abril 18, 2021

Muere el poeta Adam Zagajewski, memoria y conciencia de Europa

El polaco, autor de obras como 'Deseo' y 'Dos ciudades' y premio Princesa de Asturias de las Letras 2017, falleció este domingo a los 75 años. Fue un referente contra la ultraderecha en Polonia Leer#Sonora #Expresion-Sonora.com Tomado de http://estaticos.elmundo.es/elmundo/rss/cultura...

A los 75 años


Princesa de Asturias 2017

Actualizado Domingo,
21
marzo
2021

23:18

El polaco, autor de obras como ‘Deseo’ y ‘Dos ciudades’ y premio Princesa de Asturias de las Letras 2017, falleció este domingo a los 75 años. Fue un referente contra la ultraderecha en Polonia

El poeta Adam Zagajewski.
El poeta Adam Zagajewski.EFE

Adam Zagajewski fue un poeta fronterizo. Por geografía vital (nació en 1945 en una ciudad que pertenecía a Ucrania, Lviv, y se crió en la Silesia alemana, que después pasó a Polonia). Por su concepción de la poesía (donde cruza el verso y el pensamiento). Y por elección o destino. Después de demasiadas distancias, había regresado a su tierra natal, donde falleció este domingo en un hospital de Cracovia a los 75 años.

Desde la biografía de Zagajewski se puede trazar la historia de un ciudadano de los países del Este en la Europa posterior a la Segunda Guerra Mundial. Y esa condición de pertenecer a una generación atravesada por el zarpazo de la Segunda mitad del siglo XX es parte de la sustancia que ha dado potencia y textura a su voz, a su escritura, a su manera de pensar y de decir, hasta convertirlo en un faro de la poesía de las últimas décadas, lo que le valió en 2017 el Premio Princesa de Asturias de las Letras.

En su juventud vivió los rigores siniestros del invierno comunista. Le prohibieron publicar en su país, y en cualquier otro del cinturón rojo. Marchó al exilio en 1982 y se instaló en París, donde conoció la destemplanza del trasterrasdo, pero hizo de aquello causa y labor propias sin la menor afectación, levantando desde ese territorio helado una obra poética y ensayística extraordinaria, con libros necesarios como Deseo (2005), Dos ciudades (2006), Antenas (2007) y Asimetría (2017). La mayor parte de su obra está publicada en España por el sello Acantilado, junto a dos títulos relevantes de la editorial Pre-Textos.

En su escritura no hay un gramo de vanidad por hazaña alguna. Tampoco un llanto de más. Si acaso una voz de quien mira el mundo y su propia condición con la óptica de un desplazado, de un sin tierra que no renuncia a la eterna novedad del mundo.

Algunas sentencias de Zagajewski son indelebles. Por ejemplo, esta: «La poesía tiene un valor extra cuando la sociedad está a punto de perecer». Él sabe que esa amenaza existe. Y existe sin cesar en un mundo desquiciado donde no es posible articular más espacios de protección que los que ofrece la justicia, el equilibrio social, la memoria con la que hacer un escudo contra los atropellos que puedan repetirse del pasado.

Y, sin embargo, intentó que su palabra no saliese del tedio, ni del rencor, ni del apetito de algún ajuste de cuentas. Si le preguntaban por su condición de exiliado despachaba rápido el asunto señalando la dificultad de algo así según quien lo padezca: «El exilio no es para tanto dependiendo de quién seas. El mundo está lleno de escritores exiliados que lloriquean su destino. Bueno: después todos salen adelante, se apañan bien. Otra cosa son las personas sin educación que se empobrecen cuando tienen que salir de su país. Para ellos el exilio sí que puede ser una tragedia».

En los últimos años de su vida, la denuncia contra la deriva de Polonia bajo el mandato del ultraderechista Andrzej Duda fue una de las batallas en las que se implicó sin fisuras. «En Polonia ha habido años de verdadero pluralismo. Pluralismo político y de ideas. Y había una apreciación verdadera del mundo. Hubo condenas oficiales a los crímenes del estalinismo y del nazismo. No era una sociedad perfecta pero no había motivos para romper lo que teníamos», dijo en una entrevista con este periódico un día antes de recoger el Princesa de Asturias.

Zagajewski desarrolló una visión humanista del mundo. Y a partir de esa educación sentimental e intelectual, estableció un canon de conducta para sí mismo. Pero también un frene literario propio. Y lo concretó de manera extraordinaria en la poesía. «Durante una época de mi vida fui muy amigo del poeta de origen ruso Joseph Brodsky. Él siempre estaba contándonos eso de que la poesía era el centro mismo de la existencia humana… Cuando quería

hacerle rabiar, le decía: La poesía es una de tantas cosas buenas que tiene la vida. Pero en verdad estaba de acuerdo con él, la poesía es algo más que un género literario. Es una manera de dar orden al mundo. Un orden sutil. Un orden iluminador. Un orden necesario».

Pero no sólo hablaba de versos. Adam Zagajewski, como siempre, se refería a la vida.

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