abril 17, 2021

Ottessa Moshfegh: “Mi marido y mis perros son mi sociedad”

La reina de la misantropía vuelve con 'La muerte en sus manos', una historia detectivesca protagonizada por una mujer mayor y solitaria Leer#ExpresionSonoraNoticias Tomado de http://estaticos.elmundo.es/elmundo/rss/cultura...

Literatura

Viernes,
16
abril
2021

01:13

La reina de la misantropía vuelve con ‘La muerte en sus manos’, una historia detectivesca protagonizada por una mujer mayor y solitaria

Ottessa Moshfegh.

Ottessa Moshfegh.

Hace dos años el lector español tuvo un pequeño flechazo con Ottessa Moshfegh gracias a Mi año de descanso y relajación, aquella novela antisocial sobre una joven neoyorquina que, hastiada de la vida, se sumergía como una zombi en un aséptico letargo a base de orfidales, váliums y zolpidems. El estilo afilado y desapegado de Moshfegh, y lo nihilista y aparentemente antisentimental de la historia convirtieron a la autora en la voz de una generación joven y cansada, con muchos problemas de ansiedad.

Ahora llega a las librerías La muerte en sus manos, también en Alfaguara, una historia con tintes detectivescos. La protagonista, Vesta, es una mujer de 72 años hiperactiva (no puede parar de pensar y autoanalizarse) que tras quedarse viuda decide irse a vivir con su perro a una cabaña en el bosque en una recóndita comunidad rural de Nueva Inglaterra. Allí encontrará una nota misteriosa que alude a la muerte de una chica, Magda. Una pista que la llevará a volcarse en una investigación y que hará volar su imaginación hasta límites insospechados.

“Encontré a Vesta en la primera página que escribí”, explica Moshfegh en conversación vía Zoom desde su casa en Pasadena. “Sabía que probablemente me manipularía, se me fue revelando a través de la escritura”, reconoce. Y en efecto, algo de manipulación hay en el serpenteante divagar de Vesta, una de esas narradoras no del todo fiables de Moshfegh, una escritora a la que el confort de su lector no parece importarle demasiado.

Vesta, al igual que la anónima protagonista de Mi año de descanso y relajación, también busca estar sola. “Me gustan los personajes aislados porque su mundo se convierte en sinónimo de su interioridad, todo lo que ocurre en el relato es su propio karma. Me gusta que mis personajes se autoinvestiguen“, explica. Moshfegh confiesa que es una “gran fan” del true crime desde pequeña y La muerte en sus manos conecta de alguna manera con la Agatha Christie o Jessica Fletcher que todos los espectadores del género esconden en su interior. “Cuando era una niña me obsesionaban los psicópatas y los asesinos en serie, supongo que porque estaban muy fuera de mi vida normal y corriente. Hoy se han convertido en una obsesión, es como si necesitáramos horror auténtico en nuestras vidas”, reflexiona.

A lo largo de la novela, Vesta irá reflexionando sobre su asfixiante matrimonio y de algún modo descubrirá los mecanismos de control que su esposo ejercía sobre ella. “Eso hace que ella se desquicie”, apunta Moshfegh, a la que le apetecía escribir sobre una mujer mayor, de una generación diferente a la suya, que tras una vida sumisa toma una decisión atrevida. “El irse a vivir sola al bosque en una comunidad donde pasa a ser la forastera es algo muy osado por su parte. Todo eso me dice que ella no era una cobarde. En el fondo, Vesta es mucho más interesante de lo que ella cree“, opina.

Lo sorprendente de La muerte en sus manos es que Moshfegh empezó a escribirla en 2017, prácticamente en paralelo a Mi año de descanso y relajación. La guardó en un cajón hasta que consideró que había llegado su momento. “Fue una época de mucha incertidumbre, tenía bastante estrés porque estaba buscando editorial para Mi nombre era Eileen (que acabó seleccionada para el Man Booker Prize). Aquel año fue raro, sentía mucho entusiasmo por escribir y al mismo tiempo mi futuro era una gran incógnita”, recuerda. Fue también el año en el que su amiga y mentora Jane Stein, editora de las revistas The Paris Review y Grand Street, se suicidó tras publicar Al oeste del edén (Anagrama). Tenía 83 años y se lanzó al vacío desde su apartamento en un rascacielos de Manhattan.

Moshfegh confiesa que este último año de aislamiento forzado por la pandemia ha estado lleno de “terror, incertidumbre, miedo y sobre todo, mucha ansiedad”, pero también de “gratitud por tener un hogar, poder pagar mis facturas y saber que no me iban a sacar de casa a patadas. Tengo salud y seguridad. Además, reconozco no me cuesta mucho estar aislada. Tengo dos perros, tengo a mi marido, ellos son mi familia. Mi sociedad“. El confinamiento, asegura, ha sido un periodo “extrañamente creativo”. “Necesitaba una salida a tanta muerte y al último año del psicópata de presidente que tuvimos”.

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