abril 18, 2021

¿Por qué ver El agente topo (2020)?

Si en este momento leyeras en este espacio —que quiere hablar de cine sin hablar estrictamente de cine— que los ancianos son tontos, o si lo escucharas en una conversación, seguramente te indignarías, ¿cierto? Si respondiste afirmativamente es momento de reflexionar,...

Si en este momento leyeras en este espacio —que quiere hablar de cine sin hablar estrictamente de cine— que los ancianos son tontos, o si lo escucharas en una conversación, seguramente te indignarías, ¿cierto? Si respondiste afirmativamente es momento de reflexionar, ¿entonces por qué normalizamos la infantilización e invisibilización de nuestros “abuelitos” —como solemos llamarles cariñosamente—? ¿Será que llevamos encubierta una gerontofobia —aprovechando que hoy todo son fobias y filias, y nos podemos leer más interesantes sacando “nuevos conceptos”— que es quizá en el fondo un miedo a lo inevitable? Y es que el paso del tiempo es inevitable, y con él viene el recordatorio que se advertirá en nuestras cartografías corporales —“si es que llegamos”, se dice coloquialmente—.

Es más, esta defensa de nuestra “pandilla” de la Tercera edad parece meramente un discurso cuando advertimos la forma en la que están hechas nuestras ciudades —un urbanismo con inclinación a lo joven y a lo inmediato productivo— y no nos provoca ningún malestar: puentes que difícilmente sube un anciano, como opción a las grandes avenidas y semáforos en plenas arterias de las ciudades, que ni siquiera ofrecen los segundos suficientes para que una abuelita o un abuelito crucen con cuidado. No, porque es más importante que las latas vehiculares ocupen cómodamente las ciudades para que se siga produciendo la economía nacional.

Probablemente en esta migración a lo digital te has encontrado con que tus padres o abuelos tienen una dificultad casi inherente para aprender a usar WhatsApp u otro tipo de recursos tecnológicos. La película que te quiero recomendar hoy tiene que ver con esto, porque se trata de la historia de Chamy y el montón de dificultades y estigmas con los que cagan los ancianos y las ancianas, día con día, y que no advertimos habitualmente. Desde que inicia, el filme chileno es una fuerte crítica hacia la falta de oportunidades, por ejemplo de empleo, pero también a los diversos estigmas, como la infantilización, la soledad, el enamoramiento y la invisibilización casi al punto de la desaparición de estas personas.

Chamy debe aprender a usar WhatsApp, porque ha sido seleccionado —de entre un montón de viejos que tampoco mostraban grandes aptitudes— para un trabajo bastante inusual: convertirse en un espía que se infiltra en una casa de retiro —para no dejar pasar el interesante eufemismo—, dado que la nieta de una residente tenía serias dudas con respecto al trato que le daban a su madre. El agente topo resulta una comedia bastante entretenida, pero que entre las risas nos exige parar ante la claridad de una reflexión que nos interpela en momentos clave y que quizá hemos dejado de lado por mucho tiempo, sobre todo quienes no habitan cotidianamente con alguien de la Tercera edad.

Incluso en un coqueteo muy poco elaborado por parte de otra de las residentes hacia Chamy, se ofrece la posibilidad de sensibilizarnos hacia las necesidades afectivas de las y los abuelitas/os, que muchas veces pasamos por alto y que hasta pueden causar extrañeza —sin mencionar su sexualidad y su orientación, así como sus costumbres—. Es importante mencionar el tono reflexivo que deja ver el protagonista del filme, él ve la vida desde diferentes perspectivas; ¿son los ancianos más sabios, tal como nos lo sugerían las culturas más arraigadas a lo originario? La película nos demuestra que no necesariamente, porque ser viejos/as no nos libra de la diversidad humana.

Parece que en sentido estricto ese es otro de los estigmas con los que han tenido que cargar nuestros/as viejos/as, pero sin duda hay algo que ni siquiera se pondría en duda, y es que el tiempo es igual a experiencias, y bajo esa fórmula, al menos, podríamos decir que sí tienen la posibilidad de ver desde otra temporalidad, quizá con cierto manejo de la serenidad, pero sobre todo más allá de la piel, hacia los fenómenos profundos de una realidad que se nos va tan de prisa. Así que te recomiendo botar el teléfono móvil, ponerte cómodo/a, ir a Netflix, poner El agente topo y prestarte a algunas risas y una serie de reflexiones, acompañadas de algunos acicates que, si te resuenan, es que la obra de Maite Alberdi está funcionando en varios niveles de tu conciencia.

¡Ahora ya puedes dejar de tratar a tus abuelos como niños y prestarte a compartir la vida con ellos!

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