abril 19, 2021

Tina Turner: las imágenes más nítidas, las canciones más sonoras y los silencios más densos

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Festival de Berlín

Martes,
2
marzo
2021

19:10

La Berlinale exhibe la enésima hagiografía de The Acid Queen, la enésima delicadeza minimalista de Hong Sang-soo y una gran película de Xabier Beauvois

Tina Turner en un momento del documental 'Tina'.

Tina Turner en un momento del documental ‘Tina’.
BERLINALE

La Berlinale es también un espacio para el público. Y para la propia ciudad. Es más, esencialmente es (era) eso. De ahí que su programación sea prácticamente inabarcable (ningún otro festival se acerca ni remotamente) y de ahí que durante todo lo que dura no se acabe nunca. Es fácil imaginarse la recepción que habría tenido en un Berlín normal, no pandémico, un documental como ‘Tina‘. Una alfombra roja mullida, cálida y por fuerza despampanante en el Berlinale Palast o en el Zoo Palast capaz de desafiar sin pudor y sin escalofríos varios grados bajo cero y en medio a la propia Tina Turner imperial transfigurada en una Marlene Dietrich del Misisipi. Inolvidable. Ahora todo es diferente. Ahora la producción meticulosa, espectacular y envolvente de los directores Dan Lindsay y T.J. Martin discurre por el ‘streaming‘ como un mal sueño. Un dato: el servicio de visionado del festival permite acelerar la velocidad de reproducción hasta ocho veces. En efecto, el Apocalipsis era esto.

Así las cosas, ‘Tina‘ hizo lo que pudo por hacerse notar en la que fue la segunda jornada del ya ‘antifestival‘. Y sirvió, cuanto menos, para echar de menos otra vez a la vida de antes y, esperemos, que de después. Una sensación parecida se sufrió al ver el último trabajo del ya habitual Hong Sang-soo. Si el año pasado presentaba ‘The Woman Who Ran‘ (por la que obtuvo el premio a mejor dirección), éste lo hace con ‘Introduction‘, su película más lírica, sencilla y breve (apenas 66 minutos) de su último centenar de películas líricas, sencillas y breves. Y junto a ellos, el francés Xavier Beauvois que regresaba con ‘Albatros‘ de la mano de un melodrama mínimo tan calculado en la caligrafía como devastador en su silenciosa sintaxis. Hace más frío en el ‘streaming’ que en Unter den Linden en pleno febrero.

Tina‘ es sobre el papel el documental definitivo sobre ella. Así lo dice el propio marido de la diva al final. Y le creemos. Estructurado en cinco partes, repasa desde los 50 a ahora, todo. Y en el todo, va concretamente todo: las imágenes más nítidas, las canciones más sonoras y los silencios más densos; desde Anne Mae Bullock, su verdadero nombre, a Tina bajo la cúpula del trueno; cada una de sus caídas y, por supuesto, su gran regreso a lomos de ‘Private dancer’. Hablan los amigos, los mánagers y hasta los dos biógrafos. Sin embargo, pese al aluvión de información, lo que importa y hace especial a la película es el lugar que ocupa su confesión en 1981 en la revista ‘People‘ donde desvelaba los brutales abusos de su compañero hasta entonces, Ike Turner.

Jérémie Rénier en 'Albatros', de Xavier Beauvois.
Jérémie Rénier en ‘Albatros’, de Xavier Beauvois.

Se lamenta Tina y la propia película de que pese a todo, pese a la confesión, sus dos libros de memorias, su película autobiográfica, el musical y los múltiples reportajes sobre su vida, cada vez que se ha sentado delante de un periodista o de un simple curioso la primera pregunta siempre ha sido por, precisamente, los abusos. Hay un momento de una entrevista en los 90, cuando ‘What’s love…‘ era ya himno, especialmente revelador. Empieza el entrevistador y, ajeno al sentido de la medida o el pudor, dispara: ¿Cómo recuerda su pasado de abusos? Ella detiene la entrevista, se abanica, toma aire y se sorprende: Otra vez. El gran mérito de ‘Tina’ no es sólo contar su vida sino poner de relieve la doble humillación de una mujer humillada y siempre condenada a confesar una y otra vez su humillación. Y lo que vale para Tina para todas incluida la propia humillación. El resultado es así un documental de los de ahora para las plataformas tan ortodoxo y solvente como lúcido y hasta irrefutable.

Sang-soo y Beauvois

Sang-soo es otra cosa. Siempre lo es. Quizá ahora un poco más. De la mano de dos historias entrelazadas de dos hijos, dos madres y dos ciudades, el director juega en ‘Introduction‘ a deletrear el sentido de asuntos tales como la herencia, la duda, el amor materno-filial, el otro amor y, por encima de cualquier otra consideración, el valor de lo apenas perceptible. La película, casi más cerca de un apunte para una película futura, funciona como un pequeño enigma tan críptico como hipnótico. Se bebe, se fuma, se habla, se grita y, en un momento dado, se sueña. ¿Qué más se puede pedir en una hora de vida y de cine?

La tercera opción del día fue el regreso de Xavier Beauvois a su atalaya de perfecto observador de la emoción. El director de ‘De dioses y hombres‘ cuenta en ‘Albatros‘ la historia de un hombre bueno condenado por un momento de pánico. O de duda. O de simple error. O de maldad incluso. Un policía intenta evitar el suicidio de un amigo y acaba por provocar, en su buena voluntad y en el correcto ejercicio del deber, la mayor de las tragedias. La que sigue es una cuidada y profunda reflexión sobre la culpa que también lo es de la desgracia. Eso o simplemente un poema naviero (el protagonista es marinero) sobre lo insondable del destino. Suena tremendo y, en realidad, todo fluye con una elegancia y una precisión en la descripción de cada gesto cotidiano que abruma.

Y un experimento: si se colocan las tres películas a ocho veces su velocidad de reproducción acaban por ser una serie de Netflix. Comprobado.

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