Ricky Gervais: este payaso cabrón también tiene su corazoncito

De 'The Office' a los Globos de Oro, el cómico británico ha ofendido a toda la humanidad. Pero 'After Life', que estrena temporada, es la prueba de que todo, o casi, es pura fachada Leer#ExpresionSonoraNoticias Tomado de http://estaticos.elmundo.es/elmundo/rss/cultura...

After Life

Actualizado Lunes,
17
enero
2022

01:29

De ‘The Office’ a los Globos de Oro, el cómico británico ha ofendido a toda la humanidad. Pero ‘After Life’, que estrena temporada, es la prueba de que todo, o casi, es pura fachada

Ricky Gervais: este payaso cabrón también tiene su corazoncito
Cindy OrdGetty

Todo arranca con una pregunta aparentemente sencilla, pero que nadie sabe responder con precisión: ¿por qué diantres nos importa tanto lo que la gente opina de nosotros?

Ricky Gervais se aburre. Está de gira con su monólogo Humanity (2017) y, como el diablillo que espachurra bichos con el rabo, pasa la espera antes del show con entelequias cada vez más enrevesadas.

¿Por qué nos oprime tanto el instinto de gustar al prójimo? ¿Dejaríamos de preocuparnos si el amor de nuestra vida acabara de fallecer? Y, en ese caso, ¿existe algún motivo válido para no suicidarse más allá de sacar a pasear al perro?

Estas preguntas que se formuló en su camerino resumen toda la biografía de Ricky Gervais (Reading, 1961). Es un bufón salvaje con una piel sorprendentemente fina ante las críticas. Una megaestrella del espectáculo que sigue coladísimo por su amor de adolescencia. Y un hater de la naturaleza humana que se burla de autistas, transexuales y víctimas del nazismo, pero que ama a los animales aún más que a la legión de fans que le han vuelto millonario.

Pero esas preguntas también son el eje de su último hit, Afterlife, que este viernes estrenó su tercera y última temporada en Netflix. Recordemos: es la historia de Tony, un viudo reciente que se ve incapaz de suicidarse porque no tiene a quien dejar a su perro Brandy. Y que sólo encuentra sentido a su nueva existencia gracias a un superpoder: decir lo que piensa a todo el mundo sin temor a las consecuencias.

Se trata -y eso es mucho decir- de la serie más exitosa de su carrera, con más de 85 millones de espectadores en todo el mundo. También supone el salto a la tragicomedia de un humorista que, más allá del topicazo, forjó su nombre ensanchando los límites del humor hasta vestirlo con tallas XXXL. Y que, en sucesivas reencarnaciones, se las ha apañado para ser el jefazo indiscutible de la comedia grimosa durante justo dos décadas.

Si antes se le criticaba por progre, ahora el movimiento ‘woke’ le ubica a un milímetro escaso de la ultraderecha

FRACASO TRAS FRACASO. El éxito de los últimos 20 años sólo se entiende a partir del fracaso de los 20 anteriores. Primero montó Seona Dancing, un dúo de synth pop que se estampó miserablemente (una rápida búsqueda en YouTube nos ahorrará más explicaciones). Luego se hizo mánager del grupo Suede y lo dejó justo un minuto antes de que se convirtieran en estrellas mundiales. Así que recaló en una radio londinense, Xfm, donde mataba el tedio -sí, este hombre se aburre mucho- tomando notas sobre la ridícula conducta del ser humano cuando le encierras ocho horas con decenas de extraños en una superficie enmoquetada y con una máquina de café como único narcótico (oficialmente) tolerado.

EL ANTROPÓLOGO DE LA OFICINA. Aquellas notas fueron el germen de su éxito, tan tardío como estratosférico, con The Office. Bajo el formato de un mockumentary sobre una sucursal de venta de papel se esconde la comedia más chunga de todos los tiempos: de alguna forma, el averno laboral que retrata parece más auténtico que cualquier documental de la BBC. Sólo un consejo para los insensatos que aún no la hayan visto: habrá un personaje que, por algún motivo, le hará más gracia que el resto. Lamentamos informarle de que ese personaje es exactamente usted.

EL CAMELADOR DE LAS ESTRELLAS. El éxito de The Office, con versiones en 11 países, le abrió las agendas del showbusiness mundial. Gervais aprovechó para rodar Extras, en la que interpreta a un fracasadísimo actor de reparto. Pero aquí lo meritorio no es su papel, sino que lograra que las superestrellas de Hollywood, que no destacan por su sentido del humor, aparecieran en cámara riéndose de sus propias miserias. Nada iguala a Kate Winslet quejándose de que sólo hay una forma de ganar el Oscar: rodar una peli sobre el «puto Holocausto». Como la vida imita a Ricky Gervais, y no al revés, cuatro años después Winslet recibió el Oscar por The Reader.

EL BUFÓN ASESINO. En una temeridad impropia del sector, los Globos de Oro le han encargado presentar la ceremonia cinco veces. Una escueta selección de los mejores chistes llenaría todo este periódico, así que nos quedamos con su burla del postureo de los actores ultravirtuosos: «Si ISIS abriera un servicio de streaming, lo primero que haríais todos es llamar a vuestro agente».

Sólo quiero vivir hasta el momento en que los jóvenes de hoy no sean lo suficientemente ofendiditos para la siguiente generación

Ricky Gervais

EL LÍDER ‘ANTIWOKE’. El humor de Gervais sólo tiene dos mandamientos:no hay ningún tema ajeno a la comedia y, si un chiste no te gusta, tienes todo el derecho a ofenderte, pero no a impedir que otros se rían. Su férrea defensa de la libertad de expresión le ha enfrentado al movimiento woke: si antes se le criticaba por progre, ahora se le ubica a un milímetro escaso de la ultraderecha. Su respuesta: «Sólo quiero vivir hasta el momento en que los jóvenes de hoy no sean lo suficientemente ofendiditos para la siguiente generación. ¡No se dan cuenta de que ellos serán los próximos!».

EL ANIMALISTA ENFURECIDO. Una alerta a los conservadores que estén relamiéndose ante su nuevo ídolo: Gervais es un ateo furibundo, dice más tacos de los razonables y no admite matices en su animalismo. Cada vez que matan a un torero, lo celebra ante sus 15 millones de seguidores de Twitter como si Inglaterra acabara de ganar el Mundial. Luego se abre una yonkilata y ve el mundo arder.

EL BUENISTA INESPERADO. Con todos estos antecedentes, ¿qué pinta Gervais en un melodrama que coquetea peligrosamente con la sacarina como After Life? Un matiz importante es que la serie incluye muchos chistes macabros y aún más palabrotas innecesarias. Pero quizá la clave sea que, a sus 60 años, con más 100 millones de euros en el banco y unos seguidores que se lo consienten todo, hasta un asocial confeso como Gervais por fin se atreve a mostrar al mundo lo que realmente es: un payaso cabrón que, bajo infinitas capas de humor amargado y un estilismo más que cuestionable -esas camisetas de pico no, Ricky-, esconde cuidadosamente un corazoncito que nunca ha dejado de latir.

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