La otra revolución fértil: las megaciudades del mundo están dejando de tener hijos a velocidad récord

El futuro es de las ciudades. Hay pocas dudas al respecto. Podrá haber variaciones, oscilaciones, cambios e imprevistos —la pandemia y sus efectos demográficos es un buen ejemplo—, pero la tendencia es clara y se lleva viendo...

El futuro es de las ciudades. Hay pocas dudas al respecto. Podrá haber variaciones, oscilaciones, cambios e imprevistos —la pandemia y sus efectos demográficos es un buen ejemplo—, pero la tendencia es clara y se lleva viendo venir desde hace tiempo. Que las áreas urbanas se vayan a llevar la tostada demográfica no significa, en cualquier caso, que estén libres de retos.

Los tienen. Y graves. Las tasas de fecundidad —el número promedio de hijos nacidos por mujer— de las mayores áreas urbanas muestran que tienen un problema alarmante: su escasa natalidad. Tan pocos bebés nacen que, al menos en 2020, en la mayoría de los casos el dato estaba en “números rojos”. El cantidad de pequeños por mujer no era suficiente para “reponer” la población.

¿Qué nos dicen las estadísticas? Las tablas elaboradas por Birth Gauge con datos de 2020 de City Population dejan algunas lecturas interesantes. El estudio analiza la tasa de fecundidad —TFR, por sus siglas en inglés— de las 39 mayores mega ciudades del planeta, las que acogen a más de 10 millones de personas. ¿Cuál es su primera conclusión, la más importante? Que su fecundidad está por debajo de 2 en el 79% de las áreas urbanas analizadas, por lo que las mujeres están teniendo menos de dos hijos en promedio, dato que no llega a la tasa de reemplazo.

Dicho de otra forma, no nacen niños suficientes para “tomar el relevo” de sus padres y madres. Lo ideal para una población, al menos a nivel demográfico, es que su promedio se sitúe por encima de 2,1. El número de mega áreas urbanas que cumplen ese requisito es incluso menor.

Mal en términos generales… y al comparar. Así es. Las estadísticas dejan aún otra lectura negativa. No es solo que su tasa de fecundidad esté en “números rojos”; es que además, en la mayoría de los casos, el dato de las grandes áreas urbanas está por debajo de la del conjunto del país. Por ejemplo, en el área metropolitana de Delhi es de 1,6, mientras que la del conjunto de la India se sitúa en 2,05. Algo similar pasa con Bangkok. Su dato es de 0,85. La de Tailandia, 1,25.

Cuando se baja al detalle se aprecia que el mayor problema lo tienen las áreas urbanas XXL, las que pasan de 20 millones de habitantes, como Pekín, Ciudad de México, Shanghái, Seoul o Tokio. Si la tasa de fecundidad promedio de las megaurbes del mundo se sitúa en 1,62, en su caso desciende a 1,42. Las situadas por debajo de esa horquilla —de 10 a 20 millones— están en 1,74.

¿Cuál es la explicación? Cifras, tasas y porcentajes al margen, los datos tienen una lectura clara: en las “mega áreas urbanas” las mujeres tienen pocos hijos, menos que sus compatriotas instaladas en otros municipios con padrones más discretos. Eso no significa que el problema sea exclusivo de este tipo de grandes poblaciones, ojo. Si acaso acentúan una realidad mucho más general.

Los datos del Banco Mundial muestran cómo Asia Oriental y el Pacífico, Europa, América del Norte, Latinoamérica u Oriente Medio y el Norte de África encadenan desde hace décadas un descenso en las tasas de fecundidad. Un ejemplo: si en 1965 una mujer de Asia Oriental o el Pacífico registraba 5,7 nacimientos de media, en 1990 eran ya 2,5 y en 2020 el dato se situaba en 1,8. En la Unión Europea pasamos de 2,6 en 1965 a 1,5 en 2020, si bien en los 90 el dato llegó a ser menor.

¿La explicación? Un cóctel de factores. Cambios culturales y sociales, un mayor acceso de las mujeres a la educación y el mercado laboral, un mayor uso también de los métodos anticonceptivos e —igual de clave— el descenso de la mortalidad infantil, lo que explica que las mujeres registren hoy menos alumbramientos que hace medio siglo. A mayores, las mega áreas urbanas pueden presentar factores añadidos que afectan al coste de la vida, educación, cultura y economía. Entre todos, uno de los que quizás haya tenido mayor impacto es el aumento de las mujeres en el mercado laboral.

«La mujer abandona lo que hasta el momento había venido siendo el escenario principal de su actividad, el hogar, en el que desarrollaba un trabajo no remunerado, y pasa a participar de manera activa en el mercado laboral. Ante este proceso de cambio se rompen las estructuras fijadas, de tal manera que surge un problema originado, entre otras causas, por el vacío existente en el hogar. Este problema, aparte de otra serie de consecuencias, puede traer aparejado incluso una disminución en la tasa de natalidad», reflexiona Mª del Rosario Marín, de la Universidad de Cádiz.

¿Significa eso que las mega ciudades morirán? No. En 2018 la ONU calculaba que alrededor del 55% de la población mundial residía en ciudades y estimaba que el dato se elevaría al 68% en 2050. La pandemia ha llevado a muchos a redescubrir el atractivo de las áreas rurales, pero los expertos dibujan desde hace mucho tiempo un futuro que será eminentemente urbano. La tendencia no es nueva, además; lleva ya bastante tiempo fraguándose: al menos en 2018 vivían en ciudades 4.200 millones de personas. Son muchas, muchas más, que las 751 de mediados del siglo XX.

El alza ha sido pronunciada también en las megaciudades. El profesor Edward Relph, de la Universidad de Toronto, recuerda que en 1950 había solo dos urbes con más de 10 millones de habitantes: Nueva York y Tokio. En 1970 la lista había subido a tres y en 2020, según los datos e la ONU, se hablaba ya de 34, cifra que algunas fuentes elevaban a más de 40. Los datos actuales muestran que la mayoría de las megaciudades se localizan en Asia, seguida de América. La presencia de Europa en las tablas de City Population es testimonial, con solo tres núcleos.

La ONU deja, eso sí, un aviso a navegantes: “Las megaciudades no dirigirán el crecimiento demográfico urbano, sino que serán las urbes con menos de un millón de habitantes, especialmente en Asia y África, las que liderarán la tendencia. Mientras que en las primeras reside una de cada ocho personas, las últimas acogen a cerca de la mitad de la población urbana mundial”.

La migración, fundamental. ¿Cómo es posible entonces que crezcan las grandes ciudades con tasas de fecundidad que no llegan al nivel de reemplazo? La clave está en buena medida en el flujo migratorio, el trasvase de población llegada de otras poblaciones, lo que no tiene por qué traducirse en inmigración internacional. Si se cumplen los vaticinios de la ONU y llegamos al 68% en 2050 será posible, en gran medida, por el trasvase de personas desde fuera de las metrópolis.

«Parte de la población mundial desplazará su lugar de residencia de los entornos rurales a los urbanos y, a esta predicción, se unen las perspectivas de crecimiento demográfico, según las que cerca de 2.500 millones de personas adicionales vivirán en las ciudades para esa fecha», anota la ONU, que calcula que tras alcanzar los 3.400 millones de personas las áreas rurales registrarán una caída de población que las situará en 3.100 millones en 2050, gran parte en Asia y África.

Imagen de portada | Ryoji Iwata (Unsplash)

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