abril 18, 2021

Rosario la Tremendita: “El flamenco es salvaje”

La cantaora sevillana va a contracorriente: ha evolucionado del cante tradicional a la experimentación y, pese a las restricciones, ha apostado por el directo. Hoy presenta en el Conde Duque de Madrid su espectáculo más rompedor, 'Tremenda' Leer#Sonora #Expresion-Sonora.com Tomado...

El primer recuerdo que le viene a la cabeza a Rosario Guerrero (Sevilla, 1984) al pensar en la infancia es el de su abuela jugando un bingo casero en el barrio de Triana donde creció. En la escena son todas mujeres y de fondo suenan los clásicos: la Niña de los Peines, Mairena, Pepe Marchena. El flamenco ha marcado a fuego la vida de esta artista que desde los cinco años perdió su apellido y se convirtió en Rosario La Tremendita. Fue entonces cuando empezó a irse a las peñas y a los tablaos con su padre, el cantaor José el Tremendo.

Por su sangre corre esa vena artística que lleva por bandera: su bisabuela era Enriqueta la Pescaera, su tía abuela Gandinga de Triana. “Nací flamenca y moriré flamenca“, dice en conversación con EL MUNDO esta artista cuya apariencia engaña, a la que han apodado la flamenca punk por el corte de pelo que se hizo hace unos años (la mitad de la cabeza rapada, como una heroína de algún cómic de ciencia ficción), pero que en realidad guarda un respeto sagrado por la tradición.

“Lo que pasa es que los flamencos somos un poco rockeros porque el flamenco es salvaje. Pero para mí siempre ha sido algo muy serio, igual que lo era para mi padre. Desde pequeña tenía muy claro que quería dedicarme a esto”, asegura con convicción. Hace tiempo que La Tremendita emprendió un camino paralelo al de otras compañeras de generación: igual que Rocío Márquez o Soleá Morente, ella siente adentro un fuego que la impulsa a probar cosas nuevas.

Esa búsqueda iba a desembocar en un disco pero el Covid desbarató sus planes. Lo paradójico es que, en su caso, tomó una decisión contra la lógica: en una época donde apenas se pueden dar conciertos, ella decidió dar prioridad a la gira y posponer la salida del álbum. “Si te paralizas, la pandemia puede contigo. Yo he luchado contra eso, desde el primer día apagué la televisión y me he centrado en seguir trabajando”.

Así es como se plantó en septiembre de 2020 en la Bienal de Sevilla, una de las grandes citas del flamenco, para estrenar su espectáculo Tremenda, que este viernes 19 de marzo interpretará por primera vez en Madrid, en el Centro Cultural Conde Duque. “Es muy enriquecedor tocar estas canciones cuando todavía no han sido grabadas, así el público puede dialogar con ellas y van transformándose cada noche”.

Es una propuesta rompedora, donde mezcla la tradición con la electrónica, el jazz moderno y algún chute de psicodelia. Un trabajo que le acerca a voces más jóvenes como María José Llergo, incluso a la Rosalía de Los Ángeles, el debut junto a Raül Fernández Refree que dio a conocer a la barcelonesa en 2017 antes de convertirse en estrella global y asaltar América con su fusión de música latina y quejíos flamencos.

“Hace tiempo que yo quería cruzar esos dos universos: la tradición y lo contemporáneo”, explica la sevillana, que cita a su productor Pablo Martín Jones (colaborador habitual de La Shica, Fetén Fetén, Eliseo Parra y Martín Buscaglia, entre otros) como una figura clave de esta nueva etapa. “Él sabe hacia dónde quería ir yo, nos conocemos desde hace tiempo”.

Sobre las tablas La Tremendita muestra todo su poderío: se deja el alma cantando, le tira al bajo eléctrico, el cajón y la guitarra flamenca, con una presencia que sólo tienen quienes han conocido el vértigo del directo desde que eran muy pequeños. Junto a ella hay varios artistas, incluido su hermano Tremendo Hijo a las palmas, y un poderoso manto de electricidad que recuerda a las misas lisérgicas de Los Evangelistas, el proyecto que unió en 2012 a los rockeros granadinos Los Planetas y Lagartija Nick junto a las hijas de Enrique Morente en honor a la figura del maestro.

Mi voz es el primer single, una recreación de una taranta de Pepe Marchena que La Tremendita se ha llevado a su terreno. “Hay electrónica y un tratamiento de la voz contemporáneo, siguiendo esa búsqueda de nuevos territorios desde la raíz”. Confiesa que Dime, el siguiente tema que estrenará en mayo, le ha costado muchas noches sin dormir. “Es que da mucho miedo hacer una versión de Lola Flores, ella poseía una fuerza muy difícil de gestionar desde la voz de otra persona”.

Su idea es publicar en octubre de este año el disco Tremenda que reúna estas canciones de corte más experimental y, al cabo de unos meses, sacar otro con los mismos temas y la misma voz pero desnudando el sonido: quitar la electrónica e invitar en su lugar a 10 guitarristas flamencos, uno por cada corte, además de unas palmas. “Serán dos miradas sobre lo mismo, como una metáfora de esas dos caras mías que conviven la una con la otra”, resume la autora.

Rosario La Tremendita habla con seguridad y se siente confiada del lugar que ocupa en la música pero no siempre fue así. Habla de inseguridades, de una búsqueda permanente y de una obsesión casi enfermiza que casi le aleja del flamenco. Rememora cómo era el ambiente artístico donde creció. “En mi casa había instrumentos desperdigados por cualquier rincón: el cajón tirado en suelo, las guitarras sobre el sofá… Los días pasaban correteando libre entre las plazoletillas, la música siempre estaba presente”. Estudió piano en el conservatorio, en el colegio sólo pensaba en llegar a casa para ponerse a practicar con su música. “Me quedaba hasta tarde en la noche, así me fue de mal con el resto de estudios”, bromea.

Su obsesión con el cante llegó a un punto insostenible: le dio tanta importancia que se bloqueó. “Necesité saltar de esa silla, ponerme de pie y mirar más allá para poder respirar. Se había convertido en una piedra que me pesaba ya demasiado a las espaldas. Fue a los 19 o 20 años, cuando empecé a relacionarme con artistas de otras disciplinas como la danza o la plástica cuando al fin logré salir de esa cosa tan, tan, tan cargante y encontré otras formas poéticas de expresión”.

Esa deconstrucción fue perfilando la artista que hoy es Rosario La Tremendita. Está orgullosa de ser parte de una generación que se ha atrevido a renovar el flamenco. “Es muy importante lo que está pasando en el cante, hay voces muy poderosas con ganas de contar cosas nuevas. Las mujeres estamos jugado ahí un papel esencial. El flamenco es un arte vivo en constante transformación, no es más que un reflejo de los avances que vamos logrando en la sociedad”, argumenta La Tremendita, que considera que los artistas tienen “una responsabilidad” para usar su arte como altavoz contra las desigualdades.

“No es una obligación pero si de verdad te preocupan ciertos temas es tu deber expresarte. Una tiene que ser coherente con lo que cree, no puedes estar pensando qué dirá el público, si gustará a todos lo que dices. Mis canciones son comprometidas y siento que el púbico reconoce esa verdad en lo que canto”.

Más allá de flamenco, del que dice que es “una fuente inagotable de saber, porque nunca terminas de descubrir cosas nuevas”, cuenta que escucha a los clásicos del pop y el rock (David Bowie, Michael Jackson, Janis Joplin, Patti Smith), que está leyendo un libro de Joaquín Sabina y que, en general, se engancha “a cualquier cosa que tenga corazón”.

Considera que es “un milagro” poder dar conciertos, aunque sean pocos y con el aforo reducido, en las circunstancias actuales: además del bolo en Madrid, tiene confirmados otros en el festival Hola Bamako! de Mali (8 de abril), en el Teatre El Musical de Valencia (7 de mayo) y en el Festival Flamenco Trocadero de Sotogrande, en Cádiz (18 de junio). “Es importante reivindicar que la cultura es segura por todos los compañeros y compañeras que se están quedando por el camino y los tablaos míticos que se han visto obligados a cerrar estos últimos meses”, sentencia.

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