Por quién votar

Por quién votar

Parque México

Fernando Solana Olivares

1. No se puede hacer nada de la nada, escribió el poeta latino Lucrecio. Nada saldrá de la nada, dijo después el rey Lear. Ese principio define el no-programa político de la derecha mexicana, la cual durante seis años se ha dedicado a rechazar mediante falacias mediáticas y campañas negras las propuestas legislativas y de gobierno de Andrés Manuel López Obrador, sean estas las que sean y sin ningún análisis en el cual prevalezca el interés nacional, sólo por provenir de un personaje político que concentra sus odios, sus obsesiones y su fascinación —negativa e inconfesa, al modo de un enamoramiento secreto y vergonzante—, como ningún otro dirigente había provocado en la historia moderna del país. 

       La magnitud de ese rechazo, su insistencia e invariabilidad son proporcionales a la afectación de los intereses conservadores y oligárquicos, tanto nacionales como extranjeros, que ha representado su llegada a la Presidencia, su mayoría legislativa y electoral y las medidas del gobierno de Morena y la 4T.  Afectaciones meramente discursivas algunas y otras de carácter práctico, pero suficientes para arrebatar a la derecha neoliberal el poder político y el control ideológico ejercido durante treinta años, y evitar mediante el voto democrático y mayoritario que regrese a detentarlo.

2. La sociedad tardomoderna es una formidable empresa de sugestión que ha producido la mentalidad actual, fabricándola de tal manera que se vea obligada a ignorar la posibilidad de haber sido fabricada. Este ocultamiento, que hace pasar por natural un proceso diseñado, es el mayor secreto de todos.

       El último episodio de la batalla por las ideas, una guerra cultural todavía en curso y ahora agudizada en Occidente, empezó en la década de los años sesenta/setenta del siglo pasado cuando la contracultura liberal influía el escenario público frente al sangriento fracaso de la guerra de Vietnam, la corrupción política de las democracias y los valores del sistema capitalista rechazados por la juventud. Desde entonces fanáticos religiosos, ideólogos conservadores, agencias de inteligencia, académicos universitarios y centros de pensamiento, capitales financieros, hombres de negocios, políticos reaccionarios y economistas neoliberales se comprometieron en una “larga marcha” para capturar los Estados nacionales, imponer una globalización desigual en el planeta y moldear una ideología común.

       Poderosas fundaciones ultraconservadoras se empeñaron en contrarrestar, a través de los medios de comunicación y la sociedad del espectáculo, la crítica que surgía desde el pensamiento de izquierda y los campus universitarios. Sobrevendría el “fin de la historia” proclamado por uno de los intelectuales orgánicos de esa revolución conservadora que a partir de 2001 alcanzaría la hegemonía casi planetaria como si fuera un hecho benéfico para todas las sociedades. 

3. Durante décadas los mensajes de la revolución conservadora han sido cuidadosamente diseñados y difundidos empleando elaboradas técnicas de marketing, relaciones políticas, gestión pública, cabildeos legislativos, agencias de espionaje y contenidos de entretenimiento que se repiten en un ecosistema colectivizado hasta ser asumidos por las grandes mayorías.

       Desde la negación de la existencia del bien común para reemplazarla por la disolvente noción del interés individual (“no hay sociedad sino individuos”, es uno de sus mantras), hasta la afirmación de que los sistemas de salud y seguridad social estatales, los derechos laborales, las escuelas públicas y las burocracias gubernamentales son ineficaces y perjudican el desarrollo económico, obsesión ideológica del necrocapitalismo, porque frenan la “competitividad” de un país. Desde la abolición de las obligaciones históricas de los Estados nacionales y sus soberanías, hasta la interesada exacerbación de la violencia del crimen organizado y la fatalidad de la inestabilidad colectiva, los mensajes se inoculan en la conciencia de la gente por múltiples medios.

       Esta sobresocialización hegemónica es una técnica llamada Mighty Wurlitzer por la CIA: propaganda pertinaz y repetida que se asume irreflexivamente como verdad. Un estudio al respecto advierte que “el resultado de esta estrategia invisible en extremo es una amplificación extraordinaria de los puntos de vista de la derecha sobre una gran variedad de temas”. A partir de ese momento lo que se hace pasar por realidad, aunque sea manipulada, nihilista y destructiva, aunque afecte los intereses públicos y comunes, se volverá inevitable y racional.  

       Tienen razón entonces porque han vencido. Han vencido porque tienen razón. Así, la filosofía de la victoria se convierte masivamente en una verdad acrítica, devocional.

4. Las operaciones de manipulación masiva provienen de una degradación del lenguaje que busca la degradación de las personas y de la sociedad. “Lengua de madera”, le llama Georges Orwell.

       Es un lenguaje decadente compuesto de metáforas muertas, palabras vacuas, eufemismos, frases hechas. Un lenguaje mendaz que finge entregar bienes pero no hace sino liberar ruidos e impedir la comprensión de lo real. Como un “catálogo de estafas y perversiones” a gran escala, actos de engaño calculados para evitar la comprensión. 

       El lenguaje descuidado e intencionalmente empobrecido inhibe el pensamiento y convierte a las personas en víctimas inertes de las manipulaciones del poder. Elimina el conjunto de ideas y sus conceptos para ser sustituidos por una simplificación cuyo fundamento es la posverdad: afirmaciones falsas y mentirosas que no requieren demostrarse para ser emitidas y acríticamente creídas.

       La mentira como reiteración verosímil y sistemática exige un autoengaño inducido voluntariamente y solapado por quien lo afirma y por aquel que lo cree. (“Ya te lo dije tres veces, entonces es verdad”, promulga la Reina de Corazones en Alicia). Una afirmación repetida muchas veces se convierte en su misma demostración: es verdad porque se dice, porque se dice es verdad.

       Los discursos de odio se nutren de tales mecanismos. Uno de ellos es lo que se ha descrito como “el sistema de angustias” construido por los medios de comunicación masiva. Forma parte de la cultura del miedo exacerbada por el neoliberalismo. Como observa Ilán Semo, “el retorno de la extrema derecha no es casual, […] apuesta por enardecer la incertidumbre”.

5. Alguna de las novelas políticas sobre estos crispados tiempos mexicanos estará compuesta con la suma de delirantes insensateces (abolición de la propiedad privada, nacionalizaciones “socialistas”), obscenas pendejadas (magia negra desde Palacio Nacional, crímenes políticos, libros de texto “comunistas”), falacias impúdicas (petróleo regalado a Cuba, escasez intencional de medicamentos), aseveraciones calumniosas (culto a la Santa Muerte promovido por la 4T), infamaciones gratuitas (la Casa Gris, vínculos presidenciales con el narcotráfico), credulidades públicas (cierre inminente de templos católicos, debacle del sistema eléctrico), comparaciones demenciales (Venezuela, Stalin, dictadura, Gulag, genocidio), y un larguísimo etcétera de desbarros, entre ellos los soeces insultos y las crónicas faltas de respeto contra la investidura presidencial. 

      Invenciones elementales revestidas de una supuesta seriedad que desde hace seis años saturan espacios noticiosos, opiniones y análisis, aparentemente variopintos aunque siempre negativos y parciales, obedeciendo una unificación temática a la que responden los medios del mainstream informativo. “Nado sincronizado”, llama la teoría comunicativa a esas campañas de similitud programada impuestas desde los centros del poder político y económico.

       Sus agentes y difusores responden a una perspectiva que no es espontánea. Como en todo proceso piramidal, existe un vértice desde el cual se dictan las líneas opinativas a seguir y de ahí se propagan hacia los participantes en las violentas campañas de crispación obsesiva y mentiras catastróficas contra la 4T desde 2018 hasta hoy.

       Siguiendo el principio lógico de la Navaja de Ockham —un principio de economía deductiva que propone no multiplicar sin necesidad las razones de un fenómeno dado, y postula que la explicación más simple es la más probable—, la organización opositora Fuerza y Corazón por México, formada por el PRI, el PAN y el PRD bajo la dirección del empresario Claudio X. González, es la que se encarga de marcar las tendencias y tópicos comunicacionales, en los que interviene el Departamento de Estado norteamericano, sus agencias de inteligencia (CIA y DEA entre otras) y de financiamiento a instituciones “democráticas” de la sociedad civil en México y otros países, así como los centros financieros trasnacionales, verdaderos mandantes de la política occidental.   

       Estratificado en círculos, el pequeño grupo que obedece y a la vez instrumenta las tácticas de esta guerra sucia hace llegar a los propietarios de los medios masivos y a sus opinadores a sueldo, entre los cuales se encuentran conspicuos “intelectuales” que nunca lo han sido dada su venal sujeción al poder político y económico y su mediocridad conceptual, las tendencias que deberán seguirse. En esa centralización se origina el golpeteo sistemático y unificado de las redes sociales, uniformidad que en sí misma resulta una confesión de parte y una prueba de que se trata de una operación política neoliberal de desestabilización golpista. 

6.  Las recurrencias y límites del discurso negativo de la oposición son patéticos. 

       “Todo está mal”, afirma, violentando la lógica analítica. El todo no existe y en cualquier contexto hay matices, excepciones y salvedades. La totalización de lo negativo describe a quien lo utiliza más que a aquello que se pretende reprobar. No demuestra nada, sólo lo califica.

       El menosprecio de fenómenos como la amplia popularidad presidencial mantenida durante todo el sexenio, la cual quiere explicarse como la “servidumbre voluntaria” de una sociedad enajenada por el miedo, estupidizada por sus propias limitaciones o chantajeada populistamente por los apoyos sociales.  

       Afirmaciones retóricas como la “deriva autoritaria” del lópezobradorismo en este sexenio que, con el triunfo de Morena, se extendería por seis años más. Esa “grave amenaza para la democracia”, enarbolada por una pequeña cofradía de académicos y muy desprestigiados intelectuales, sólo podría evitarse con el triunfo de la oposición, la cual según ellos representa la pluralidad democrática del diálogo y la tolerancia.

       Es asombroso que dicha pluralidad esté representada por una clase política delictiva y cleptocrática que ha saqueado al país por décadas, sin otro proyecto político que su propio beneficio, utilizando un engendro político como el PRIAN y su limitada y hueca candidata presidencial.

       La “deriva autoritaria” invocada por los intelectuales que fungen como ideólogos de esta vergonzosa coalición de intereses, antes prosas críticas y ahora amanuenses del peor conservadurismo corrupto, es su propia deriva moral. El triste plato de lentejas, así sean millonarias, con el que fueron comprados.

       Conociendo a los tres o cuatro actores principales del complot, conociendo sus obras escritas y su trayectoria pública, no debiera llamar a sorpresa que al final de sus días continúen traicionando una obligación cultural y de independencia crítica que hace décadas abandonaron. Mediocres Faustos de caricatura cuyo destino será (ya es) el oprobio de su desprestigio. La historia no los perdonará.

7.  A pesar de sus claroscuros, del cuestionable pragmatismo político que ha caracterizado parte de su desarrollo, de sus errores en el método de gobierno y en el tratamiento de la inseguridad nacional, de su confrontación recurrente desde la presidencia (un mecanismo reactivo de defensa que acabó demostrando su brillantez táctica y su genialidad estratégica), de su tabula rasa a veces indiscriminada, de la providencialidad que el presidente se atribuyó a sí mismo, de su horizonte mental productivista y socialdemócrata propio de una época en parte anclada en el pasado, la 4T ha representado un hito en el destino de la nación. Este gobierno deja tras de sí una sociedad informada y participativa. Su gran pedagogía civil fue hacer del ejercicio del poder un asunto público ante los ojos de todos. Reivindicar la soberanía sobre los recursos nacionales y fortalecer un Estado que el neoliberalismo de la revolución conservadora pretendió seguir desmantelando en beneficio de los intereses geopolíticos y económicos del imperio y los grandes capitales trasnacionales.

       Para contrarrestar la judicialización de las elecciones, la intentona de un lawfare —esos golpes de Estado en nombre de la “ley”, como los llevados a cabo en América Latina bajo la dirección de las agencias de inteligencia norteamericanas y con la participación de los poderes judiciales y electorales locales— es necesario votar masivamente por Claudia Sheinbaum y los candidatos de Morena. 

       La política es el arte de lo posible. No de lo perfecto sino objetivamente de lo mejor posible. Frente al antidemocrático horror económico y social que representa la derecha, en un momento de descomposición mundial como el que se vive, México sigue contando con la oportunidad de construir un mejor presente y elaborar un futuro común habitable.

       Claudia Sheinbaum es la única opción para lograrlo. Lo demás es el regreso a un purgatorio que durante treinta años este país ya padeció. 

Tomado de https://morfemacero.com/

Parque México

Fernando Solana Olivares

1. No se puede hacer nada de la nada, escribió el poeta latino Lucrecio. Nada saldrá de la nada, dijo después el rey Lear. Ese principio define el no-programa político de la derecha mexicana, la cual durante seis años se ha dedicado a rechazar mediante falacias mediáticas y campañas negras las propuestas legislativas y de gobierno de Andrés Manuel López Obrador, sean estas las que sean y sin ningún análisis en el cual prevalezca el interés nacional, sólo por provenir de un personaje político que concentra sus odios, sus obsesiones y su fascinación —negativa e inconfesa, al modo de un enamoramiento secreto y vergonzante—, como ningún otro dirigente había provocado en la historia moderna del país. 

       La magnitud de ese rechazo, su insistencia e invariabilidad son proporcionales a la afectación de los intereses conservadores y oligárquicos, tanto nacionales como extranjeros, que ha representado su llegada a la Presidencia, su mayoría legislativa y electoral y las medidas del gobierno de Morena y la 4T.  Afectaciones meramente discursivas algunas y otras de carácter práctico, pero suficientes para arrebatar a la derecha neoliberal el poder político y el control ideológico ejercido durante treinta años, y evitar mediante el voto democrático y mayoritario que regrese a detentarlo.

2. La sociedad tardomoderna es una formidable empresa de sugestión que ha producido la mentalidad actual, fabricándola de tal manera que se vea obligada a ignorar la posibilidad de haber sido fabricada. Este ocultamiento, que hace pasar por natural un proceso diseñado, es el mayor secreto de todos.

       El último episodio de la batalla por las ideas, una guerra cultural todavía en curso y ahora agudizada en Occidente, empezó en la década de los años sesenta/setenta del siglo pasado cuando la contracultura liberal influía el escenario público frente al sangriento fracaso de la guerra de Vietnam, la corrupción política de las democracias y los valores del sistema capitalista rechazados por la juventud. Desde entonces fanáticos religiosos, ideólogos conservadores, agencias de inteligencia, académicos universitarios y centros de pensamiento, capitales financieros, hombres de negocios, políticos reaccionarios y economistas neoliberales se comprometieron en una “larga marcha” para capturar los Estados nacionales, imponer una globalización desigual en el planeta y moldear una ideología común.

       Poderosas fundaciones ultraconservadoras se empeñaron en contrarrestar, a través de los medios de comunicación y la sociedad del espectáculo, la crítica que surgía desde el pensamiento de izquierda y los campus universitarios. Sobrevendría el “fin de la historia” proclamado por uno de los intelectuales orgánicos de esa revolución conservadora que a partir de 2001 alcanzaría la hegemonía casi planetaria como si fuera un hecho benéfico para todas las sociedades. 

3. Durante décadas los mensajes de la revolución conservadora han sido cuidadosamente diseñados y difundidos empleando elaboradas técnicas de marketing, relaciones políticas, gestión pública, cabildeos legislativos, agencias de espionaje y contenidos de entretenimiento que se repiten en un ecosistema colectivizado hasta ser asumidos por las grandes mayorías.

       Desde la negación de la existencia del bien común para reemplazarla por la disolvente noción del interés individual (“no hay sociedad sino individuos”, es uno de sus mantras), hasta la afirmación de que los sistemas de salud y seguridad social estatales, los derechos laborales, las escuelas públicas y las burocracias gubernamentales son ineficaces y perjudican el desarrollo económico, obsesión ideológica del necrocapitalismo, porque frenan la “competitividad” de un país. Desde la abolición de las obligaciones históricas de los Estados nacionales y sus soberanías, hasta la interesada exacerbación de la violencia del crimen organizado y la fatalidad de la inestabilidad colectiva, los mensajes se inoculan en la conciencia de la gente por múltiples medios.

       Esta sobresocialización hegemónica es una técnica llamada Mighty Wurlitzer por la CIA: propaganda pertinaz y repetida que se asume irreflexivamente como verdad. Un estudio al respecto advierte que “el resultado de esta estrategia invisible en extremo es una amplificación extraordinaria de los puntos de vista de la derecha sobre una gran variedad de temas”. A partir de ese momento lo que se hace pasar por realidad, aunque sea manipulada, nihilista y destructiva, aunque afecte los intereses públicos y comunes, se volverá inevitable y racional.  

       Tienen razón entonces porque han vencido. Han vencido porque tienen razón. Así, la filosofía de la victoria se convierte masivamente en una verdad acrítica, devocional.

4. Las operaciones de manipulación masiva provienen de una degradación del lenguaje que busca la degradación de las personas y de la sociedad. “Lengua de madera”, le llama Georges Orwell.

       Es un lenguaje decadente compuesto de metáforas muertas, palabras vacuas, eufemismos, frases hechas. Un lenguaje mendaz que finge entregar bienes pero no hace sino liberar ruidos e impedir la comprensión de lo real. Como un “catálogo de estafas y perversiones” a gran escala, actos de engaño calculados para evitar la comprensión. 

       El lenguaje descuidado e intencionalmente empobrecido inhibe el pensamiento y convierte a las personas en víctimas inertes de las manipulaciones del poder. Elimina el conjunto de ideas y sus conceptos para ser sustituidos por una simplificación cuyo fundamento es la posverdad: afirmaciones falsas y mentirosas que no requieren demostrarse para ser emitidas y acríticamente creídas.

       La mentira como reiteración verosímil y sistemática exige un autoengaño inducido voluntariamente y solapado por quien lo afirma y por aquel que lo cree. (“Ya te lo dije tres veces, entonces es verdad”, promulga la Reina de Corazones en Alicia). Una afirmación repetida muchas veces se convierte en su misma demostración: es verdad porque se dice, porque se dice es verdad.

       Los discursos de odio se nutren de tales mecanismos. Uno de ellos es lo que se ha descrito como “el sistema de angustias” construido por los medios de comunicación masiva. Forma parte de la cultura del miedo exacerbada por el neoliberalismo. Como observa Ilán Semo, “el retorno de la extrema derecha no es casual, […] apuesta por enardecer la incertidumbre”.

5. Alguna de las novelas políticas sobre estos crispados tiempos mexicanos estará compuesta con la suma de delirantes insensateces (abolición de la propiedad privada, nacionalizaciones “socialistas”), obscenas pendejadas (magia negra desde Palacio Nacional, crímenes políticos, libros de texto “comunistas”), falacias impúdicas (petróleo regalado a Cuba, escasez intencional de medicamentos), aseveraciones calumniosas (culto a la Santa Muerte promovido por la 4T), infamaciones gratuitas (la Casa Gris, vínculos presidenciales con el narcotráfico), credulidades públicas (cierre inminente de templos católicos, debacle del sistema eléctrico), comparaciones demenciales (Venezuela, Stalin, dictadura, Gulag, genocidio), y un larguísimo etcétera de desbarros, entre ellos los soeces insultos y las crónicas faltas de respeto contra la investidura presidencial. 

      Invenciones elementales revestidas de una supuesta seriedad que desde hace seis años saturan espacios noticiosos, opiniones y análisis, aparentemente variopintos aunque siempre negativos y parciales, obedeciendo una unificación temática a la que responden los medios del mainstream informativo. “Nado sincronizado”, llama la teoría comunicativa a esas campañas de similitud programada impuestas desde los centros del poder político y económico.

       Sus agentes y difusores responden a una perspectiva que no es espontánea. Como en todo proceso piramidal, existe un vértice desde el cual se dictan las líneas opinativas a seguir y de ahí se propagan hacia los participantes en las violentas campañas de crispación obsesiva y mentiras catastróficas contra la 4T desde 2018 hasta hoy.

       Siguiendo el principio lógico de la Navaja de Ockham —un principio de economía deductiva que propone no multiplicar sin necesidad las razones de un fenómeno dado, y postula que la explicación más simple es la más probable—, la organización opositora Fuerza y Corazón por México, formada por el PRI, el PAN y el PRD bajo la dirección del empresario Claudio X. González, es la que se encarga de marcar las tendencias y tópicos comunicacionales, en los que interviene el Departamento de Estado norteamericano, sus agencias de inteligencia (CIA y DEA entre otras) y de financiamiento a instituciones “democráticas” de la sociedad civil en México y otros países, así como los centros financieros trasnacionales, verdaderos mandantes de la política occidental.   

       Estratificado en círculos, el pequeño grupo que obedece y a la vez instrumenta las tácticas de esta guerra sucia hace llegar a los propietarios de los medios masivos y a sus opinadores a sueldo, entre los cuales se encuentran conspicuos “intelectuales” que nunca lo han sido dada su venal sujeción al poder político y económico y su mediocridad conceptual, las tendencias que deberán seguirse. En esa centralización se origina el golpeteo sistemático y unificado de las redes sociales, uniformidad que en sí misma resulta una confesión de parte y una prueba de que se trata de una operación política neoliberal de desestabilización golpista. 

6.  Las recurrencias y límites del discurso negativo de la oposición son patéticos. 

       “Todo está mal”, afirma, violentando la lógica analítica. El todo no existe y en cualquier contexto hay matices, excepciones y salvedades. La totalización de lo negativo describe a quien lo utiliza más que a aquello que se pretende reprobar. No demuestra nada, sólo lo califica.

       El menosprecio de fenómenos como la amplia popularidad presidencial mantenida durante todo el sexenio, la cual quiere explicarse como la “servidumbre voluntaria” de una sociedad enajenada por el miedo, estupidizada por sus propias limitaciones o chantajeada populistamente por los apoyos sociales.  

       Afirmaciones retóricas como la “deriva autoritaria” del lópezobradorismo en este sexenio que, con el triunfo de Morena, se extendería por seis años más. Esa “grave amenaza para la democracia”, enarbolada por una pequeña cofradía de académicos y muy desprestigiados intelectuales, sólo podría evitarse con el triunfo de la oposición, la cual según ellos representa la pluralidad democrática del diálogo y la tolerancia.

       Es asombroso que dicha pluralidad esté representada por una clase política delictiva y cleptocrática que ha saqueado al país por décadas, sin otro proyecto político que su propio beneficio, utilizando un engendro político como el PRIAN y su limitada y hueca candidata presidencial.

       La “deriva autoritaria” invocada por los intelectuales que fungen como ideólogos de esta vergonzosa coalición de intereses, antes prosas críticas y ahora amanuenses del peor conservadurismo corrupto, es su propia deriva moral. El triste plato de lentejas, así sean millonarias, con el que fueron comprados.

       Conociendo a los tres o cuatro actores principales del complot, conociendo sus obras escritas y su trayectoria pública, no debiera llamar a sorpresa que al final de sus días continúen traicionando una obligación cultural y de independencia crítica que hace décadas abandonaron. Mediocres Faustos de caricatura cuyo destino será (ya es) el oprobio de su desprestigio. La historia no los perdonará.

7.  A pesar de sus claroscuros, del cuestionable pragmatismo político que ha caracterizado parte de su desarrollo, de sus errores en el método de gobierno y en el tratamiento de la inseguridad nacional, de su confrontación recurrente desde la presidencia (un mecanismo reactivo de defensa que acabó demostrando su brillantez táctica y su genialidad estratégica), de su tabula rasa a veces indiscriminada, de la providencialidad que el presidente se atribuyó a sí mismo, de su horizonte mental productivista y socialdemócrata propio de una época en parte anclada en el pasado, la 4T ha representado un hito en el destino de la nación. Este gobierno deja tras de sí una sociedad informada y participativa. Su gran pedagogía civil fue hacer del ejercicio del poder un asunto público ante los ojos de todos. Reivindicar la soberanía sobre los recursos nacionales y fortalecer un Estado que el neoliberalismo de la revolución conservadora pretendió seguir desmantelando en beneficio de los intereses geopolíticos y económicos del imperio y los grandes capitales trasnacionales.

       Para contrarrestar la judicialización de las elecciones, la intentona de un lawfare —esos golpes de Estado en nombre de la “ley”, como los llevados a cabo en América Latina bajo la dirección de las agencias de inteligencia norteamericanas y con la participación de los poderes judiciales y electorales locales— es necesario votar masivamente por Claudia Sheinbaum y los candidatos de Morena. 

       La política es el arte de lo posible. No de lo perfecto sino objetivamente de lo mejor posible. Frente al antidemocrático horror económico y social que representa la derecha, en un momento de descomposición mundial como el que se vive, México sigue contando con la oportunidad de construir un mejor presente y elaborar un futuro común habitable.

       Claudia Sheinbaum es la única opción para lograrlo. Lo demás es el regreso a un purgatorio que durante treinta años este país ya padeció. 

Tomado de https://morfemacero.com/