POR UNA INTELIGENCIA ARTIFICIAL PÚBLICA, DEMOCRÁTICA Y ANTIMONOPÓLICA

A raíz de la renuncia de Zoë Hitzig en OpenAI

La renuncia de Zoë Hitzig no es una anécdota aislada, sino un síntoma de una falla estructural en el modelo actual de desarrollo tecnológico. Lo que OpenAI está repitiendo no son solo los errores de Facebook, sino la lógica depredadora del capitalismo de vigilancia. Abordar esta cuestión implica no refugiarse en la nostalgia por una tecnología "neutral" que nunca existió, sino construir alternativas que pongan la tecnología al servicio de las mayorías y no de los accionistas.

1. EL DIAGNÓSTICO: LA FALACIA DE LA "ELECCIÓN FALSA"

La dicotomía entre "acceso de pago para ricos" y "acceso gratuito con vigilancia y manipulación" es una trampa ideológica. Esta falsa elección beneficia a las grandes corporaciones al presentar su modelo de negocio extractivista como la única opción viable.

Esto implica la mercantilización de la subjetividad humana. No se trata solo de datos; se trata de conversaciones íntimas, miedos, esperanzas y procesos de pensamiento. Convertir ese archivo de "franqueza humana sin precedentes" en un blanco para la publicidad conductual es una forma de alienación profunda. Es privatizar la esfera más íntima del ser humano para generar plusvalía.

El riesgo no es solo la manipulación comercial, sino la manipulación política y social. Un sistema entrenado para ser adulador y dependiente, y que además conoce nuestras vulnerabilidades, es la herramienta perfecta no solo para vender productos, sino para consolidar poder, polarizar debates y erosionar la autonomía ciudadana. Lo que empezó como un asistente complaciente puede terminar como un sofisticado motor de propaganda personalizada.

2. LA PROPUESTA: MÁS ALLÁ DE LA RSC (RESPONSABILIDAD SOCIAL CORPORATIVA)

Las soluciones no pueden depender de la buena voluntad de las empresas o de "principios" publicados en un blog, que se erosionan tan pronto como chocan con la maximización del beneficio. Necesitamos soluciones estructurales, vinculantes y democráticas. Las opciones que plantea Hitzig son un excelente punto de partida.

A. LA TECNOLOGÍA COMO INFRAESTRUCTURA PÚBLICA ESENCIAL (SUBVENCIONES CRUZADAS OBLIGATORIAS)

Esta es la propuesta más transformadora. Al igual que el acceso a la electricidad, el agua o las telecomunicaciones, el acceso a herramientas tecnológicas de propósito general con potencial transformador debe ser considerado un servicio de interés público.

Aplicación concreta: No se trata solo de un "cargo extra" voluntario a las empresas. Debe establecerse un impuesto a la automatización o un canon por uso comercial de alto valor. Las empresas que utilicen estos sistemas para reemplazar mano de obra humana y aumentar sus márgenes de beneficio deben contribuir a un fondo público.

Uso de los fondos: Este fondo, gestionado de forma transparente y con participación social, serviría para:

1. Subvencionar el acceso universal y gratuito a estas tecnologías para individuos, pequeñas empresas, cooperativas, instituciones educativas y sanitarias públicas.
2. Financiar la investigación pública en tecnología ética y de código abierto, creando una alternativa real a los modelos privados.
3. Establecer programas de formación y recapacitación para los trabajadores afectados por la automatización.

B. GOBERNANZA DEMOCRÁTICA VINCULANTE (EL FIN DE LA AUTONOMÍA CORPORATIVA)

Un consejo de supervisión independiente con poder vinculante es fundamental. Pero su composición y alcance deben ser más ambiciosos que el modelo de Meta.

Composición plural: Este consejo no debe ser solo de "expertos externos". Debe incluir, con poder de voto real:

– Representantes de los usuarios y de la sociedad civil (elegidos democráticamente).
– Representantes de los trabajadores de la empresa y del sector tecnológico.
– Expertos en derechos digitales, ética y ciencias sociales.
– Representantes del sector público (defensoría del pueblo, agencias de protección de datos).

Poderes vinculantes: Este organismo tendría la autoridad para:

– Aprobar o vetar cualquier cambio en las políticas de uso de datos, especialmente los que impliquen publicidad conductual.
– Auditar los algoritmos para detectar y corregir sesgos de manipulación, adulación o refuerzo de ideas dañinas.
– Establecer límites claros sobre qué tipo de datos conversacionales pueden ser monetizados y cuáles deben ser considerados inviolables.

C. PROPIEDAD SOCIAL DE LOS DATOS (FIDEICOMISOS Y COOPERATIVAS DE DATOS)

Esta es la propuesta más innovadora y de mayor calado. En lugar de que los datos sean un activo de la empresa, deben ser gestionados por una entidad que represente los intereses de los usuarios.

Modelo cooperativo: Al estilo de Midata, los usuarios podrían ser miembros de una cooperativa de datos. Esta cooperativa sería la propietaria legal del "archivo de franqueza humana". La empresa no tendría acceso directo a los datos, sino que la cooperativa negociaría las condiciones de uso.

Empoderamiento real: Esto transformaría la relación de poder. En lugar de ser un usuario pasivo que "acepta" las condiciones, el ciudadano se convierte en copropietario y co-decide, en asamblea, cómo se utiliza su patrimonio digital colectivo. La empresa sería una prestadora de servicios que debe rendir cuentas a la cooperativa.

LA BATALLA POR EL FUTURO DIGITAL

La decisión de OpenAI de introducir anuncios es una batalla en una guerra más amplia por la naturaleza de nuestra sociedad digital. No se trata solo de criticar, sino de articular y luchar por una visión alternativa: una tecnología que sea pública, democrática y al servicio del bien común.

Esto implica dejar de ver la tecnología como un destino manifiesto dictado por Silicon Valley y empezar a verla como un territorio en disputa que debe ser moldeado por la ciudadanía. Las soluciones existen (subvenciones públicas, gobernanza vinculante, propiedad cooperativa). Lo que falta es la voluntad política y la presión social para imponerlas frente al poder descomunal de los monopolios tecnológicos. El camino no será fácil, como bien señala Hitzig, pero la alternativa —una sociedad dividida entre una élite con tecnología privada y una mayoría manipulada por una tecnología gratuita— es simplemente inaceptable.

Por Alejandro Palma