febrero 27, 2024

La ira – Víctor Roura

Una vez guardé una ira en el bolsillo izquierdo. Era tan irascible, la ira, que me alzó, con la fuerza de un tornado, en medio de la calle. Era como un grito destemplado que arrojaba un viento poderoso que me levantaba por los aires como a un papalote sin hilo.

      No sé por qué la guardé en el bolsillo izquierdo, pero la ira me acorraló en un callejón sin salida. Yo estaba asustado, tiritaba de miedo. Aunque sé que la ira es gruñona, no tenía idea de su profunda irritación. La ira que guardaba en el bolsillo era la ira de la política a la cual le confiaba mis convicciones. Contra la pared, le pedí clemencia:

      —¡No tienes derecho a amenazarme de este modo tan ruin! —le dije, y mi voz temblaba de temor.

      La ira creció aún más: era como un fantasma de los cuentos, pero absolutamente invisible; sólo tenía la forma de un huracán diminuto, el cual sí podía mirarse, si bien borrosamente. Me exigió silencio y cerré los ojos. No la veía, pero sabía dónde estaba: el grisáceo airecillo se movía de aquí para allá. Su aliento —su terrorífico aliento— me indicaba su ubicación, además. Con la ira las palabras son nada. No admite argumentos, ni razones.

      La ira es la ira es la ira.

      Era como un fantasma de los cuentos, sí. Sabía que la tenía enfrente, sin embargo, no sólo por su aterrador aliento sino también por el viento acumulado que soplaba tirándome al suelo. Yo con la ira no voy a meterme nunca más. Que se enojen los iracundos, que yo no tengo nada contra ellos. Que hagan de su vida un pepino, que se pongan amarillos de coraje, que les salgan ronchas en el cuerpo. A mí no me importa. No me importa.

      La ira me volteó de cabeza con un rabioso soplido. Me tiró al suelo seis veces y las seis veces me puse de pie, aturdido.

      La ira es la ira es la ira, yo lo sé.

      Prometo no volver a meterme jamás con ella. Le dije:

      —Ira, ya estás liberada, déjame en paz.

      No sé cómo se me ocurrió guardarla en el bolsillo. Pero ya estaba fuera castigándome con sus terribles aires furibundos.

      Ira, déjame en paz.

      Y la ira por fin se fue por un camino que no conozco.

      Yo sé que la ira es la ira es la ira, no sé entonces cómo fui a meterme con ella.

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Last modified: 12 febrero, 2024Tomado de https://lalupa.mx/