abril 29, 2022

La guerra a través de las edades | por Bronisław Malinowski


Una de las razones por las cuales Malinowski, de nacionalidad polaca, salió de su país fue el estallido de la primera guerra mundial. Los ataques en Europa continuarían hasta 1945 tiempo que Malinowski utilizaría para reunir toda la información de campo en las Islas Trobriand de Mairu que le serviría para elaborar “Los argonautas del pacifico occidental “.

En este lapso tuvo oportunidad de describir y comprender las formas de vida de los mailu (trobriandeses) e inevitablemente hacer una comparación con la sociedad moderna a la cual pertenecía.

Parte de las reflexiones que se encuentran en este texto nacen de sus observaciones en las islas melanesias. A propósito de los tiempos bélicos en los que nos encontramos quisimos recuperar su postura sobre los factores culturales que inciden en la guerra.

Este artículo fue escrito por el antropólogo Bronislaw Malinowski, y se publicó en 1941 en The American Journal of Sociology, traducido al español por Oscar T Ritcher.


Por Bronislaw Malinowski

En todo symposium de las ciencias sociales sobre la guerra tiene derecho a figurar la antropología, que es sobre todo un estudio del género humano. Es obvio que el antropólogo no debe aparecer simplemente como un heraldo que anuncia el advenimiento de la guerra en la perspectiva de la evolución humana; y muchísimo menos como el payaso de la ciencia social, alegrando el symposium con anécdotas de canibalismo, de la caza de cabezas, de los ritos mágicos prepósteros o de las danzas guerreras.

La antropología ha hecho más daño que bien, al introducir la confusión con mensajes optimistas del pasado primitivo, pintando a los ancestros de la humanidad viviendo en una edad de oro de perpetua paz. Y aún es más confusa la enseñanza de aquellos que sostienen que la guerra es una herencia esencial del hombre, un destino psicológico o biológico del que nunca se podrá libertar.

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Existe, sin embargo, un legítimo papel para el antropólogo. Estudiando las sociedades humanas sobre la amplia base de la perspectiva del tiempo y de la distribución especial, estará capacitado para decirnos lo que es realmente la guerra. Si la guerra es un fenómeno cultural que se encuentra al principio de la evolución; cuáles son sus causas determinantes y sus efectos; cuál es su creación y qué es lo que destruye ­­­-cuestiones éstas que pertenecen a la ciencia del hombre. Las formas, los factores y las fuerzas que definen y determinan la guerra, deberán por tanto, analizarse dentro de una teoría correcta antropológica de la guerra.


Todos estos problemas tienen su sostén teórico y práctico. Como miembro de un symposium de la guerra inspirado en un interés pragmático y filosófico, el antropólogo deberá conocer todas las circunstancias actuales de la guerra y los problemas prácticos que se originan de nuestra crisis contemporánea. No hay tiempo que desperdiciar en averiguar por qué arde Roma –0 mejor dicho, por qué Roma ayuda a Berlín a incendiar el mundo.

Dictado por el sentido común, indispensable para el buen estadista, basado en la reflexión abstracta y filosófica, persistiendo por encima de los gritos de batalla de los ejércitos atrincherados y de los proyectos de la diplomacia, el problema principal del día es simple y vital: ¿debemos abolir la guerra o debemos someternos a ella por elección o por necesidad? ¿Es de desearse una paz permanente, y es posible ésta última? ¿Y de ser posible, cómo la haremos propiciatoria? Seguramente que habrá que pagar un precio muy alto por cualquier cambio fundamental en la constitución del género humano.

Claro está, que en este caso, el precio sería el de la rendición de la soberanía del Estado y la subordinación de todas las unidades políticas a un control mundial. Si este sacrificio es mayor o menor dentro de los términos de progreso, cultura y personalidad, que los desastres producidos por la guerra, eso ya es otro problema cuya solución deberá fundamentarse en argumentos antropológicos.

Creo que la tarea de evaluar la guerra en términos de análisis cultural, es hoy el principal deber de la teoría de la civilización. En los países democráticos debe liberarse a la opinión pública del prejuicio, y purificarla en lo que se refiere al conocimiento sano. Los Estados totalitarios están empleando mucha energía y previsión y haciendo obra constructiva en la tarea de imbuir sus doctrinas en las mentes de sus gentes, tanta como la que gastan en construir armamentos.

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A menos que nosotros nos unamos ética y científicamente en la tarea contraria, no estaremos en condiciones de oponernos a ellos. Al mismo tiempo, la comprensión cultural completa de la guerra en sus relaciones con la nacionalidad y el Estado, en sus movimientos y efectos, en el precio pagado y en las ventajas obtenidas, es también necesaria para el problema de proporcionar instrumentos a cualquier cambio fundamental.

El problema de lo que es la guerra como fenómeno cultural cae naturalmente dentro de las ramas constitutivas de las determinantes biológicas de la guerra, de sus efectos políticos y de su constructividad cultural. En la siguiente discusión de las pugnas y la agresión, vamos a ver que hasta las luchas preorganizadas no son una simple reacción de la violencia producida por el impulso de la cólera. La primera distinción que emerge de nuestro análisis es entre las luchas colectivas organizadas contra actos de violencia espontáneos, esporádicos e individuales que son los antecedentes del homicidio, el asesinato y el desorden cívico, pero no de la guerra.

Demostraremos entonces, que las luchas organizadas tienen que ser discutidas del todo con relación a su fondo político. Las luchas dentro de una comunidad llenan una función enteramente diferente de la de los combates o batallas intertribales. Y aún entre éstas últimas, sin embargo, tendremos que distinguir entre las guerras culturalmente efectivas y las operaciones militares que no dejan una huella permanente en términos de difusión, de evolución o de cualquier efecto posterior histórico y perdurable.

De todo esto tiene que surgir el concepto de “la guerra como una disputa armada entre dos unidades políticas independientes, por medio de una fuerza militar organizada en la consecución de una política tribal o nacional”. Y ésta, como una definición mínima de la guerra, ya veremos lo fútil y confusa que es en relación con las quimeras, los gritos y las luchas primitivas como antecedentes genuinos de nuestra presente catástrofe mundial.

Malinowski, B., & Ritcher, O. T. (1941). Un Análisis Antropológico de la Guerra. Revista Mexicana de Sociología, 3(4), 119–149. https://doi.org/10.2307/3537297


Tomado de http://Notaantrpologica.com/