abril 19, 2021

Marzo se escribe con M: memorias de las que ya no están y de las que aún permanecemos

La celebración del 8 de marzo se remonta al año de 1857, cuando un grupo de mujeres trabajadoras de una fábrica textil en Nueva York salieron a las calles para exigir salarios justos y condiciones laborales dignas. Décadas más tarde, en...

La celebración del 8 de marzo se remonta al año de 1857, cuando un grupo de mujeres trabajadoras de una fábrica textil en Nueva York salieron a las calles para exigir salarios justos y condiciones laborales dignas. Décadas más tarde, en 1911, al menos 100 trabajadoras textiles de la misma ciudad perdieron la vida en un incendio en la fábrica Triangle Shirtwaist. Esto, además de ser una de las escenas más memorables, impulsó a las demás mujeres trabajadoras para seguir luchando por sus derechos laborales. Como estos casos muchos más le anteceden y le suceden, la historia de la lucha de las mujeres encuentra uno de sus ejes en el trabajo que estas realizan día a día para ganarse el sustento y llevar a sus hogares qué comer, así como, las largas jornadas, los salarios míseros, las condiciones en las que se desempeñan y, desde luego, la manera en la que se les trata por el hecho de ser mujeres, las han llevado a manifestarse en contra.

En 1975 la ONU decreta el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. A partir de ese momento en distintos países se conmemora dicha fecha como un recuerdo de las que comenzaron y el futuro que las mujeres merecen. De tal manera, la pugna hoy ha tomado múltiples escenarios, además de exigir que se hagan valer sus derechos laborales, la lucha feminista busca terminar con roles y violencia de género, la desmitificación de la maternidad, el aborto seguro y gratuito, educación sexual al alcance de todas, sólo por mencionar algunos ejemplos. Los feminismos pelean por un mundo en el que la libertad de elección deje de ser un ideal y se convierta en una realidad. La realidad, sin embargo, es que, en la mayoría de países latinoamericanos, los feminismos sostienen una guerra contra un sistema que les pide “manifestarse pacíficamente”, cuando viven 365 días asechadas por la opresión y la muerte.

Marzo se escribe con M de muerte, Marzo se escribe con M de miedo, por ello, en esta ocasión quiero hablar de una amenaza constante para las mujeres: el feminicidio. El feminicidio se define básicamente como el asesinato violento de una mujer precisamente por el hecho de serlo, el término fue mencionado por primera vez en México por Marcela Lagarde en 2004, no fue hasta 2012, ocho años después, cuando se estableció feminicidio dentro de la normativa jurídica. No ha pasado una década desde que jurídicamente se reconoce este delito y, no obstante, pese a pruebas explicitas muchos de los casos de feminicidio no son reconocidos como tal. En un país cuya historia está dominada por el machismo, no es de extrañar que se anteponga cualquier excusa como: “iba borracha”, “vestía muy provocadora”, “discutió con su marido” que denominar con todas sus letras al feminicida, al agresor, al violador, la culpa como siempre es de la víctima. Tan solo la primera mitad del año pasado fueron registrados 489 feminicidios, de acuerdo con datos de Forbes México y del Secretario Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, la cifra, por supuesto, aumentó y es que a raíz del enclaustramiento que derivó de la pandemia las mujeres han tenido que convivir todo el tiempo con sus agresores; sus hogares se han convertido en la red perfecta del cazador, esa entre muchas razones más.

Las estadísticas son números con los que se puede dar una idea más o menos de los casos registrados, aunque estoy segura que son muchos los que no se cuentan porque, como dije al principio, el crimen no se pronuncia como feminicidio, sino como homicidio, entre estos, queda claro, la diferencia radica en a quién se culpa. Asimismo, no hace falta traer a discusión el listado de los estados y ciudades más violentas y peligrosas para las mujeres, todas sabemos que basta una calle de noche, la oficina de trabajo, el salón de clases, una reunión entre amigas, la sala de la casa para ser abusada o morir a manos de un hombre.

Si bien es una lamentable realidad, existen muchos los casos de agresiones sexuales, físicas, psicológicas y feminicidios que se esconden tras el manto de un gobierno que prefiere rodear las instalaciones de los diversos monumentos capitalinos, que promulgar y efectuar leyes que castiguen a los criminales, por el contrario, se les premia reconociéndolos como candidatos a gubernaturas y a diputaciones a lo largo y ancho del país. Sin embargo, también es cierto que los feminismos se mueven cada vez con mayor fuerza para exponer y evidenciar la situación que a la que sobreviven día con día. Probablemente sea marzo del año pasado la mayor manifestación feminista que México viera retemblar en sus centros (al igual que en varios países como Argentina y Chile las movilizaciones feministas también fueron asombrosas), según con las cifras oficiales más de 80 mil mujeres marcharon ese día.

Cabe mencionar que hasta mediados de marzo de 2020 los feminicidios ya habían aumentado considerablemente para ser apenas unos días de reclutamiento a causa de la pandemia, una semana antes las feministas todavía pudieron salir a las calles para protestar. En febrero, casos como el de la niña Fátima Aldrighetti y el de Ingrid Escamilla causaron polémica para demostrar nuevamente que el patriarcado es el único juez.

El caso de la pequeña Fátima de solo 7 años fue el de una niña que al salir de la escuela es secuestrada, torturada, violada y asesinada por una pareja de desconocidos. La noticia comenzó a circular rápidamente en medios de comunicación y en redes sociales donde colectivos feministas denunciaron el acto y reclamaron seguimiento jurídico. Se detuvo a los culpables; un hombre y una mujer, ella confesó que él la había obligado a conseguirle una “novia” o abusaría de sus propios hijos. Los primeros comentarios se hicieron presentes: que si los papás debían llegar puntuales, que si las maestras no ponían cuidado con los niños al salir de la escuela, que si todos tenían la culpa menos los culpables cuando ninguna niña debería preocuparse por andar el camino de la escuela hacia su casa.

“No quería que nadie se diera cuenta”, fueron las palabras del feminicida de Ingrid Escamilla, Francisco “N”, al preguntarle ¿por qué la había matado? El 9 de febrero el cuerpo de la joven fue encontrado mutilado en su departamento. Los datos oficiales cuentan que tras una discusión el hombre la apuñaló hasta matarla. Cuando la policía llegó al lugar todo estaba cubierto de sangre, había mutilado su cuerpo. Las imágenes sumamente explicitas circularon por redes sociales por medios amarillistas, hecho que aumentó la furia de quienes aparte de reclamar justicia para Ingrid, ahora también demandaban respeto. Hoy, la Ley Ingrid castiga a quien resguarde, difunda o comparta imágenes de las víctimas de feminicidio.

En abril, también de 2020, Ana Paola (Nogales, Sinaloa) fue asesinada en su propia casa mientras esperaba el regreso de su madre quien había salido por víveres en medio del reclutamiento. Así, uno a uno casos de violencia de género se han ido sumando a la larga e interminable lista; formas inimaginables de arrebatarle la vida a alguien por el hecho de ser mujer se vuelven posibles a cada hora. Tal como sucedió también con Jessica González Villaseñor de 21 años, quien fue reportada el 21 de septiembre como desaparecida y encontrada sin vida cuatro días después en Morelia, Diego “N” la había violado y estrangulado hasta matarla. Como Jessica, muchas mujeres son reportadas diariamente como desaparecidas, familiares y amigos inundan redes sociales desesperados por saber algo del paradero de sus hijas, hermanas, madres, tías, vecinas…, algunas no han tardado en regresar a sus hogares sanas y salvas, otras no han tenido la misma fortuna y es que basta decir que la lucha que se libra a cada momento es también un recordatorio para que no se olvide a las que ya no están, a las que han sido arrebatadas, para clamar que la inseguridad y la impunidad no sea lo único seguro que las mujeres tengan, sin embargo, tenemos que sobrevivir a un gobierno cuya respuesta cuando se le pregunta qué hacer frente a la ola de violencia y feminicidios calificados solo responde: “Ya chole con los 10 feminicidios al día”. Hoy, 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, las vallas que protegen Palacio Nacional reafirman la opresión. Hoy, 8 de marzo se leen en las vallas los nombres de Sofía, Lizbeth, María Elena, Yolanda, Bety, Teresa, Diana, Fátima, Jennifer, Marisol, Pamela, Monserrat, Lorena, Virginia. Cinthia, Victoria…Sí, el miedo está del otro lado de esas vallas, sí, tiembla el estado al sororo rugir de la lucha feminista. De este lado del muro nos quedamos peleando por nosotras.

#Sonora #Expresion-Sonora.com Tomado de http://Elfaronorte.com/feed

A %d blogueros les gusta esto: