abril 19, 2021

Nombrar la ausencia: el silencio como inicio de miedo y dolor en Antígona González

Todos aquí iremos desapareciendo si nos quedamos inermes sólo viéndonos entre nosotros, viendo cómo desaparecemos uno a uno. Sara Uribe. Antígona González ¿Qué se hace ante una crisis? Mientras se enfrenta la situación catastrófica que se vive en el país, constantemente...

Todos aquí iremos desapareciendo si nos quedamos inermes sólo viéndonos entre nosotros, viendo cómo desaparecemos uno a uno.

Sara Uribe. Antígona González

¿Qué se hace ante una crisis? Mientras se enfrenta la situación catastrófica que se vive en el país, constantemente se cuestiona aquello que podría resolver el conflicto. Es un fenómeno que ha permeado incluso la literatura contemporánea que se produce en el país. Existen varios ejemplos notables de la violencia en México expuestos en obras actuales. Un claro ejemplo de este fenómeno es la obra Antígona González de Sara Uribe.  

Antígona González es un libro escrito por Sara Uribe y publicado en 2012. A grandes rasgos, trata de una joven, Antígona González, quien busca a su hermano Tadeo, desaparecido en Tamaulipas. Se insinúa, y seguramente, Tadeo ha sido víctima de la guerra contra el narcotráfico que existe en el país. Bajo esta premisa inicial, ella se suma a las demás Antígonas que recorren el país en busca de sus seres amados perdidos. Antígona González es descrita por su autora como una obra conceptual. Es llamada así por la apropiación y reescritura que hace de diferentes Antígonas en la literatura; parte de la Antígona de Sófocles e incorpora El grito de Antígona de Judith Butler, La tumba de Antígona de María Zambrano, entre otras. Es difícil precisar el género de este texto ya que se construye de distintos elementos. Se incorporan elementos de poesía, narrativa, noticia, y fragmentos ensayísticos. Es una obra fragmentada que explora la naturaleza fragmentaria del México contemporáneo.

En la obra, se pueden distinguir tres subtítulos que dividen a la misma. El primero es titulado “Instrucciones para contar muertos.” La sección comienza con el siguiente texto:

Uno, las fechas, como los nombres, son lo más
importante. El nombre por encima del calibre de
las balas.

Dos, sentarse frente a un monitor. Buscar la nota
roja de todos los periódicos en línea. Mantener la
memoria de quienes han muerto.

Tres, contar inocentes y culpables, sicarios, niños,
militares, civiles, presidentes municipales, migrantes,
vendedores, secuestradores, policías.

Contarlos a todos.

Nombrarlos a todos para decir: este cuerpo podría
ser el mío.

El cuerpo de uno de los míos.

Para no olvidar que todos los cuerpos sin nombre
son nuestros cuerpos perdidos.

Me llamo Antígona González y busco entre los
muertos el cadáver de mi hermano (p.13)

Aquí se menciona varias veces la necesidad y la importancia de nombrar. En “El silencio y el poeta” (1966), George Steiner explica que la articulación es aquello que divide al hombre del animal. Citando a Aristóteles, plantea que el ser humano es el ser de la palabra. ¿Qué ocurre entonces, cuando a un hombre se le niega la palabra y se le otorga el silencio? Al colocar al sujeto en el silencio, se le niega su existencia y su humanidad. Por esto, se hace hincapié en el texto a la importancia de nombrar. El no hacerlo, el silencio, tiene varias implicaciones. La primera implicación es el asegurar la humanización de los desaparecidos en un ambiente donde aquel es una cifra. La pérdida física de un sujeto por sí misma implica ya un silencio. La segunda implicación es el miedo. El silencio, el no nombrar es un indicio del miedo a olvidar. Es decir, olvidar a los desaparecidos los convierte una vez más en cifras. Al convertirlos en cifras, es fácil automatizar y ser desensibilizado a la violencia y las condiciones actuales. El silencio es igual al miedo del olvido y el miedo a la automatización. Es la negación del lenguaje y la negación de la humanidad.

Otro ejemplo de silencio en Antígona González se ejemplifica en el siguiente texto:

No querían decirme nada.
Tadeo no aparece. No querían decirme nada.  

¿Qué es lo que murmuran? ¿Por qué todo lo deslizan
en voz baja? ¿Qué es lo que están deshaciendo? Te
estamos diciendo que Tadeo no aparece. Te estamos
diciendo que somos muchos los que hemos perdido
a alguien. (p.16)

La constante repetición de “No querían decirme nada” es ambigua. Es ambigua en que no es claro quién no quería decir. Sin embargo, es innegable la implicación del silencio en esta frase. La negación de ofrecer una explicación por la desaparición de Tadeo, el no aceptar siquiera la desaparición de este representa el miedo que alimenta la violencia que se vive. El no aceptar y no nombrar compete a un ocultamiento por la violencia y desapariciones en el país. El “no decir nada” niega incluso que haya existido el desaparecido. La negación de la desaparición le da más voz a esta. El ejemplo está en las últimas líneas del pasaje: “Te estamos diciendo que somos muchos los que hemos perdido a alguien.” La voz inicial es singular, comienza con un objeto directo “me” en singular. Conforme avanza, toma un carácter de pluralidad, ahora son varias voces que reclaman la desaparición y rechazan la presencia del silencio. En el mismo silencio se articula todo aquello negado, aquello que sólo se puede expresar en silencio; el silencio como indicio de miedo y violencia, así como la desesperación.

Aquí también se debe hacer un paréntesis para reflexionar lo mencionado anteriormente: el movimiento de una voz singular inicial a una multitud de voces. Se recordará que Antígona González parte de la tragedia griega Antígona. En las obras griegas (especialmente en las tragedias) existe una multitud de voces que intervienen en la obra, a esta multitud se le denomina el coro. El coro interviene en momentos cruciales de las obras para aclarar, narrar hechos que ocurren fuera de la vista del espectador, e incluso emitir juicios o denunciar lo puesto en escena. El coro demuestra la potencialidad que pueden tener las voces reunidas. Por lo tanto, la expresión en Antígona González de la multiplicidad de hablantes es una referencia hacia el coro griego; produce una constante tensión entre la fuerza del habla y el silencio. Se teme ante la violencia, pero cuando se exhorta o se denuncia algo en la obra, la voz cambia de singular a plural.

La identificación del próximo rastro de silencio nace de una cita encontrada en “El silencio y el poeta” de Steiner. Este habla de Adamov ante la crisis política de 1938, se preguntaba si el escritor, ante esta crisis, podría tener de nuevo un idioma vivo o humano para expresarse. Frente a la guerra, Adamov escribió: “Gastadas, raídas, vacías, las palabras se han vuelto esqueletos de palabras, palabras fantasmas; todo el mundo las mastica y eructa luego su sonido” (p. 70). Las palabras ahora carecen de sentido, ante su repetición se convierten en nada.

En la sección ¿Es esto lo que queda de nosotros?, algunos pasajes, como el siguiente, radican en la repetición de las palabras hasta convertirse en silencio:

Todos esos duelos que se esconden tras los rostros
de las personas que nos topamos. Al escuchar el
timbre entro al salón y paso lista. Fulanito de tal.
Presente. Fulanito de tal. Presente. Fulanito de tal.
Presente. El ritual de las jaculatorias. Lo cierto es
que las más de las veces ni siquiera escucho las voces
de mis alumnos respondiéndome. Por cada nombre
que pronuncio, una segunda voz que no es mía, ni de
nadie, que solamente está ahí, como un eco pertinaz, replica:
Tadeo González. Ausente.
Tadeo González. Ausente.
Tadeo González. Ausente.

Las palabras son desprovistas aquí de significado ante su incapacidad de expresar ya. El dolor transforma las palabras en silencio, la constante repetición de la ausencia de Tadeo González es descrita con una voz que no es la propia. Un dolor así hace que el sujeto forzosamente permanezca en el silencio. Pensando constantemente en la ausencia de Tadeo, a las palabras se les dota de otro significado; por esto no escucha realmente a sus alumnos hablarle, sólo existe el recuerdo constante de la desaparición de su hermano.

Negar la palabra a un sujeto logra que sea desprovisto de su propia humanidad ya que el lenguaje articulado y su referencialidad es característico del ser humano. Ante la situación actual de violencia en el país, lo único que nos queda es rechazar la imposición del silencio y nombrar a los nuestros. Aunque no lo estén, al nombrarlos los sentimos cerca, en casa, a salvo y vivos.

BIBLIOGRAFÍA CITADA

GINZBURG, Carlo, “Indicios: Raíces de un paradigma de inferencias indiciales”, Mitos, emblemas, indicios: Morfología e historia, Gedisa editorial, Barcelona, 2008, pp. 185-240.

STEINER, George, “El silencio y el poeta” (1966), Lenguaje y silencio: ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano, edición completa y revisada, traducción de Miguel Ultorio, Gedisa, Sevilla, 2003, pp. 53-72.

URIBE, Sara, Antígona González, sur+ediciones, Oaxaca de Juárez, 2012

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