octubre 10, 2021

La guerra olvidada de Madrid: los edificios destruidos por los bombardeos de los que nadie se quiere acordar

Dos arquitectos de la Politécnica cartografían como nunca la destrucción infligida sobre la ciudad entre 1936-1939, apenas investigada. Fue el ensayo de la "guerra total" moderna para infundir terror, que desemboca en Hiroshima Leer#ExpresionSonoraNoticias Tomado de http://estaticos.elmundo.es/elmundo/rss/cultura...

85 años de los bombardeos

Dos arquitectos de la Politécnica cartografían como nunca la destrucción infligida sobre la ciudad entre 1936-1939, apenas investigada. Fue el ensayo de la «guerra total» moderna para infundir terror, que desemboca en Hiroshima

Edificio bombardeado.
Edificio bombardeado.BIBLIOTECA NACIONAL

Actualizado Domingo,
10
octubre
2021

13:20

Madrid tiene memoria. No es una ciudad que olvida a sus víctimas. «El día de la Comunidad recuerda a las de los ejércitos napoleónicos; hay placas a las víctimas de ETA, como es lógico; tiene un monumento por las del terrorismo islámico del 11-M…». Y una llama reluce ante Cibeles por los muertos del covid. Por eso, «es inconcebible que no haya nada por las víctimas de los bombardeos durante la Guerra Civil», lamenta Luis de Sobrón, coautor junto a Enrique Bordes de Madrid Bombardeado. Cartografía de la destrucción, 1936-1939 (Cátedra). Un libro recién publicado y ya en su segunda edición, que es ese memorial pendiente, con su macromapa (60×88 cm.) detallado de los daños, pura «empatía gráfica» del desastre.

Hoy no quedan rastros del daño sufrido en el edificio de la calle de Segovia.
Hoy no quedan rastros del daño sufrido en el edificio de la calle de Segovia.CEDIDA

Incompresible olvido porque aquel episodio fue el origen de la denominada guerra total; el primer bombardeo de la Historia sobre una gran capital para provocar una rendición inmediata; el esbozo que inspiró, a partir de las crónicas del francés Louis Delaprée, el monumental Guernica de Picasso. «El proyecto surge de constatar la falta de conciencia que hay en los ciudadanos de Madrid de vivir en una ciudad que fue bombardeada, a diferencia de lo que ocurre en Londres, Manchester, Berlín o Dresde».

Enrique, de quien partió la idea, y Luis han abordado ese periodo desde su campo, como arquitectos y profesores de la Universidad Politécnica, aferrados a los datos del Archivo del Cuerpo de Bomberos, partes de la Policía Urbana, imágenes de fotoperiodistas (113 peinaron la capital), documentos de arquitectos de la época y otras fuentes, como las imágenes de vuelo de la aviación americana en 1941 o documentos del ejército sublevado.

Cuatro años recorriendo los anaqueles y los costurones de la ciudad que señalan la destrucción urbanística infringida -en noviembre se cumplen 85 años del inicio del asalto a Madrid de las tropas del general Franco-. Al plano actual, publicado en una primera versión en 2019 con los puntos llameantes de 1.600 inmuebles afectados, se le ha añadido un hallazgo en el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca, que les ha permitido sumar hasta 2.203 edificios afectados. Sólo en el término municipal del Madrid del 36, sin Vallecas, Entrevías o Tetuán, que también fueron diana. Ofrecen cifras conscientemente conservadoras: «Como en España es un tema artificiosamente polémico, queríamos andar sobre seguro. Sólo hemos localizado en el plano lo que hemos logrado documentar». Y si la proporción de edificios total o parcialmente destruidos no es alta, un 26%, sí estremece que el 84% sea vivienda civil.

Gráfico del Madrid bombardeado.

Porque hablar del «urbicidio» es también hacerlo de las víctimas, de sus habitantes. «La destrucción es un síntoma. Viendo ese plano es fácil imaginarse las desgracias que hubo detrás». Cayeron bombas con hasta 250 kilos de explosivo; sólo en el derrumbe del edificio del número 11 de Marqués de Santa Ana, el 16 de noviembre, fallecieron 57 personas. Esa tragedia aflora del mapa, con sus zonas ardientes y la gradación del daño, para revelar que el bombardeo contra la población fue un cimiento estratégico para forzar la rendición. Eso lo convirtió en hito, «la obertura de una ópera trágica, con la última tecnología y entrenamiento con fuego real», que desemboca en Berlín, Hiroshima y Nagasaki.

En Madrid, los autores registran hasta 43 casos de vacíos urbanos, como en la zona del Parque de las Vistillas, el Cuartel de la Montaña o áreas residenciales de las calles Alcalá y Aduana. Hasta 500 edificios volvieron a levantarse tras la Guerra, como el antiguo palacio de Marqués de Torrecilla, el extinto Teatro Cervantes -hoy un Dia y viviendas, en Corredera Baja de San Pablo, 39- o buena parte del barrio de Argüelles, el más cercano al frente. Por contra, el barrio de Salamanca apenas tuvo rasguños.

Los autores muestran las transformaciones arquitectónicas en el Instituto de San Isidro y la iglesia de San Sebastián, o sitúan las huellas de metralla a lo largo de las calles Mayor, 6 y 72; Alameda esquina con Moratín; Princesa, 38; costanilla de los Ángeles, 13; en la facultad de Medicina de la Complutense; la verja del Jardín Botánico… No queda rastro de las bombas incendiarias -generaban temperaturas de hasta 3.000 grados- que cayeron sobre el Museo del Prado, la Biblioteca Nacional o el Museo Arqueológico.

El Teatro Cervantes fue bombardeado en noviembre del 36.
El Teatro Cervantes fue bombardeado en noviembre del 36.BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA
El edificio que sustituyó al Teatro Cervantes, en la Corredera Baja de San Pablo.
El edificio que sustituyó al Teatro Cervantes, en la Corredera Baja de San Pablo.CEDIDA

El libro también anota lo mayoritario: edificios reconstruidos, como el Palacio de Liria, íntegramente; la fachada occidental del Palacio Real o la fachada y cubierta del edificio Telefónica, con sus 120 impactos. Observatorio militar y de comunicaciones del gobierno republicano, para la aviación de la Alemania nazi y la Italia fascista, aliados de Franco, la Telefónica fue la mejor referencia para afinar el tiro en otros objetivos.

El primer ataque sobre Madrid de un Junker-52 germano, la noche del 27 al 28 de agosto, afectó al Palacio de Buenavista, entonces el Ministerio de Guerra, y a la vecina Cibeles. Hasta septiembre, el modus operandi fue similar a los bombardeos de la primera Guerra Mundial sobre Lieja, Venecia, París o Londres, algo complementario; la guerra se ganaba en las trincheras. Pero el 8 de noviembre de 1936 todo cambia. En la Guerra Civil española y en la Historia. «En Madrid, la aviación y el bombardeo serán el elemento distintivo. Se usará con interés estrictamente militar en la ribera del Manzanares o en Ciudad Universitaria, pero también para aterrorizar a la población con cargas en el centro de la ciudad o de noche». Se buscaba el pánico. Aquellos días, un 12 de noviembre, Franco declara al Times: «Destruiré Madrid antes que dejárselo a los marxistas».

El culmen del ataque se alcanza el 19 de noviembre, pero la defensa republicana de Madrid resiste y el 23 de noviembre se ordena el cambio de estrategia: comienza el asedio, la guerra larga. La aviación emigra a otros frentes, pero se mantiene más de dos años el trueno de la artillería, desde los cerros de los Ángeles y Garabitas, en la Casa de Campo. El 18 de febrero del 39, a las 15:25, se produce la última salida de Bomberos por un bombardeo, en la calle de Hortaleza, 28. La Guerra terminaba.

Durante la Dictadura, la imagen de Madrid como «ciudad victoriosa y capital de un nuevo imperio» no cuadraba con la de ciudad bombardeada; con la Transición «hay 40 años de amnesia pragmática», pero «80 años después parece un momento para hablar abiertamente de estas cuestiones», señala De Sobrón. El propósito: «Mantener la memoria de una desgracia evitable, de hechos que dependen de la voluntad de las personas o los gobiernos. Esto no es como el volcán de La Palma».

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