abril 10, 2021

La Reconstrucción de Memorias Colectivas en Colombia, más allá de una buena práctica socio-política

Colombia uno de los países más multidiversos, en toda la extensión de la palabra, del denominado Cono Sur, ha sido protagonista y espectador también de indistintas formas de violencia en sus últimas seis décadas. Violencias tales que se han puesto en...

David_Peterson

Colombia uno de los países más multidiversos, en toda la extensión de la palabra, del denominado Cono Sur, ha sido protagonista y espectador también de indistintas formas de violencia en sus últimas seis décadas. Violencias tales que se han puesto en marcha desde la guerrilla, los paramilitares, los carteles, la delincuencia común y por supuesto y no menos importante, el Estado, dónde la víctima principal ha sido la sociedad civil y la fractura de su
tejido social respectivamente.

Uno de los tantos pasos importantes para conocer, reconocer, responsabilizar y dialogar acerca de la violencia generada desde la guerrilla, fueron los Acuerdos de la Habana estipulados en septiembre de 2016 y pactados entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) y el gobierno colombiano.

Estos Acuerdos de la Habana, están implicando a lo largo y ancho del territorio colombiano un proceso arduo de reconocimiento, reparación y diálogo entre las víctimas y los victimarios, donde la reconstrucción de memorias colectivas –que para efectos de este texto se seguirá denominando (REMECO)- ha fungido un rol fundamental en la sociedad colombiana, más allá de una buena práctica es una dinámica necesaria y pertinente en el escenario socio-político.

A diferencia de la historia de un país, que se puede hallar en los libros de texto, es en el imaginario social, donde quedan plasmadas las memorias colectivas, siendo este proceso social un acto profundamente afectivo, que implica la visibilización del impacto generado por la guerra, a través de dinámicas de confrontación directa con hechos atroces, un careo con los victimarios, un reconocimiento de la violación de los derechos humanos, atender a razones carentes de todo argumento y absurdas por parte del Estado de lo sucedido, entre otras, es menester entonces la exposición transparente y genuina de cada uno de estos recuerdos transversalizados por el dolor, el diálogo abierto de los mismos y las repercusiones acarreadas.

Cuando se habla de actos profundamente afectivos como vehículo directo de la REMECO, se hace referencia a la escucha activa y empática, que permite a los seres humanos identificarse con otros desde los horrores experimentados, haciendo una exposición de los mismos, decantándolos, procesándolos y generando así una robusta red de apoyo, dando paso a una resignificación del tejido social existente.

La REMECO se lleva a cabo a partir de los afectos, los lugares, el tiempo, la historia, los objetos, los símbolos, las narrativas y todo aquello que atañe al normal desarrollo del tejido social, traducido esto a los sueños o propósitos de vida desde lo individual y lo colectivo, que se han visto tajantemente interrumpidos por el impacto mismo del conflicto armado y la violencia.

Uno de los objetivos de la REMECO es la exposición real del conflicto y sus subsecuentes historias, esto en orden a dejar de lado el reduccionismo en la narrativa, pues el conflicto que se ha extendido en Colombia, ha tenido alcances diferentes en cada zona del país.

La diversidad y diferenciación en este proceso y buena práctica socio-política debe tomar un rol protagónico, pues son pluriculturales y multidiversas las regiones, comunidades y asentamientos, donde la violencia ha contado una historia por sí sola, en la cual se espera que su guion sea reescrito.

Es importante mencionar que la REMECO no solo se debe abordar desde la trinchera de la recordación de hechos dolorosos y traumáticos, dejados por el conflicto, también se debe hacer énfasis en los recursos individuales y colectivos que generó cada comunidad para afrontar y posteriormente asimilar los sucedido.

La REMECO en Colombia, es un proceso complejo, donde aún hay mucho hacer, pues el país sigue estando inmerso, a una menor escala, claro ésta, en actos violentos. Este proceso de interacción permite saldar de manera paulatina la deuda histórica, que se tiene con la sociedad civil, al ser el quinto territorio con el mayor índice de impunidad en Latinoamérica, según el Índice Global de Impunidad.

Es fundamental que este proceso socio político, tenga la suficiente visibilización dentro de la ciudadanía, permitiendo así la replicación del mismo en los espacios donde sea pertinente, pues se ha logrado establecer que el impacto que ha generado la REMECO, es positivo y ha maquetado un nuevo capítulo en la historia del país.

La reparación integral de víctimas del conflicto armado en Colombia, es una iniciativa estatal, como una de las propuestas concretas en la construcción de paz. Esta iniciativa gubernamental como en su mayoría, ha tenido grandes costes en varios aspectos. La corrupción se ha colado y ha alcanzado a esta disposición de justicia transicional, ya que posee una inyección económica y financiera de alto valor, donde una vez más las víctimas de violencia han sido las receptoras de esta desvirtuada situación. Las clases dirigentes y prestantes del país, en su arrogancia, doble moral y falta de empatía, tampoco han sido precisamente partidarias de esta medida, debido a que el conflicto armado se desarrolla generalmente en zonas rurales alejadas de los cascos urbanos y en sectores socioeconómicos marginados, inclusive de los servicios básicos. Prueba substancial de ello es el resultado democrático del plebiscito sobre los acuerdos de paz y la consulta anticorrupción, realizados en 2016 y 2018 respectivamente, donde en ambos casos se obtuvo un “no” en las urnas electorales. Es absolutamente importante mencionar que en los municipios donde los grupos violentos han perpetrado innumerables masacres, estos procesos democráticos encontraron el “si” en casi su totalidad.

Varios teóricos colombianos coinciden que el escenario expuesto en el anterior párrafo, es un problema que sienta sus bases en la política militarizada y doctrina anticomunista que Estados Unidos de América ha logrado imponer en América Latina, de una manera conveniente y estratégica a sus intereses de monopolios económicos.

Es así pues que la construcción de memorias colectivas constituye una necesidad humana, de resistencia al olvido, casi como la oportunidad y porque no, la esperanza de ser nuevamente una parte integral de la sociedad. Es un llamado contundente a la materialización del derecho a la verdad, así como también a la reviviscencia de habitar un espacio social y cultural que considere al ser humano en todas y cada una de sus dimensiones, allanando el camino hacia la tan anhelada paz.

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