En medio del Foro Económico Mundial, Larry Fink, CEO de BlackRock —la gestora de activos más grande del mundo— lanzó un mensaje inusualmente directo: el modelo económico actual corre el riesgo de perder credibilidad si no logra que más personas sientan que forman parte de la prosperidad.
En su carta anual a los CEOs, publicada esta semana bajo el título “La nueva prosperidad: reconstruir la confianza en el sistema”, Fink no habla de crisis ni colapsos, pero sí advierte con claridad: el crecimiento económico y los récords bursátiles ya no son suficientes si amplios sectores de la población siguen sintiéndose excluidos.
“Hemos creado una riqueza sin precedentes en las últimas décadas”, escribió Fink, “pero su distribución parece cada vez más desconectada de la realidad cotidiana de millones de personas”.
Más allá del PIB
Uno de los puntos centrales de su mensaje es que los indicadores tradicionales —como el PIB o el desempeño de las bolsas— ya no reflejan si la gente se siente segura, valorada o con esperanza para el futuro. Por eso, propone incorporar nuevas métricas que midan el capital humano, la resiliencia comunitaria y las oportunidades para las nuevas generaciones.
“No se trata de abandonar el crecimiento, sino de asegurarnos de que sea compartido”, dijo durante una breve intervención en Davos.
La IA: oportunidad con riesgos reales
Fink también abordó el impacto de la inteligencia artificial, un tema central en esta edición del foro. Reconoció que la IA transformará el trabajo de oficina con la misma profundidad con la que la automatización cambió la industria manufacturera en décadas pasadas.
Pero, lejos de pronosticar un “estallido social inevitable”, como han circulado algunos rumores, Fink insistió en que los efectos negativos no son inevitables: dependerán de cómo gobiernos y empresas gestionen la transición. “Sin políticas responsables y una inversión seria en educación y reciclaje laboral, la IA podría profundizar la desigualdad”, advirtió.
¿Crítica al capitalismo?
Aunque algunos han interpretado su mensaje como una autocrítica al sistema, Fink no cuestiona el capitalismo en sí. Más bien, plantea que debe evolucionar para mantener la confianza de la ciudadanía. “Cuando la gente deja de creer que el esfuerzo conduce a una vida mejor, se erosiona la fe en todo el sistema económico”, escribió.
Su tono no es de alarma, sino de urgencia pragmática: si el sistema quiere seguir funcionando, necesita que más personas crean en él.
En contexto
La carta llega en un momento tenso. En varias democracias occidentales, movimientos sociales exigen respuestas ante la inflación persistente, la precariedad laboral y la concentración de riqueza en manos de unos pocos. Al mismo tiempo, la adopción acelerada de la IA en empresas está generando incertidumbre entre trabajadores calificados, antes considerados “a salvo” de la automatización.
Fink no propone soluciones radicales, pero sí un cambio de enfoque: menos obsesión por los números agregados, más atención a las personas detrás de ellos.
Como escribió al cerrar su carta:
“La verdadera prosperidad no es solo que la economía crezca, sino que la gente sienta que puede construir su futuro sobre ella”.
Por Alejandro Palma
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