Paréntesis | “Gracias por ayudarme a que la historia de mi sobrino no se repita”

Rafa es un mago y un ángel que ha propiciado cambios de conciencia y de percepción donde más se necesita

Era una tarde de enero de 2012, estábamos en la casa de la mamá de Rafa por el novenario de Alex, su sobrino de 16 años. En eso, llegaron cinco niños de entre 8 y 12 años portando armas de juguete. “Venimos a cuidarla”, le dijeron a la mamá.

Recuerdo la mirada de Rafa, yo ya sabía que algo estaba pensando, y es que era tan expresivo que sus ojos lo decían todo. Al día siguiente, cuando llegué a la casa de teatro, sobre la calle California entre Cajeme y Tetabiakte, en la zona norte, nos sentamos a la mesa el colectivo para tener la junta usual de actividades, entonces Rafa nos dijo: “Por un Cajeme Sin Balas. Estamos desarmando infancias”.

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Fue así como comenzamos a recorrer 88 colonias del municipio de Cajeme; claro de la mano del teatro, intercambiando las armas de juguete de niñas y niños por juguetes no bélicos.

Previo a estos recorridos, nos dimos a la tarea de reunir los juguetes que intercambiaríamos a los menores; entre el apoyo de la ciudadanía y donativos de empresarios no nos dábamos abasto, salimos a las calles, tomamos los semáforos y comenzamos el boteo.

“¡Por un Cajeme sin balas, estamos desarmando infancias!”, pasábamos entre los carros gritando esta consigna con pancartas, letreros y hasta vestuarios.

Recuerdo ver a Rafa, grande pero cansado; me preguntaba cómo sería ese dolor, el dolor de perder a su casi hijo por el impacto de una bala, y ahora estar bajo el sol, caminando por las calles intentado que la historia de Alex no se repita.

Niños y niñas jugando a ser estos personajes que han invadido nuestra ciudad, aquellos que deciden por la vida de alguien más y que sin deberla nos han arrebatado nuestra tranquilidad. Y así, después de cinco meses reunimos 10 mil 114 armas de juguete, recibimos a 7 mil 896 niñas y niños en un total de 49 desarmes.

Pero diez mil armas de juguete no fueron suficientes para sanar el dolor. En ese momento no percibimos la dimensión de lo que estábamos haciendo y mucho menos de lo que vendría después.

Nos preguntamos, ahora qué sigue, no podíamos parar ahí, desarmar a las infancias no era el objetivo final, ya habíamos pasado por demasiadas cosas como para detenernos, habría que rescatar el juego, nos sentíamos con la responsabilidad de que las niñas y niños tuvieran una infancia libre de violencia.

Consultamos la cartografía del sonido de una bala, un mapeo que durante este mismo año (2021) realizamos para registrar de forma gráfica cada hecho violento que ocurría en la ciudad.

Balas que marcaban desde desapariciones forzadas, hallazgos de cuerpos, asesinatos dolosos, feminicidios, infanticidios y casos inclasificables, aquellos actos de los que preferimos no hablar, estaban ahora marcados por la memoria, para no olvidar, para visibilizar, para decir alto a la violencia en Cajeme.

Nos preguntamos, ¿cuál de las colonias de Cajeme está más fracturada por el crimen organizado y el narcotráfico?, entre las experiencias durante el desarme y la cartografía vimos: Villa Bonita.

Así fue como en enero de 2022 nos mudamos de una de las colonias más privilegiadas de la ciudad al fraccionamiento Villa Bonita. Para mí fue una mudanza cualquiera, Rafa viviendo cerca de su familia, pagando una renta accesible, sonaba muy razonable.

Una vez más, no lograba dimensionar lo que vendría; Rafa era como un mago, cuando menos lo esperabas hacia un acto inexplicable que te sorprendía, magia.

Comenzamos nuestras actividades regulares, llevamos teatro a los parques de la colonia, todo igual que siempre. Un día Rafa nos propuso dar clases a las niñas y niños de Villa Bonita, nosotros accedimos inocentemente; llevábamos una obra a un parque y ahí dábamos promoción a nuestras clases en la casa que estaba sobre el bulevar principal y además gratuitas, pronto las niñas y niños se dieron cuenta de que era una gran oportunidad.

Llegó el momento de ponerle nombre a este programa que estaba a punto de concretarse. El día del funeral de Alex, llegó un amigo suyo con una guitarra y le cantó una canción compuesta por él, “El morro de la Villa”. Fue así como decidimos bautizar este acto como “Los Morros de la Villa”.

Gracias a esta serie de sucesos que nos llevaron a vivir en Villa Bonita y formar un grupo de teatro y música, el 5 de diciembre de 2023 el colectivo independiente Punto tres, en ese momento conformado por Rafa, Héctor y yo, ganamos el Premio Nacional de Acción Voluntaria y solidaria por nuestra labor con Los Morros de la Villa.

Ha pasado casi un año desde que comenzamos con las clases en la “casa marrón” como ellos le llaman, el pasado 20 de diciembre tuvieron su primera presentación, ante los vecinos de la Villa, amigos y familiares.

Rafa ya estaba en el hospital. Hasta el día de hoy los morros se sienten tristes porque el maestro Rafa no los verá actuar, cargar con 15 corazones rotos no era lo que me esperaba el día que hicimos el primer desarme, o cuando nos mudamos de casa.

Días antes de que Rafa fuera hospitalizado, recibí un mensaje de él, como siempre inesperado, que decía: “Mana, gracias por tu trabajo con los morros, gracias por ayudarme a que la historia de mi sobrino no se repita”.

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Hoy hace un mes de su partida. El teatro es como un mago, lo que desaparece en la vida, aparece en el teatro; y así como Rafa lo transformó todo con la magia del teatro, estoy confiada de que el colectivo Independiente Punto tres, Los Morros de la Villa y todas las personas que han sido testigos de nuestras aventuras lograremos transformar la pérdida en esperanza, el dolor en valentía y el vestigio en obras de arte.

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