Willa Ferguson (Chase Infiniti) se ha repuesto. Ahora sabe que su mamá, Perfidia, le abandonó cuando cabía en una canasta para ropa. También sabe que ella, mujer a la que tenía idealizada, había traicionado a los suyos para salvarse, costándoles incluso la vida. No es que fuera mala persona, le dice su papá, hizo lo que pensó era mejor.
La mente de Willa ha madurado. Entiende ahora que, en la vida, las personas no se tasan al estilo sistema binario, ceros y unos. Hay matices, hay razones. Su papá le entrega un papel: es una carta, le dice. Fue escrita por su mamá y había esperado el momento oportuno para entregársela. Ese instante podría ser el correcto.
Ella lo toma y comienza a leer, en letra de la mujer que le dejó: “¿Eres feliz? ¿Tienes amor? ¿Qué harás cuando seas mayor? ¿Intentarás cambiar el mundo como yo lo hice? Fracasamos, pero quizá tú no. Quizá seas tú quien arregle el mundo.”
Técnicos o rudos
“Una batalla tras otra” (Paul Thomas Anderson, 2025) sigue la vida en retiro de activista radical estadounidense, que vive con su hija en una pequeña ciudad en California —la ficticia Baktan Cross—, a quien viejas historias e intereses le alcanzan para volver su vida un pequeño infierno de pólvora.
Se ha dicho que el guion se basa en la cuarta novela de Thomas Pynchon, “Vineland”, pero habría que ver qué tanto. Porque aquél trabajo desarrolla, ubicándose en los años ochenta, algunas vivencias de un grupo de personas que dos décadas atrás estuvieron relacionadas con movimiento sociales radicales. Un dato curioso del autor del libro es rehúye tanto del ojo público que apenas se conocen fotografías suyas de cuando era joven.
Como sea, la película ha sido repetidamente mencionada como lo mejor de 2025.
Es de esas películas que deben verse varias ocasiones, de un solo tirón o por partes. Porque hay cosas que se escapan, escenas que en una primera impresión pueden no entenderse. Símbolos por todas partes, metáforas y símiles que cuentan una historia y muchas a la vez.
También se destaca la colaboración del director con el músico Jonny Greenwood, de Radiohead. Ya en trabajos pasados esta colaboración fue multipremiada.
A nivel de guion, la historia se resuelve posterior a una persecución de automóviles que libran una batalla entre velocidad, curvas, subidas y bajadas por una carretera angosta. Ese cierre refleja cómo el entorno modifica el plan: fue hasta que se decidió lo de las locaciones que el guion se modificó para incorporar esas curvas, subidas y bajadas.
El mano a mano
Lo más interesante de todo es que la película, en su trama y personajes, logra la convivencia de los imposibles.
La trama se extiende sobre la vida de idealistas que tienen el lujo de sostenerse firmes en sus opiniones y de acuerdo con aquello que identifican como correcto. ¿Pero qué les pasa a lo largo del tiempo? Se enfrentan a la vida, decidir cargando con la trayectoria de lo que forjaron años antes. La trama entreteje denuncia social con comedia. Conjuga los intereses de quienes necesitan encontrar algo, frente de aquellos que necesitan ocultar.
De manera directa, la cinta aborda los temas de la segregación, la xenofobia y el uso de la fuerza. Estos elementos se presentan como actuales, pero si se les ve bien han sido la constante desde tiempos sin memoria.
En cuanto a personajes, Bob Ferguson (Leonardo DiCaprio) es un padre disfuncional que, al mismo tiempo, está muy preocupado por desempeñarse bien como padre; el coronel Steven J. Lockjaw (Sean Penn) es el supremacista al que le atrae —las razones ya le agregan otra capa al personaje— aquello que quiere aniquilar; Perfidia Beverly Hills (Teyana Taylor) es la mujer que por su ideología renuncia a su hija, pero por su seguridad renuncia a su ideología. Y la larga lista de personajes puede seguir porque para dónde uno voltee la película nos da racimos de ellos.
Ese Steven J. Lockjaw. Es la muestra de lo relativo que es el poder y su ejercicio.
Hay una imagen que se roba toda la película. Es la de Perfidia Beverly Hills, embarazada, pronta al alumbramiento. Viste una camisa a cuadros negros y rojos, una gorra tejida y un pantalón militar que no le cierra a la altura del abdomen. Dispara con furia una metralleta, a campo abierto. Es práctica de guerrillera, innecesaria. Es la negación de la maternidad, de su presente y lo que sería su vida.
Esa misma camisa parece ser la que usa Bob Ferguson en la mayor parte de la película. Símbolos.
A ras de lona
Para algunas escenas filmadas en Sacramento —particularmente en las cercanías del parque César Chávez—, personas sin hogar fueron forzadas a retirarse junto con sus casas de campaña. Así lo denunció la presidenta de la asociación que reúne a las personas en esta condición. Ahí lo paradójico, entre el mensaje de la película y las necesidades de la industria.
Tomado de http://radiosonora.com.mx/feed



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