Civil en la isla, cuando en la plaza de la catedral, junto al museo arqueológico, se enfrentó a algunos de los milicianos que integraban la expedición catalana de Bayo.

María Teresa León lo cuenta así en sus memorias: «[…]Oímos gritos […]. Era Rafael que trataba de evitar que manos anarquizantes sacasen de la iglesia santos y ornamentos o que entraran en el museo tan dormido y quieto. Habían encendido una hoguera, Rafael iba de uno a otro convenciéndoles de que dejaran vivos los ángeles, los santos. Por no sé qué milagro vimos que le obedecían. Sólo uno de ellos se le enfrentó mostrándole un santuco feo y vulgar. Vamos, ¿no me vas a decir que esto es una obra de arte? Anda, déjame quemar a este tío tan feo. Y Rafael bajó la cabeza y se quemó. […] ¿Es que teníamos derecho a pedirles […] a los liberadores que respetasen las obras de arte si ellos no habían oído esa palabra en su vida? ¿Arte? ¿Teníamos derecho a enfrentarlos con una palabra que no habían oído nunca? ¿Cómo hablar en el nombre de la cultura si los habíamos dejado sin cultura?».

Alberti tuvo que convencerlos. Les dijo que las imágenes formaban parte del patrimonio de pueblo y que su antigüedad les daba un gran valor histórico. Pero no sirvió de nada hasta que dijo que podían venderlas para conseguir dinero para el bando republicano. Y así, cuenta Colinas, guardó los objetos religiosos en la caja fuerte de una entidad bancaria. Pero no sólo Alberti pasaría a la historia. Aunque María Teresa León no lo menciona en sus memorias, Colinas cita en su libro que «en el nada sospechoso de republicanismo diario Ibiza, podemos leer: ‘Tomada la isla por las fuerzas rojas, salen al encuentro de las mismas, se sienten liberados [los Alberti]. Su actuación en tanto aguardan poder salir para la península es apenas conocida. María Teresa interviene de forma airada y gritando contra un considerable grupo de rojos que quieren quemar la iglesia de Santo Domingo’».

Fanny Tur, historiadora, directora del archivo municipal de Ibiza y ex consellera balear de Cultura dedicó tiempo a estudiar la trayectoria de María Teresa León en la isla. Desde 2016 se le dedica una calle en Ibiza por cuestión «de justicia».

El 11 de agosto de 1936, apenas 48 horas después de aquel incidente, pudieron dar por terminada su aventura en la isla, que un mes después viviría sus momentos más trágicos. Alberti y María Teresa partieron desde Pou des Lleó a bordo de un destructor republicano rumbo a Valencia. Existe una imagen de milicianos desde la costa, con una mujer sosteniendo una bandera que, explica Fanny Tur, se cree que es María Teresa León.

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