La izquierda desde 1989
Hace unos 25 años, al inicio del nuevo siglo, el trauma de la masacre del 4 de junio de 1989 en la plaza Tiananmen comenzó a disiparse y la vida política se reactivó paulatinamente, sobre todo en el mundo académico. Se reavivaron los debates, con posiciones divididas en los liberales y la nueva izquierda. Sin embargo, quienes llevaban la voz cantante no eran liberales ni izquierdistas. Los primeros eran más bien neoliberales, más interesados en impulsar una mayor mercantilización que en demandar una democracia liberal. Esto se debía en parte (y comprensiblemente) a la preocupación por su seguridad y en parte a su fe en el mercado (capitalista). Los segundos eran en su mayoría nacionalistas que defendían al régimen de partido único (¡después de la masacre!) y lo veían como defensor del interés nacional o del interés económico del pueblo, pero en ningún caso de sus derechos políticos.
Aparte de esto, el auge de internet trajo también las voces de minjian, o la gente común, de maoístas a trotskistas o socialdemócratas. Fue también la época de las ONG, que se dedicaban y promovían cuestiones diferentes. Los círculos académicos de Hong Kong y las organizaciones de la sociedad civil del enclave desempeñaron un papel significativo en este proceso. A pesar de que estas ONG no se movilizaban por cuestiones políticas, el Estado seguía muy de cerca sus actividades (en particular las que se dedicaban a temas laborales), por temor a que se radicalizaran.
El florecimiento de los debates políticos y de las ONG llevaron a algunas personas a creer que se acercaba la edad de la liberalización, pero ocurrió lo contrario. En 2015, Xi Jinping hizo tabla rasa y prohibió la mayoría de ONG laboralistas en la China continental, ordenando la detención de los abogados y abogadas defensoras de los derechos humanos. En 2018, un grupo de estudiantes maoístas lanzaron una campaña de solidaridad con la plantilla de la fábrica de Jasic, que pretendía fundar un sindicato de empresa. Pronto los detuvieron (o simplemente secuestraron) y acto seguido se prohibieron las sociedades marxistas dirigidas por estudiantes de varias universidades. De hechio, la persecución de maoístas se había iniciado ya hacía más de 20 años, cuando algunos atacaron al difunto expresidente Jiang Zemin por admitir el ingreso en el partido de personajes capitalistas. Este giro radicalizó a su vez a algunos maoístas, que fundaron el Partido Comunista Maoísta. Pero poco tiempo después, en 2009, su líder, Ma Houzhi (馬厚芝), fue condenado a diez años de prisión.
Con el golpe represivo en Hong Kong en 2020, Pekín castigó a la población por haberse atrevido a ofrecer resistencia a la ley de extradición del año anterior. Eliminó toda oposición política y prohibió los movimientos sociales del antiguo enclave, incluidos los sindicatos y los pequeños grupos de izquierda. Entre estos últimos, el grupúsculo trotskista tenía un valor simbólico: había constituido la oposición de izquierda más coherente y duradera al PCCh, habiéndose constituido cerca de un siglo antes. Antes de la campaña represiva, la antigua colonia solía ofrecer una segunda oportunidad de sobrevivir a toda una serie de disidentes políticos chinos.
En la parte continental no ha habido ninguna oposición organizada desde 1949. A partir de 1979 surgió una fuerte corriente liberal, pero no obtuvo permiso para organizarse. Desde 2017, cuando Liu Xiaobo, el principal líder liberal, murió en prisión, la influencia liberal ha ido menguando bajo la represión de Xi, aunque ocasionalmente ha conseguido hacer ruido. Únicamente los nacionalistas han ido reforzándose, ya que cuentan con el respaldo del régimen. Actualmente ya no queda ninguna corriente de izquierda visible. Y lo que es más escalofriante: a pesar de hacer sufrido represión durante años, el movimiento Falun Gong sigue siendo la corriente organizada más ruidosa en el extranjero (y probablemente con presencia clandestina en el interior de China). Como culto religioso que exige lealtad personal a su máximo líder, su orientación política no favorece a la clasde trabajadora.
¿Cómo calificar este régimen?
Así que ¿cómo calificamos un régimen que suprime toda disidencia, desde la corriente liberal hasta la izquierda en todas sus variantes y las asociaciones cívicas independientes? Antes de ponerle un nombre comentaremos brevemente sus características básicas:
- Poder omnímodo del Estado. No solo puede controlar en última instancia todos los asuntos públicos, sino también las vidas privadas, desde la fertilidad de las mujeres hasta la obtención de un pasaporte y la detención de jóvenes que celebran Halloween.
- El Estado se halla a su vez bajo el control absoluto del partido, que nunca se toma la molestia de convocar elecciones libres y justas. Y el partido, a su vez, tiene un líder supremo que puede cambiar la constitución a voluntad para autonombrarse autócrata vitalicio.
- Hay control del pensamiento y adoctrinamiento en la ideología del partido, cuya esencia es muy simple: tingdanghua, gendangzou (聼黨話,跟黨走), o “escucha al partido y sigue al partido”.
- Su nacionalismo chino es etnocéntrico. Ve a la nación como un conjunto homogéneo y al partido como su agente natural. Su chovinismo han se ha convertido ahora en racismo, que practica el genocidio cultural y el encarcelamiento de tibetanos y uigures.
- El partido también contempla la sociedad china como un conjunto homogéneo, de manera que los y las disidentes constituyen una amenaza para la nación que es preciso extirpar. No solo está prohibida toda oposición organizada, sino también se silencia toda oposición individual una vez cobra influencia.
- Para asegurar la anulación de toda oposición política, el partido-Estado recurre a la vigilancia integral y al infame sistema de crédito social. El dinero digitalizado controlado por el Estado refuerza asimismo la sociedad orwelliana.
- Su estrategia económica se ha centrado desde mediados de la década de 1950 en la prioridad de la inversión en infraestructuras e industrias pesadas o avanzadas por encima del consumo básico y el bienestar de la población, como demostraron el Gran Salto Adelante y la Gran Hambruna. Desde 1979, el partido ha reintroducido el capitalismo en China, y junto con él un influjo masivo de capital extranjero. Esto ha permitido al partido cumplir los objetivos de una rápida industrialización y la alimentación de la población. Sin embargo, de hecho la pobreza relativa (la parte del trabajo en la renta nacional) ha aumentado, pues la burocracia del partido ha utilizado su poder absoluto para apoderarse y comercializar recursos vitales para enriquecerse a sí misma. Es una burocracia aburguesada.
- Sus inversiones en el extranjero se han situado en el quinto puesto a escala mundial durante muchos años y ha buscado el éxito comercial y el poder geopolítico, cosa que no es peor que otros Estados capitalistas, pero tampoco es mejor. Esto ha llevado necesariamente a Pekín hacia el expansionismo económico, seguido del expansionismo político, puesto que se considera sucesor legítimo de la China imperial y del Kuomintang (KMT), junto con el territorio que entiende que le pertenece. Por eso ha copiado la falacia de la línea de los nueve puntos del KMT que delimita una vasta extensión del mar de China Meridional que considera que le pertenece.
Un régimen imperialista de extrema derecha
Únicamente un régimen de extrema derecha presenta todas estas características. Mientras que Trump se halla todavía en la primera fase de su ingeniería autocrática, la autocracia orwelliana de Xi Jinping ya ha avanzado a su versión digitalizada, precisamente porque su partido ya ejerce un control total. Ver en Pekín un régimen esencialmente más progresista que la administración de Trump es uno de los peores delirios.
En plena guerra comercial entre EE UU y China, algunas personas de la izquierda internacional se alegran de que Pekín responda al acoso de Trump. El fracaso de Trump nos parece temporalmente positivo, pero no debemos olvidar que cualquier victoria de Xi en su contraofensiva siempre hará que sea el pueblo quien pague los platos rotos. Y ante la guerra comercial (presión externa) y la sobrecapacidad y el desempleo en el interior, Xi ha optado por acelerar las exportaciones del país. Esto no hace más que trasladar el problema a otra parte, pero no lo resuelve. En realidad, agravará la crisis mundial.
En el fondo, Xi no combate el imperialismo, sino que se centra en su propia agenda de haodaxigong (好大喜功), la búsqueda de grandeza y gloria, mientras sirve a los intereses colectivos de la burocracia aburguesada. Saber si Pekín ha alcanzado la paridad con el poder de EE UU es una cuestión importante, pero secundaria. La cuestión primordial es el hecho de que el expansionismo global chino está convirtiéndose en imperialismo. Los y las socialistas honestas no esperan hasta que Pekín haya alcanzado plenamente su objetivo antes de advertir al mundo de este peligro.
Como régimen inveterado de extrema derecha, sin ninguna supervisión del Estado desde dentro o desde una oposición o movimiento social externo, Pekín encierra graves peligros para el pueblo chino y para el mundo. Sí, el imperialismo estadounidense es mucho más fuerte en términos militares y económicos, y en estos momentos es más dañino para el mundo. Pero China también podría infligir un daño inmenso. Nadie podría impedir que Xi iniciara una guerra injusta (como la invasión de Vietnam por orden de Deng Xiaoping en 1979) o priorizara su lucha por la hegemonía sobre su pueblo, como hizo Mao. No sé cómo responder a este megadesafío, pero lo menos que podemos hacer es llamar a un Leviatán por su nombre correcto.
26/12/2025
ESSF
Traducción: viento sur
Tomado de https://vientosur.info/



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