junio 12, 2022

Silvio Rodríguez: su trova aviva ideales libertarios

“Dicen que me arrastraran por sobre rocas


Cuando la revolución se venga abajo


Que machacarán mis manos y mi boca


Que me arrancarán los ojos y el badajo”

“El necio”

Cuba está presente, los recuerdos de los ideales de la Cuba libertaria, revolucionaria vibran en la gran plaza del Centro Histórico. “¡Que viva el comandante Guevara!”, se escucha una voz que sobresale de entre las más de 100 mil personas que asistieron al concierto del trovador Silvio Rodríguez.

“Debo dejar la casa y el sillón/ la madre vive hasta que muere el sol/, y hay que quemar el cielo si es preciso, por vivir/ por cualquier hombre del mundo/ por cualquier cosa […]”, resuena mientras banderas azules con blanco y rojo hondean entre las nubes. El Zócalo capitalino se desborda y conmociona con la primera canción que el trovador cubano dedicó al guerrillero Ernesto Guevara, aquel hombre de pensamiento “muy profundo”; el soldado, jefe, guerrillero, “como individuo ejemplar”, a decir de Fidel Castro.

El sonido de la lluvia se une a la flauta ovacionada de Niurka González Núñez, al piano de Jorge Aragón, al bajo de Jorge Reyes, a la batería de Oliver Valdés y al vibráfono de Emilio Vega; todos, imprescindibles. El agua es una muestra de cariño para Silvio.

“Tláloc nos quiere”, asegura. Y es que fue con lluvia que el cielo lo recibió para entonar “Tonada para dos poemas” de Rubén Martínez Villena (poeta a quien leyó desde su niñez y a quien recuerda por haber muerto durante su participación revolucionaria en la organización del Cuarto Congreso de Unidad Sindical en 1934). Sin embargo, para los presentes, la lluvia no es sinónimo de alegría; aquellos desprevenidos que con una bolsa azul se cubren del agua, reclaman: “¡Bajen los paraguas!, ¡bajen los paraguas!”

Tras 8 años de ausencia en México y más de 10 sin haber tocado de manera gratuita frente a la Catedral Metropolitana, el hombre de 75 años celebró que su presencia fuera el 10 de junio, fecha de conmemoración por los 51 años del Halconazo.

FOTO: JORDANA GONZÁLEZ

– “¡Ni perdón, ni olvido, 10 de junio no se olvida!”, responde la audiencia a Silvio Rodríguez, quien –sensible  a las manifestaciones del pueblo mexicano– retrasó su concierto tal como se lo solicitó el Comité 68, debido a la manifestación que recordó a los 120 estudiantes reprimidos por el grupo paramilitar conocido como Los Halcones -organizado y pagado por la Dirección Federal de Seguridad en 1971-.

De pocas palabras, pero contundente. El público aplaude, grita, silva. Viejos, jóvenes sienten cada nota en su cuerpo; cierran los ojos mientras cantan con el artista fundador del Centro de la Canción Protesta de la Casa de las Américas en 1968. Desde el escenario en el cual, horas antes, recibió las llaves de la Ciudad por parte de la jefa de gobierno Claudia Sheinbaum Pardo, Rodríguez asegura que su repertorio es para todos los que creen en la posibilidad de un futuro mejor. “Ciertamente no es posible emprender un proyecto en la vida sino se tiene una Utopía”, acierta la actriz Talía Loaría.

El presidente Andrés Manuel López Obrador es uno de esos idealistas necios. Por eso, “hoy, se la vuelvo a dedicar”. Ésta es la segunda vez que la letra es para el necio que con dos elecciones presidenciales robadas, hoy preside México bajo “la cuarta transformación”. “¡Es un honor, estar con Obrador!”, corean algunos espectadores. López Obrador morirá como vivió: con convicciones, “a la zurda más que diestro”.

La noche de este 10 de junio el Zócalo capitalino se desborda, hasta los arcos de la jefatura y la Secretaría de Gobierno de la Ciudad. Las luces cálidas que caen desde Palacio Nacional y el resto de edificios iluminan el escenario gris que dejó la lluvia “como lucecitas montadas para escena”. Los ánimos se encienden con la primeras notas que anuncian un clásico del cantante reconocido a nivel internacional, “La maza”:

“Si no creyera en lo más duro/ si no creyera en el deseo/ si no creyera en lo que creo […]” “¿Qué cosa fuera?/ ¿Qué cosa fuera la maza sin cantera?/un amasijo hecho de cuerdas y tendones/ un revoltijo de carne con madera”.

Sus poemas de amor y desamor también son ovacionados. Aún más los clásicos. El público agradece y festeja que las entone. En sus letras recuerda a un amor que en su juventud fue imposible: América. También celebra amores libres; rupturas dolorosas con Ojalá y Quién fuera.

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