abril 18, 2021

¿Por qué leer La montaña mágica de Thomas Mann?

Italo Calvino, en uno de sus célebres ensayos, nos da una explicación maravillosa y detallada sobre los clásicos de la literatura universal. Dentro de las muchas razones podemos encontrar que “un clásico es un libro que nunca termina de decir lo...

ADN-ZB /Archiv
Thomas Mann, Romancier, Novellist und Essayist,
geb. 6.6.1875 in Lübeck
gest. 12.8.1955 in Zürich.
Er ist einer der bedeutensten bürgerlichen Epiker in der ersten Hälfte des 20. Jahrhunderts, ein weltliterarischer Repräsentant des Humanismus und kritisch-realistischer Chronist des bürgerlichen Untergangs.
Er erhielt 1929 den Nobelpreis für Literatur.
13 661-32
[Scherl Bilderdienst]

Italo Calvino, en uno de sus célebres ensayos, nos da una explicación maravillosa y detallada sobre los clásicos de la literatura universal. Dentro de las muchas razones podemos encontrar que “un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir” o también “tu clásico es aquel que no puede serte indiferente y que te sirve para definirte a ti mismo en relación y quizás en contraste con él.”

Y en este selecto pedestal se encuentra La montaña mágica, la obra más conocida de Thomas Mann, quien fuera laureado con el premio Nobel de Literatura en 1929. Este escritor, nacido en 1875 durante el Imperio alemán, fue uno de los analistas más críticos del espíritu germano y europeo de la época.

La extensa obra se publicó en 1924 bajo el título Der Zauberberg,y como todos los libros robustos, intimida a algunos lectores, pero al mismo tiempo los seduce generando la intriga de conocer qué se esconde dentro sus páginas.  El lector se pregunta por qué es un clásico o incluso cuál sería el momento perfecto para leer tantas páginas en una época donde la vida se mueve a un ritmo violento. Quizá la respuesta sea la más sencilla: dentro de la misma calma y la pasividad del ocio.

La novela nos narra la historia de Hans Castorp, un joven ingeniero que visita a su primo Joachim Ziemssen en el sanatorio Berghof, en donde se trata a enfermos de tuberculosis. Desde el inicio nos damos cuenta de uno de los temas transcendentales de la obra: el tiempo, pues la estancia de Castorp que tenía la intensión de durar 3 semanas, se extiende por años de una manera tan sutil que parece hablarnos de la eternidad.

Una característica interesante del libro es que realmente no pasa nada. Así es, no es una obra llena de dramas o giros inesperados de sus personajes o un argumento activo y vigoroso. No obstante, la obra nos llena de emociones sin intrigas y nos genera preguntas que, como dice Calvino en su ensayo sobre los clásicos, “no nos enseña necesariamente algo que no sabíamos, a veces descubrimos en él algo que siempre habíamos sabido (o creído saber) pero no sabíamos que él había sido el primero en decirlo (o se relaciona con él de una manera especial.”

El ambiente de Berhof abre un camino de reflexión intelectual y espiritual alejado del bullicio de las multitudes o de “los de abajo”, como se refieren a las personas que no habitan en la montaña. La historia se desenvuelve en los años previos a la primera guerra mundial, tiempos que generaron cambios geopolíticos, económicos e incluso culturales en donde la identidad individual de las personas se vio atentada ante la caída de los imperios europeos.

Lo mejor del libro son las conversaciones que desarrollan los personajes más importantes de la novela: Hans Castorp, un joven alemán, curioso y noble, que gracias a sus estudios se convierte en una persona práctica y lógica; Settembrini, masón, progresista, pedagogo, escritor, filósofo y humanista; y su rival intelectual, Naptha, un judío converso al catolicismo, conservador y sofista. Estos últimos personajes representan las ideologías opuestas de inicios del siglo pasado: la ideología liberal de Settembrini y el totalitarismo medieval de Naptha.

Las conversaciones se llevan a cabo en extensas caminatas que de inmediato nos hacen recordar a los peripatéticos griegos. En ellas parecen abordar la eternidad o lo más profundo del ser, concatenando temas y conceptos de manera magistral. La erudición de Thomas Mann reluce en cada diálogo e idea, las cuales se contraponen a su perfecto antagónico, dando pie a genuinas obras de arte que parecen darnos una lección pedagógica con cada frase. Por ejemplo, en alguna conversación podemos sorprendernos con la profundidad filosófica con la que se desarrollan conceptos tales como la enfermedad, la muerte, el cuerpo, el castigo, la culpa, la piedad, el amor o el sentido de la vida. Mostrando siempre dos polos distintos representados en sus dos emblemáticos personajes, unos auténticos maestros de la retórica.

El tiempo, el espacio y el olvido son también algunas de las preocupaciones más recurrentes dentro de la obra. Desde el inicio podemos encontrar el desarrollo de estas ideas que nos invitan a la reflexión. “Al igual que el tiempo, el espacio trae consigo el olvido; aunque lo hace desprendiendo a la persona humana de sus contingencias para transportarla a un estado de libertad originaria; incluso del pedante y el burgués hace, de un solo golpe, una especie de vagabundo. El tiempo, según dicen, es Lete, el olvido; pero también el aire de la distancia es un bebedizo semejante, y si bien su efecto es menos radical, cierto es que es mucho más rápido”. 

“¿Qué es el tiempo? Un misterio omnipotente y sin realidad propia. Es una condición del mundo de los fenómenos, un movimiento mezclado y unido a la existencia de los cuerpos en el espacio y a su movimiento. Pero ¿acaso no habría tiempo si no hubiese movimiento? ¿Habría movimiento si no hubiese tiempo? ¡Es inútil preguntar! ¿Es el tiempo una función del espacio? ¿O es lo contrario? ¿Son ambos una misma cosa? ¡Es inútil continuar preguntando! El tiempo es activo, posee una naturaleza verbal, es «productivo». ¿Y qué produce? Produce el cambio. El ahora no es el entonces, el aquí no es el allí, pues entre ambas cosas existe siempre el movimiento”.

Encontraremos dentro de las páginas de esta obra, un diálogo interno que hemos ignorado en incesantes ocasiones debido a nuestro ritmo de vida o uno que hemos abordado incansablemente sin encontrar respuestas. Un libro lleno de preguntas que habla de la vida, en donde no pasa nada, pero al mismo tiempo acontece todo. Volviendo a Italo Calvino, “el cásico tiene a relegar la actualidad a ruido de fondo, pero al mismo tiempo no puede prescindir de ese ruido de fondo.” Ese ruido que se aferra a la realidad incluso cuando las ideas más incompatibles se imponen, cuando chocamos con el exterior y nos encontramos completamente solos ante la inmensidad del ser, ese ruido de fondo que somos todos y nos acompaña siempre en cada paso de nuestras vidas.

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