abril 18, 2021

Marguerite Yourcenar, la primera mujer en la Academia Francesa

La Academia Francesa, encargada de regular el idioma francés, se fundó entre 1634 y 1635. Pero fue hasta el 6 de marzo de 1980 que vio a una mujer en sus filas, ¿su nombre? Marguerite Yourcenar. Esta escritora belga, de padre...

La Academia Francesa, encargada de regular el idioma francés, se fundó entre 1634 y 1635. Pero fue hasta el 6 de marzo de 1980 que vio a una mujer en sus filas, ¿su nombre? Marguerite Yourcenar.

Esta escritora belga, de padre francés, simboliza una lucha constante en contra de los convencionalismos y paradigmas sociales. No se puede hablar de ella aludiendo a la imagen de una rebelde o una revolucionaria. Su figura, más bien, está en el orden de la razón y la sensibilidad. Su obra es todo lo que la literatura debe ser, y sus ideas, el ideal de lo que significa ser: un ser humano.

En 1970 se integró como parte de la Real Academia de la Lengua y Literatura Francesa de Bélgica. Respecto a la Academia Francesa, su candidatura  generó polémicas y el rechazo de más de uno de sus miembros. Inclusive algunos balbucearon pensamientos misóginos y burlescos a modo de argumento. El debate, absurdo y vergonzoso hoy en día, resultó beneficioso para la autora. Y con una votación a favor, Marguerite Yourcenar una vez más quebrantó lo establecido.  

Una de sus declaraciones más célebres es la siguiente:

“(la Academia) está conformada simplemente por los usos que colocan con gusto a la mujer sobre un pedestal, pero no le permiten avanzar oficialmente hacia un sillón.”

Y es que en la literatura y el arte en general a la mujer le es lícito ser musa, modelo e inspiración, pero nada más. Lo femenino, para muchos, debe estar encerrado entre los muros que los hombres han levantado. Por tanto, la importancia histórica del nombramiento, fue más allá del reconocimiento de una brillante escritora. Fue un acto de justicia.

“Ustedes me han recibido… Ese yo incierto y flotante, esa entidad de la cual protesto yo misma su existencia, y que no siento verdaderamente delimitada más que por algunas obras que me sucedió de escribir, helo aquí, tal como es, rodeado, acompañado de un grupo invisible de mujeres que hubieran debido, quizás, recibir mucho antes este honor, hasta el punto que me siento tentada de desaparecer para dejar pasar sus sombras”.

En medio de una multitud en la cual estaba el presidente de Francia y lector de Memorias de Adriano, Giscard d’Estaing, Yourcenar dijo esas palabras. Recriminó que la Academia no hubiese aceptado antes a tantas mujeres talentosas. Tuvieron que pasar casi 350 años para que una de ellas formara parte de la institución que perfecciona y regula el idioma francés.

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