abril 18, 2021

Tulum: no murió, fue asesinada. La diferencia en el discurso mediático

“Mujer muere tras ser víctima de presunto abuso policiaco en Tulum”. TV Azteca. “Policía de Tulum somete a mujer y minutos después muere”. Central FM. “FGE QRoo investiga a policías por muerte de mujer en Tulum”. Excelsior. “Conmoción en Tulum: una...

“Mujer muere tras ser víctima de presunto abuso policiaco en Tulum”. TV Azteca.

“Policía de Tulum somete a mujer y minutos después muere”. Central FM.

“FGE QRoo investiga a policías por muerte de mujer en Tulum”. Excelsior.

“Conmoción en Tulum: una mujer murió tras ser sometida por la policía igual que George Floyd”. infobae.

“Muere mujer mientras era sometida por policías en Tulum, Quintana Roo”. El Universal.

“Mujer muere tras ser sometida por policías de Tulum, Quintana Roo”. Milenio.

Estos son algunos de los encabezados del lamentable hecho ocurrido en Tulum, en donde una mujer, al parecer, fue asesinada por la policía. Si somos estrictos, pese a la evidencia que circula en los medios, no es posible saber la causa de la muerte. No obstante, la brutalidad es notable y el antecedente de George Floyd sale a la luz.

Un discurso es una exposición pública de una idea. Mencionar que una “mujer murió” no es lo mismo a decir que “fue asesinada”. La percepción de los hechos se modifica con el uso de las palabras. “Policía sometió a una mujer que alteraba el orden público, minutos después, murió.” Esta oración justifica el hecho, asevera que la víctima fue detenida con razón y que probablemente su muerte se trató un efecto indirecto. “La policía sometió con exceso de fuerza a una mujer que presuntamente alteraba el orden público, a los pocos minutos, murió.” Señalar que presuntamente alteraba el orden público, deja abierta la posibilidad de que no haya sido este el motivo. Y hacer hincapié en la brutalidad, el exceso o el abuso, permite inferir entonces que fue asesinada. Ya que, según la RAE, asesinar significa matar a alguien con alevosía o ensañamiento.

No se trata entonces de ser sensacionalistas, sino de procurar ser precisos. Uno de los videos que están en diferentes medios, muestra cómo una oficial de la policía está encima de la mujer. Ella se encuentra esposada y boca abajo, se observa además a distintos elementos sin hacer nada al respecto. El paralelismo con el caso Floyd es apreciable. ¿Es un acto de alevosía o ensañamiento? En otro video se ve cómo suben a la patrulla a la víctima ya inconsciente. No hay primeros auxilios, ni ambulancias o paramédicos. Se trata también de un hecho que mezcla por lo menos dos de las características que hacen célebre a la policía: brutalidad e incompetencia.

Pese a que la Fiscalía de Quintana Roo hizo referencia al hecho como “homicidio en agravio”, no todos los medios lo llamaron de ese modo. ¿A qué se debe? Apelar a la objetividad no es una excusa, cada medio y cada periodista poseen sus propios sesgos. Los valores y la ideología que cada institución desempeñan un papel preponderante al momento de presentar la información. El problema de esto es que se corre el riesgo de generar ideas imprecisas sobre los hechos. Poner énfasis en ciertos elementos hace que la balanza se cargue de un lado u otro. Detener a alguien que infringe las reglas es lícito, hacerlo con brutalidad, no lo es. No hay justificación para la violencia desmedida, menos cuando hay antecedentes de la gravedad que implica esto. Si la hoy víctima hizo algo indebido debió ser detenida y procesada según lo establece la ley.

Estos fenómenos no son aislados, tanto el del abuso policiaco como el del discurso de los medios. Numerosos problemas se hacen evidentes al momento de nombrarlos. La cotidianidad se puede transformar a partir de las palabras. Atenuar lo ocurrido a través del lenguaje no ayuda en absoluto, al contrario, lo mantiene dentro de la normalidad. Es muy común que ocurra esto en actos violentos. En una ocasión leí un encabezado de que decía: “Mujer engañaba a su marido y en un ataque de celos, la mató”. Es manifiesto lo tendencioso de ese discurso. Primero sitúa a la mujer como infiel y al hombre como víctima de ello, excusando de algún modo el actuar del asesino. Se debe repetir las veces que sea necesario: no hay justificación para la violencia. Si deseamos cambiar la realidad para bien, un pequeño paso, pero no menos importante, es llamar a las cosas por su nombre. Es elevar discursos en pro de la justicia y de los derechos de las personas.

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