abril 26, 2022

Una camiseta de colores

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El fin de semana tuvimos que procesar, en la conciencia nacional, un hecho lamentable. Por lo que dicen los medios y el gobierno de Querétaro, hay 22 personas seriamente lastimadas por la acción de dos “Barras” (en una ridícula copia de las argentinas o de otras manifestaciones violentas como las de Inglaterra) en la que se enfrentaron partidarios del Atlas de Jalisco y los del Querétaro. Después del primer gol y a los 60 minutos de transcurrido el partido, se desató la violencia en condiciones que no son muy claras. Algunos señalaron que las vallas que mantienen a los aficionados de uno y otro lado, fueron abiertas. Otros dicen que empezaron a circular de uno y otro bando por los pasillos a los que no deberían tener acceso. Otros sostienen que mientras a un bando no lo dejaban entrar más que con su celular y su cartera, pero sobre todo sin su chamarra para tapar su camiseta, que indicaba a que equipo prefería entregar su preferencia, previendo que si caía en mal lugar podría cubrirse, no lo pudo hacer. Nadie habló, ni mencionó, ni reconoció la presencia de la fuerza pública. Ciertamente un detalle digno de atención. No sólo porque nadie lo señaló como una ausencia que debió haber estado ahí, como un reclamo de por qué no estaban ahí. El secretario de Seguridad Pública del estado de Querétaro se ha limitado a decir, que en el informe que habrá de entregará al gobernador se sabrá que hizo o no y cómo hizo o no la fuerza pública… ya se acomodarán a la construcción de una narrativa que los deje a salvo y que, como siempre, llegarán hasta las últimas consecuencias, nada más.

Hay sin duda una reflexión ulterior que hacer. Como dice un amigo conocedor del negocio y de los involucrados, hay varias cosas que ponen en serias dudas la probidad de los patrocinadores, los dueños de los equipos y a toda la estructura de un deporte que en vez de verse como tal, primeramente se ve como espectáculo, en el cual se fomentan y se prohíjan clientelas en beneficio de dueños y clubes. Una mafia que no deja, al final, que pasemos al cuarto partido en ningún mundial. Dice él:

En este asunto, además de muchas cosas existen hechos graves:

  1. Porros tolerados e inducidos en la payasada de llamarles «barras».
  2. Una industria del espectaculo que cada dia tiene menos de deporte y más de negocio, del espectáculo solamente.
  3. Gobiernos que saben ( y les conviene) que los jóvenes que gritan en el estadio, ya no crean problemas el resto de la semana.
  4. 4.- Corrupcion en taquillas deliberadamente para promover la reventa, que beneficia a los dueños de estadios y a los dueños de los equipos mismos.
  5. Partidos con marcadores prenegociados entre dueños, medios y árbitros.
  6. Una avalancha de noticias de futbol toda la semana con un mensaje permanente para «crear expectativas» que den rating y taquilla presencial. Que no les extrañe a los promotores de este negocio que el publico que vive permanentemente expuesto a su afición ( o adicción?), esté tenso, hostil, agresivo y frustrado… y que reaccione con la  violencia que ellos mismos han alimentado.

Hasta ahí, por lo que toca al asunto en si mismo. Existen, sin embargo, en medio de la lluvia de información que las redes ofrecen, un detalle que me llama la atención. La mayoría de los que agredían o fueron agredidos, se quitaron la camiseta.

Se la quitaron, porque los identifica. Se la quitaron como protección. Se la quitaron, porque nada parece más peligroso en nuestro país que te identifiquen con algo. Que seas parte de algo. Que te sientas perteneciente a algo. A una idea, a una visión a un compromiso. La tolerancia y la libertad están en verdadero peligro.

Lo realmente grave de los eventos del fin de semana es que nos dimos cuenta de que no puedes ponerte una camiseta, porque serás culpable, sospechoso, irremediablemente juzgado por traerla puesta.

Mientras tú no estés conmigo, acabarás en el hospital, por los golpes que te voy a dar. Ese es el saldo de la polarización que ha fomentado este gobierno y que nos tiene a todos, en la iniciativa privada y sus excesos lamentables y en la política y sus imbecilidades cotidianas, destinados a no poder ponernos una camiseta con el color que sea; ya sea porque te haces cómplice de atrocidades lamentables, ya sea porque te sientes obligado a masacrar a los que no traen tu camiseta, ese es la verdadera gravedad de los eventos del fin de semana. Nada más, pero nada menos tampoco.

Miguel González Compeán

Abogado, politólogo y economista

Columna invitada

Ensayista e interesado en temas legales y de justicia. actualmente profesor de la facultad de derecho de la UNAM.

Tomado de https://www.eleconomista.com.mx/