enero 11, 2022

Tu perro es capaz de saber si le estás hablando en un idioma familiar u otro desconocido: así lo ha averiguado este equipo de científicos

No, no son impresiones tuyas. Tu perro te entiende. O entiende al menos si le estás hablando en tu idioma, el que está acostumbrado a escucharte a diario, o uno extranjero, con sonidos y patrones que le resultan...

No, no son impresiones tuyas. Tu perro te entiende. O entiende al menos si le estás hablando en tu idioma, el que está acostumbrado a escucharte a diario, o uno extranjero, con sonidos y patrones que le resultan menos familiares. El hallazgo lo ha hecho un equipo de investigadores del Departamento de Etología de la Universidad de Eötvös Loránd (Hungría) y nos deja la primera demostración científica de que un cerebro no humano puede distinguir entre dos idiomas.


La investigación arrancó casi por casualidad. Hace años, Laura V. Cuaya, una de las autoras principales del estudio que acaba de publicarse en NueroImage, se mudó de México a Hungría para unirse al Laboratorio de Neuroetología de la Comunicación de Eötvös. No fue sola. La acompañaba su perro, Kun-kun, un Border collie que, claro está, venía acostumbrado a que su dueña hablase en español. Al llegar a su nuevo hogar, en Hungría, Cuaya se hizo una pregunta: ¿notaría Kun-kun que la gente de su entorno hablaba un idioma diferente, muy distinto al que escuchaba en México?

Un experimento con ‘El principito’

“Sabemos que las personas, incluso los bebés humanos preverbales, perciben la diferencia; pero tal vez los perros no”, pensó Cuaya. Para salir de dudas la investigadora entrenó a su Border collie y a otros 17 canes con el propósito de someterlos a escáneres cerebrales. Todos compartían otra característica: estaban acostumbrados a que sus dueños les hablasen en único idioma. Durante las pruebas se reproducían varios audios: extractos de ‘El principito’ en español y en húngaro, lo que permitió al equipo ver las diferencias cuando escuchaban un lenguaje familiar y otro ajeno.

Para rizar un poco más el rizo, los investigadores de Eötvös Loránd reprodujeron también versiones “revueltas” de los extractos, modificadas para que sonasen totalmente antinaturales. El objetivo en ese caso era ligeramente distinto. Los científicos querían probar si los perros detectaban o no la diferencia entre el habla humana y sonidos completamente distintos.

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¿Qué descubrieron? Los patrones de actividad en la corteza auditiva primaria de los canes eran distintos en función de si estaban escuchando o no un habla, estímulo que se daba además con independencia de si el lenguaje les resultaba familiar. En otras palabras, anota Raúl Hernández-Pérez, coautor del estudio, “los cerebros de los perros, como los humanos, pueden distinguir entre el habla y la falta de habla”. Eso sí, esa peculiaridad no significa que tengan una preferencia neuronal.

“El mecanismo subyacente a esta capacidad de detección del habla puede ser diferente de la sensibilidad del habla en los humanos: mientras que los cerebros humanos están especialmente sintonizados para el habla, los cerebros de los perros pueden simplemente detectar la naturaleza del sonido”, abunda Hernández-Pérez en un comunicado recogido por EurekAlert.

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La pregunta del millón es: además de distinguir el habla, ¿sabían los canes cuando les estaban leyendo a Saint-Exupéry en español o en húngaro, en el idioma de Miguel de Cervantes o el de Sándor Márai? Pues sí. Y la respuesta, subrayan los científicos, es fascinante por sus implicaciones. “El estudio demostró por primera vez que un cerebro no humano puede distinguir entre dos idiomas. Es emocionante porque revela que la capacidad de aprender sobre las regularidades de una lengua no es exclusivamente humana”, apostilla Attila Andics, integrante del equipo.

Al examinar las resonancias los expertos anotaron que los patrones de actividad específicos del lenguaje se encontraban en otra región del cerebro, la corteza auditiva secundaria. No solo eso. Apreciaron que cuanto mayor era el perro, mejor distinguía su cerebro entre el lenguaje que le resultaba familiar y el desconocido. La conclusión a la que llegaron los científicos es que a lo largo de su vida en compañía de humanos los canes perciben las regularidades auditivas —señales que identifican cada idioma— del lenguaje al que están expuesto y escuchan con frecuencia.

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Una de las pruebas del experimento. Imagen: Eniko Kubinyi

Los nuevos hallazgos, por supuesto, abren nuevos interrogantes. Por ejemplo, ¿esa facultad con los idiomas es una rareza de los canes o podremos encontrarlo en otras criaturas? “Todavía no sabemos si esta capacidad es una especialidad de los perros o es general entre las especies no humanas. De hecho, es posible que los cambios cerebrales de las decenas de miles de años que los perros llevan conviviendo con los humanos les hayan hecho mejores oyentes del lenguaje; pero no es necesariamente así. Futuros estudios tendrán que averiguarlo”, reflexiona Andics.

De momento y a la espera de que se vayan cerrado los nuevos interrogantes científicos, Kun-kun parece habernos demostrado otra cosa igual de importante: que los perros pueden adaptarse a las mil maravillas a lugares en los que se hablan idiomas nuevos. “Si te preguntas cómo le va a Kun-kun después de mudarse a Budapest, vive tan contento como en Ciudad de México. Vio la nieve por primera vez y le encanta nadar en el Danubio —bromea su dueña, Laura V Cuaya—. Esperamos que él y sus amigos sigan ayudándonos a descubrir la evolución del habla”.

Imágenes | Peet de Rouw (Flickr) y a.camacho_photodesign (Flickr)

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