La popular ruta del Cares, que sigue desde las alturas el curso del río homónimo, era la única que, en los años 40, cuando fue trazada, unía Poncebos (Asturias) y Caín (León). Se realizó para que los trabajadores de la hidroeléctrica del Cares pudiesen llegar a su puesto de trabajo y hoy es uno de los corredores más hermosos y queridos por el turismo patrio. Una senda de 24 kilómetros, inserta en plena naturaleza. Nuestro entorno medioambiental es rico en rutas similares, pero en los últimos años se han abierto otras, orientadas a preservar la biodiversidad y permitir el movimiento de todo tipo de fauna. Son conocidos como corredores biológicos.
El desarrollo urbanístico y la expansión de los terrenos dedicados a la agricultura son solo dos de los motivos que han provocado, en los últimos tiempos, la fragmentación de los hábitats naturales. Esta supone un grave riesgo para la biodiversidad. Para paliar la pérdida, han surgido los corredores biológicos como áreas que conectan esos fragmentos de hábitats naturales y que, en el pasado, formaban un conjunto homogéneo.
Muchos de estos corredores se han creado de manera artificial, debido a la concienciación medioambiental, pero ya desde hace tiempo existían de manera natural. Las cuencas de los ríos, los valles o las cadenas montañosas vienen haciendo las veces de corredores vitales para especies animales que los utilizan para sus migraciones estacionales. Muchos otros han sido creados por el ser humano para paliar la fragmentación a que nosotros mismos los hemos expuesto con la construcción de carreteras o enclaves urbanos. Como ejemplo de ello están los numerosos «puentes verdes» construidos sobre autopistas, que permiten el desplazamiento de especies, sin riesgo, de un área verde a otra.
Holanda cuenta con más de 600 corredores biológicos, entre ellos el más amplio del mundo
En este tipo de iniciativas, Holanda se encuentra a la cabeza a nivel global: cuenta con más de 600 corredores biológicos que permiten a la fauna local atravesar autopistas o líneas férreas. Ingenieros, arquitectos, paisajistas y grupos de ecologistas colaboran en el diseño de estos corredores para que se establezcan como una extensión del medio natural.
El país cuenta con el corredor biológico artificial más amplio del mundo, el Natuurbrug Zanderij Crailoo. Ubicado en una reserva natural situada a 25 km de Ámsterdam, este corredor elevado mide 50 metros de ancho y 800 de largo que atraviesan autopistas, líneas férreas, estacionamientos y complejos deportivos.
Y son ya muchas las ciudades que incorporan a su trazado jardines verticales y azoteas verdes interconectadas que logran integrar el entorno natural en la urbe. En el entorno rural, cada día surgen nuevos proyectos de reforestación orientados a la plantación de árboles en lugares estratégicos que logran, de esta forma, unir hábitats fragmentados.
España cuenta con uno de los proyectos más innovadores: el Corredor Verde del Guadiamar, que va en paralelo al tramo medio del río Guadiamar, último afluente del Guadalquivir, permitiendo conectar el Parque Nacional de Doñana con Sierra Morena. Con una superficie de más de 2.700 hectáreas no solo se constituye en refugio para la fauna aviar y acuática de la zona, sino que además favorece la circulación de biodiversidad entre la zona norte de Doñana y los pinares de Aznalcázar, ambos espacios de gran valor ambiental.
Por otra parte, la ciudad de Madrid cuenta con uno de los corredores biológicos urbanos más destacados. El Corredor Ambiental Madrid Río recorre las riberas del río Manzanares desde el monte de El Pardo hasta Getafe. Más de 1.200 metros cuadrados que unen amplias áreas verdes antes fragmentadas, permitiendo el paso de la fauna. Asimismo, ha permitido la plantación de más de 33.000 nuevos árboles, cerca de 500.000 arbustos y más de 210.000 metros cuadrados de pradera que lo convierten en un pulmón para la urbe.
La importancia de mantener estos corredores biológicos y de incorporar otros nuevos es esencial para fomentar la biodiversidad y permitir a las especies migrar a áreas con condiciones climáticas más favorables. Además, la vegetación de estos corredores biológicos favorece la conservación del suelo y la filtración del agua, esencial no solo para los ecosistemas sino también para la población humana circundante.
Tomado de Ethic.es



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