junio 19, 2022

Tlatelolco Lab revela campaña de manipulación sobre narcopolítica

Sin aportar pruebas, opinadores, periodistas y políticos de oposición participaron en una estrategia digital de manipulación de tráfico para posicionar la narrativa de que el gobierno de López Obrador y el partido Morena cooperan con el narcotráfico, documenta un análisis de Tlatelolco Lab. En entrevista, los investigadores de la UNAM Eloy Caloca y Martín Zumaya destacan el uso de bots y de medios de comunicación en esta campaña

Días antes de las pasadas elecciones en seis entidades federativas, arreció la estrategia digital de manipulación de tráfico para posicionar la narrativa de que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador y el partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena) cooperan con el narcotráfico. En la campaña participaron opinadores, periodistas, políticos de oposición y medios de comunicación corporativos sin presentar pruebas de sus señalamientos, revela un análisis del Laboratorio Digital para la Democracia Tlatelolco Lab, adscrito al Programa Universitario de Estudios sobre Democracia, Justicia y Sociedad de la UNAM.

Esa narrativa se construyó en medios de comunicación y en redes sociales, apunta el estudio, mismo que también identificó que esta acusación ha tenido tres momento climáticos: el primero se ubica a inicios del sexenio de López Obrador, cuando éste fue vinculado con el narcotráfico sin que se hayan aportado evidencias de eso; el segundo, en la elección de 2021 cuando se comenzó a hablar en los medios de un supuesto “pacto” entre Morena y el crimen organizado; y el tercero, días previos a la jornada electoral del pasado 6 de junio de 2022, cuando se incrementó el número de tuits con hashtags que asociaban la palabra “narco” con “gobierno”, “presidente”, “AMLO” y “Morena”. Estos hashtags conformaron una narconarrativa que buscaba incidir en la conversación electoral, señala el Tlatelolco Lab.

En entrevista con Contralínea, el doctor en humanidades Eloy Caloca Lafont –profesor de filosofía, metodología y pensamiento político e investigador en la Universidad Nacional Autónoma de México– señala que es una estrategia orquestada, impulsada y oportunista. “Orquestada e impulsada porque, independientemente de casos de violencia que se llevaron en casillas, independiente de las tramas que cada municipio y estado del país tengan en tiempos electorales, sí detectamos que al momento de las elecciones, en el contexto electoral, surge esta narconarrativa se impulsa y amplifica en estos sectores. Es oportunista porque “impulsarla días antes de las elecciones tiene un fin político, tiene un fin de incidir en los posibles resultados electorales”.

El investigador del Tlatelolco Lab explica que el análisis respecto de los medios de comunicación corporativos –que abarcó del 1 de junio hasta el momento electoral– se enfocó en identificar cuántos textos se habían producido con esta misma narrativa y sin aportar pruebas en medios nacionales e internacionales, de un alto alcance tanto de lectores como de seguidores en sus cuentas oficiales de redes.

El doctor Caloca Lafont expone que descubrieron que más de 30 opinadores o columnistas colocaron este tema en sus espacios de opinión. “Estos analistas o periodistas o actores políticos se dividen en dos grandes grupos: unos de ellos son tanto periodista o columnistas que habitualmente tienen un espacio en medios, estamos hablando de Héctor de Mauleón, Eduardo Ruiz Healy, Ricardo Alemán, Carlos Salazar, Federico Reyes Heroles, Fernando García Ramírez, Carlos Loret de Mola. Y en el otro grupo encontramos que se invita a los medios a través de entrevistas o columnas invitadas, a una serie de actores políticos que son funcionarios en turno de los partidos de oposición o que han sido funcionarios antes, hablamos de Francisco Labastida, Rubén Aguilar, Marco Rubio que es senador en Estados Unidos, Lilly Téllez, Jesús Ortega o Porfirio Muñoz Ledo”.

Agrega que “todos estos actores escribieron temas u ópticas relacionadas con el posicionamiento de las narconarrativas, y de que había pactos entre Morena, el gobierno federal, y los grupos criminales organizados”.

En su análisis, el Tlatelolco Lab identificó comunidades de cuentas que amplificaron los hashtags durante la primera semana de junio por medio de retuits, citas o respuestas entre ellas. Algunas de esas cuentas tuitearon o retuitearon cientos de veces en intervalos de 12 a 60 segundos, para luego entrar en un periodo de reposo. Por ello, su estudio concluye que “la presencia de ráfagas de publicaciones es un indicio de una estrategia digital de manipulación de tráfico”.

Al respecto, el investigador Martín Zumaya Hernández explica a Contralínea que durante el estudio observaron un conjunto de hashtags relacionados con la narconarrativa: “notamos un incremento importante, en especial en dos hashtags que fueron ‘narcopresidente’, y ‘Morenanarcopartido’. En el análisis vimos que dos o tres días antes de la jornada electoral, estos hashtags se levantaron muchísimo, y tuvieron un número de publicaciones muy alto. Observamos también los hashtags alrededor de esos dos principales, y vimos que hay todo un grupo de hashtags relacionados con el mismo tema, que no aparecen de manera independiente, sino que todos aparecen simultáneamente, en diferentes grupos. Todos esos hashtags conformaron la narconarrativa en el marco de esa jornada electoral”.

El doctor en ciencias físicas por la UNAM agrega que se investigaron las cuentas en Twitter que participaron en esta estrategia, y su comportamiento. “Nos dimos cuenta que hubo cuentas muy participativas: al menos 100 publicaciones en estos días, y de ahí hasta 600. Además del volumen de publicación de las cuentas, son cuentas muy interesadas en amplificar esta actividad. Y por sus patrones de actividad vimos que había comportamientos que podían no corresponder a personas [sino a bots]. Son estas ráfagas de publicación, cuentas que en un periodo publican tuits, respuestas, retuits, que están en reposo y luego se activan”.

El experto en el estudio de la estructura y dinámica de redes complejas y del comportamiento colectivo de sistemas de muchos cuerpos señala que los usuarios de redes sociales pueden identificar estos comportamientos anómalos en las cuentas de bots y, con ello, evitar la manipulación. Ello, porque esas cuentas se enfocan en la narrativa que desean colocar en la discusión pública, no ponen ningún otro contenido ni dan más información: sólo contestan o retuitean con la serie de hashtags ligados a la campaña masiva de desinformación.

“Cuando uno ve su timeline, sus publicaciones son monotemáticas, tienen tres o cinco días, o un día completo del mismo tipo de publicaciones sobre el mismo tema. Cuando uno entra al perfil de este tipo de cuentas, en la parte superior derecha aparecen las imágenes que comparte la cuenta, y se ve que usualmente son las mismas, son imágenes repetidas. Ese tipo de elementos nos puede dar información a los usuarios comunes y corrientes sobre estas cuentas que participan en estos hashtags no son genuinas. Sí se necesitan hacer varios pasos, pero se necesita el espíritu investigador de un usuario común para poder desentrañar esta conversación”.

Ausencia de pruebas

Los hallazgos del análisis de Tlatelolco Lab refieren que la constante en esta narrativa mediática y digital fue la ausencia de pruebas que demostraran el supuesto vínculo entre el narcotráfico y el gobierno federal o el partido Morena.

“Entre todos los textos periodísticos que estuvimos analizando, aplicamos técnicas de análisis crítico del discurso, y observamos que hay pocos analistas, y pocos textos que realizan una argumentación investigada o que dan pruebas de lo que suponen ellos son los vínculos entre Morena y el crimen organizado. Hay unos tres o cinco de un corpus de 32 textos que son reportajes, o que hacen un esfuerzo por citar algunas declaraciones, o documentos que no dejan también de ser ciertas suposiciones”, explica el doctor Caloca Lafont.

Agrega que otro elemento reiterativo es el uso del lenguaje que repite una y otra vez que es una sospecha. “Parece como excusarse de que no lo quieren afirmar del todo; pero, lo que terminan haciendo es posicionar el tema en las agendas. Al final, los lectores, y las audiencias, son audiencias que también son críticas, y que ante declaraciones o suposiciones, como por ejemplo, cito textualmente uno de los textos que analizamos, dice ‘no tengo investigaciones, pero por las pesquisas que he hecho…’, eso es lo que dice una periodista. Otra persona dice ‘no tengo sospechas, pero alguien que camina como ganso y se junta con gansos, da indicios de ser uno’, refiriéndose a López Obrador y sus supuestos nexos con el narcotráfico. Ese tipo de lenguaje y redacción en donde no se tiene ninguna prueba ni evidencia vemos que no funcionó. No logró que la ciudadanía comprara del todo estas narrativas”.

El investigador observa que esas narrativas también se alimentaron de lo que se conoce como “falacia de causa simple o falsa” –misma que presenta eventos aislados como si estuvieran conectados–, y ejemplifica con las frases donde, por ejemplo, se empezó a atribuir al gobierno de López Obrador un incremento en el número de víctimas de violencia para afirmar que era producto del contubernio con el crimen organizado. “Dicen los periodistas o analistas: ‘en un gobierno donde tenemos de 122 mil a 130 mil personas que han sufrido de violencia, u homicidio, es claro que hay vínculo con el narco’, y lo que hacen es tejer una causa falsa”.

Al respecto, explica que “vivimos en un país con graves problemas de violencia, lo sabemos de antemano, son problemas históricos, estructurales, que se deben incluso a las problemáticas propias de cada región y estado. Tenemos una gran diversidad en México, y atribuir todos estos actos de violencia, a un pacto, es una causa simple o errónea”.

El doctor Caloca Lafont señala que otra estrategia que usaron fue el uso de diferentes figuras retóricas. Y aunque es válido en el periodismo hacer comparaciones, advierte que en este tipo de textos se hacían con el propósito de demeritar a candidatos de Morena o al mismo López Obrador, “diciendo que fueron unas elecciones teñidas de sangre, el dinero gubernamental está manchado de sangre, que había sicarios apostados en las casillas. Generalizando como si toda casilla en México tuviera estos problemas. Los textos, en resumen, están cargados de falacias, exageraciones, sospechosismo, y de falta de pruebas”.

De acuerdo con el estudio de Tlatelolco Lab, los hashtags más difundidos por las cuentas con comportamiento anómalo fueron #narcopresidente y #morenanarcopartido, “lo que sugiere que hubo una estrategia digital para amplificarlos e incrementar su visibilidad. Dichas cuentas y hashtags también acompañaron sus tuits con memes, caricaturas o imágenes editadas que buscaban vincular al actual gobierno y a Morena con el narco y el crimen organizado”.

Al respecto, el doctor Martín Zumaya explica que también se identificó el hashtag “elpatróndelosnarcos”, que fue impulsado principalmente por otro grupo de cuentas que se llaman “liga de guerreros”. Acerca de estos últimos, refiere que en sus imágenes de perfiles de estas cuentas que están retuiteando el hashtag son plantillas, tienen una identidad muy clara, siempre tienen el mismo discurso y no es tan fácil a simple vista detectar que son bots.

Por su parte, el doctor Caloca Lafont concluye que esto forma parte de la economía de la atención en donde, aparentemente, quien tiene dinero suficiente para patrocinar o difundir contenidos es quien puede ganar más visibilidad, y entonces generar unas competencias sumamente descargadas de guerra sucia y desinformación.

Por ello, cita una reflexión del doctor Zumaya: “entender el funcionamiento de estas plataformas, entender toda la forma en que [operan] sus algoritmos, en que se hace la distribución de sus contenidos, en que funcionan estas cuentas anómalas, es la forma que tienen estos actores de guerra sucia para intervenir en ellas, y es la mejor forma que tenemos los ciudadanos para hacer un uso crítico y responsable de estas plataformas en relación con la información que recibimos, las organizaciones sociales en las que participamos, o todos los procedimientos que hacemos. Entender el funcionamiento de estas plataformas puede ser la única forma de revertir estos mecanismos de control y ser ciudadanías más responsables y activas”.

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