El opositor Rosmit Mantilla, quien fue elegido diputado a la Asamblea Nacional de Venezuela en 2015, pasó dos años y medio en prisión en el Helicoide, un lugar conocido por ser el principal centro de tortura en Caracas. Desde su refugio en Francia, al que llegó en 2017, Mantilla compartió con RFI los detalles de las torturas que él y otros prisioneros sufrieron en ese lugar, del cual la presidenta interina Delcy Rodríguez anunció recientemente su cierre.
RFI: Cuando fue elegido diputado por el partido Voluntad Popular en 2015, ya estaba encarcelado en el Helicoide. Fue liberado en noviembre de 2016 y buscó asilo en Francia poco después. En total, estuvo dos años y medio en un lugar denunciado como centro de tortura. ¿Qué puede contarnos sobre esa experiencia?
Lo primero que quiero destacar es que la tortura no es un hecho aislado, sino un patrón sistemático. Es un proceso que ha sido estudiado y preparado por el régimen venezolano. Durante mi tiempo en prisión, hablé con muchos compañeros que estaban allí por diferentes motivos: algunos por delitos comunes y otros por razones políticas. Aunque estaban en distintas áreas, todos coincidían en que el patrón de tortura era el mismo.
La tortura no es un incidente aislado ni es responsabilidad de uno o dos individuos. Proviene de órdenes del Ejecutivo nacional. Hay toda una estructura diseñada en torno a la tortura.
RFI: A partir de su experiencia, ¿diría que su caso fue excepcional o que forma parte de un patrón más amplio en el sistema penitenciario venezolano?
Puedo afirmar que, afortunadamente, soy el único prisionero de ese período que no fue torturado físicamente, pero sí sufrí tortura psicológica, que también es muy intensa. Por ejemplo, cuando presionaba para que nos liberaran, un comisario del Sebín, conocido como Pachuco, me leía la Biblia, específicamente el Apocalipsis. Entre versículos, me contaba sobre los movimientos de mi familia en Caracas, mencionando a mi hermana embarazada y el nombre de su ginecobstetra. Esto sucedía todas las noches. A las cuatro de la mañana, nos despertaban golpeando los candados con un martillo y gritando: “Si los yanquis nos atacan, nosotros los atacamos a ustedes”.
RFI: Usted menciona tortura psicológica. ¿Qué pudo observar sobre las experiencias de otros detenidos en el Helicoide?
Los patrones sistemáticos de tortura que documenté, gracias a las entrevistas que realicé, incluían violaciones con objetos contundentes, como fusiles introducidos por el ano; descargas eléctricas en los ojos y genitales; y encierros en cajas de madera selladas durante al menos tres días.
También los colgaban con los brazos hacia atrás mediante poleas. Sufrían torturas psicológicas con los ojos vendados, donde les decían: «Les vamos a cortar las orejas», aunque no lo hacían. Sin embargo, el nivel de estrés era tan alto que muchos creían que sí se las estaban cortando; incluso sentían la sangre corriendo por su cuerpo. Escuché este mismo testimonio en todas las entrevistas que realicé, lo que me lleva a afirmar que se trataba de un patrón premeditado de tortura.
RFI: ¿Cómo se reflejaba ese patrón en el espacio físico del Helicoide y en las condiciones de reclusión?
El Helicoide fue concebido como un gran centro comercial, posiblemente el más moderno de su época en los años cincuenta. Fue abandonado y, con la llegada del chavismo, «recuperado». Transformaron locales, tiendas y baños en celdas improvisadas, sin respetar ningún estándar internacional.
El lugar donde estuve, conocido como «El Control», era un subsuelo sin aire fresco. Las paredes sudaban debido a la cantidad de personas en elTomado de https://www.rfi.fr/



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