Reseña de nuestro Disco de la Semana: Lives Outgrown de Beth Gibbons

Reseña de nuestro Disco de la Semana: Lives Outgrown de Beth Gibbons

En este espacio plantearemos una reflexión en torno al que consideramos el disco más relevante de la semana. En esta entrega: Libes Outgrown de Beth Gibbons. A estás alturas de la vida, que Beth Gibbons lance su primer álbum como solista es...#Expresion-Sonora.com #Sonora
Tomado de https://warp.la/

En este espacio plantearemos una reflexión en torno al que consideramos el disco más relevante de la semana. En esta entrega: Libes Outgrown de Beth Gibbons.

A estás alturas de la vida, que Beth Gibbons lance su primer álbum como solista es todo un acontecimiento para la historia de la Música contemporánea. 

Sobre todo porque parece inverosímil que ese disco llegue hasta ahora, considerando que la británica tiene décadas de presencia en el panorama público del Arte.

O al menos eso nos hace creer.

Y es que, si lo pensamos bien, su figura -hasta ahora inevitablemente ligada a Portishead- es casi espectral. En 30 años: tres discos con la banda, un trabajo junto a Rustin Man y un número de giras no mayor a los dedos de las manos. 

Estar, solo cuando es necesario. Y bajo ese mantra también se ha construido Lives Outgrown, la primera gran aventura de Beth Gibbons completamente por su cuenta.

Una placa que al escucharla y explorarla, cobra sentido el tiempo en el que ha llegado. Como si este fuera el momento perfecto y ella siempre lo hubiese sabido.

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Pero vayamos a ello, porque la premisa que sustenta Lives Outgrown es tan bella como terrible: la certeza absoluta de la muerte. Y la cantautora la aborda con una sensación aún más acongojante: que ese destino inevitable está cada vez más cerca para ella.

Beth Gibbons no se miente: a sus 59 años y pese a las maromas argumentativas que la humanidad elige para ignorarlo, el ocaso empieza a verse de frente.

Primero, con el miedo natural que produce la idea del final; y después, al darse cuenta de que si bien la partida del plano terrenal llega con el acto contundente de un corazón que deja de latir, la decadencia es -en realidad- un proceso cuesta abajo.

Un cuerpo que ya no es el de antes, una mente que pierde velocidad y la tragedia de ver que el mundo puede avanzar sin esperarte.

Puesto así, cualquiera pensaría que estamos ante una obra sobrada de pesimismo y melodrama; sin embargo, Beth Gibbons se vale de la paradójica sabiduría que solo puede dar la experiencia para sustituir la resignación por aceptación.

Al escribir este disco, la cantante se despoja de prejuicios para moldear un retrato sobre alguien que se redescubre en el envejecimiento.

Y más allá de ver al tiempo como el gran villano del relato humano, lo entiende como el eje del curso natural de las cosas. 

Justo y democrático… Igual para todo el mundo. 

Así, Beth Gibbons reconoce el dolor como una parte de su propio desarrollo en la ruta a convertirse la mejor versión posible de sí misma. Tal l vez no desde lo físico; pero sí desde lo emocional, lo psicológico y lo espiritual.

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Es entonces que Lives Outgrown deja de ser un capítulo en el camino del héroe para ser la fábula del sensei, quien finalmente entiende que la vida es el viaje, no el destino.

Con un discurso así de poderoso, Beth Gibbons enfrentaba el reto de expresarlo con la misma fuerza a través de la instrumentación.

Y la primera gran decisión fue la de deslindarse por completo del sonido de Portishead. A cambio, lo que escuchamos es una producción orquestal robusta y compleja pero no por eso pretenciosa e inaccesible.

Por el contrario, la música en Lives Outgrown lleva la narrativa de Beth Gibbons a un plano cinematográfico.

De las primeros elementos a destacar están las secciones y arreglos de cuerdas, con un perfil modernista que juega con disonancias y afinaciones asimétricas para crear una ambientación que se debate entre el caos y la calma.

Después, las percusiones, que en tracks como “Reaching Out” toman un protagonismo singular al plantear tempos casi ceremoniales que abonan a la épica del disco.

Finalmente, los metales, cuya aparición es administrada de tal manera que si bien no tiene presencia en todas las canciones, si dinamitan aquellas en las que forman parte para dotarlas de potencia y explosividad.

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En la escucha integral, resulta complejo etiquetar Lives Outgrown en un solo género, dados sus acercamientos con la Música de Cámara, el Folk y el Jazz; así como la influencia obtenida de la cultura gitana y la celta; pero si tuviéramos que asociarlo con otros discos célebres que se valen de esa abstracción sonora, podríamos decir que el debut de Beth Gibbons pertenece a la misma familia de Blackstar de David Bowie y del periodo de principio de siglo de Philip Glass.

Al final de la experiencia, Lives Outgrown siembra la idea de que estamos ante una obra mayúscula que no solo tomará protagonismo como uno de los mejores discos de este año, sino que dejará una huella indeleble de cara al futuro de una industria que busca a toda costa suprimir esfuerzos creativos como este: cimentados desde la paciencia y la reflexión.

Este es un testimonio valiente y feroz sobre la capacidad de reconciliar el miedo a la muerte sin dejar de disfrutar la vida. 

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