La estandarización y la originalidad en la industria cultural: Reflexiones de Edgar Morin

¿Es posible proteger la singularidad cultural y promover el mestizaje al mismo tiempo? Descubre las reflexiones de Edgar Morin sobre la estandarización y la originalidad en la industria cultural en este artículo.


La industria cultural ha sido objeto de estudio y debate en diversas disciplinas, y uno de los temas recurrentes es la tensión entre la estandarización y la originalidad. En este sentido, el sociólogo francés Edgar Morin ofrece reflexiones interesantes sobre cómo la globalización y la masificación de la cultura pueden afectar la identidad cultural y la creatividad.

Edgar Morin es un reconocido filósofo, sociólogo y antropólogo francés nacido en 1921. Es conocido por su enfoque interdisciplinario y su trabajo en el campo de la complejidad, la epistemología y la sociología de la cultura. Entre sus obras más destacadas se encuentran «El método», «El pensamiento complejo», «La cabeza bien puesta», entre otras. Ha sido galardonado con numerosos premios y es considerado uno de los pensadores más importantes de nuestro tiempo.

Morin aboga por la protección de las singularidades culturales y la promoción del mestizaje al mismo tiempo, en un mundo donde las culturas están cada vez más interconectadas. En este artículo, exploraremos las ideas de Morin sobre la estandarización y la originalidad en la industria cultural y su impacto en la diversidad cultural. Esta información fue obtenida del libro «¿Hacia el abismo? Globalización en el siglo XXI» de Edgar Morin, que puede descargarse gratuitamente en su página oficial.

En el siglo XX se produjeron una serie de procesos culturales que definieron la época y que seguirán presentes en el siglo XXI, según Edgar Morin. Aunque algunos de estos procesos son antagónicos entre sí, también existen complementariedades entre ellos. En este sentido, Morin menciona cinco procesos culturales clave que han tenido lugar en el último siglo.

La expansión a escala planetaria

En primer lugar, destaca la expansión de las artes, la literatura y la filosofía a nivel mundial. Este proceso se ha visto impulsado por la globalización y ha permitido la difusión de obras de arte, literatura y filosofía de diferentes culturas a nivel global. Esto ha generado un enriquecimiento y una ampliación de los horizontes culturales para todos.

Antes de la globalización cultural, las obras europeas dominaban la escena literaria y musical. Por ejemplo, en América Latina, las obras de Cervantes, Shakespeare y Moliere eran estudiadas y admiradas en las escuelas y universidades, mientras que la música europea era la única que se tocaba en las salas de conciertos.

Edgar Morin destaca la evolución de la cultura mundial durante el siglo XX. Anteriormente, las esferas culturales eran cerradas y limitadas a obras europeas en literatura, poesía y música. Sin embargo, a lo largo del siglo XX, se desarrolló una esfera cultural verdaderamente universal, en la que las traducciones se multiplicaron y las obras de otras culturas como la japonesa, latinoamericana y africana fueron publicadas en grandes lenguas europeas.

Debido a la globalización, las obras de otras culturas han sido traducidas y publicadas en todo el mundo. Por ejemplo, en Japón, novelas latinoamericanas como «Cien años de soledad» de Gabriel García Márquez y «La ciudad y los perros» de Mario Vargas Llosa son muy populares entre los lectores japoneses. De igual manera, en Europa se pueden encontrar libros y música de diferentes partes del mundo.

Este desarrollo también se extendió a la música, con músicas occidentales encontrando intérpretes en todos los continentes y Europa abriéndose a las músicas del Oriente árabe, India, China, Japón, América Latina y África. Aunque esta nueva cultura mundial todavía está confinada a círculos restringidos en cada nación, su desarrollo continuará en el siglo XXI.

La música occidental no solo se ha expandido a otros continentes, sino que también ha incorporado elementos de otras culturas. Por ejemplo, la música pop en occidente a menudo utiliza instrumentos y ritmos de la música árabe, india y africana. Además, cada vez hay más músicos de diferentes partes del mundo colaborando entre sí.

Además, el autor destaca que aunque los modos de pensar occidentales han invadido el mundo, las maneras de pensar de otras culturas resisten y se difunden ahora en Occidente. Las filosofías y las místicas del Islam, los textos sagrados de la India, el pensamiento del Tao y el budismo se convirtieron en fuentes vivas para el alma occidental, que aspira a la paz interior y la armonía consigo misma.

En la actualidad, las filosofías y las creencias de otras culturas están siendo estudiadas y practicadas en todo el mundo. Por ejemplo, en Estados Unidos, la meditación budista y el yoga han ganado popularidad en los últimos años, y muchas personas han encontrado en estas prácticas una forma de encontrar la paz interior y la armonía consigo mismas.

Sin embargo, el autor también señala que la demanda occidental de Oriente ha llevado a formas vulgarizadas y comercializadas del yoga y los mensajes del budismo, lo que puede diluir la autenticidad de estas prácticas y creencias. En resumen, el texto destaca la evolución de la cultura mundial hacia una mayor diversidad y apertura, aunque también advierte de la necesidad de mantener la autenticidad de las prácticas y creencias culturales.

Por ejemplo, el yoga se ha convertido en una moda y en un negocio, y a menudo se enseña de una manera superficial y descontextualizada de su origen cultural. Esto puede llevar a la pérdida de la autenticidad de estas prácticas y creencias culturales.

La estandarización cultural y sus limites

En segundo lugar, Morin habla de la homogeneización y estandarización cultural, que también ha sido un proceso relevante en el siglo XX. La globalización ha llevado a una creciente uniformidad en los productos culturales y a una pérdida de la singularidad y la diversidad cultural. Este proceso ha generado cierta preocupación entre los expertos, que ven en la uniformidad una amenaza para la riqueza cultural del mundo.

Aunque la llegada del cine, la prensa de masas, la radio y la televisión han llevado a la estandarización y comercialización de la cultura, la industria no puede eliminar la originalidad y la individualidad, y de hecho, necesita de ellas. Es cierto que la industria cultural necesita de la creatividad individual, pero ¿hasta qué punto puede controlarla y limitarla? La realidad es que las grandes editoriales y productoras buscan únicamente el éxito comercial, y para ello imponen estereotipos y fórmulas que limitan la verdadera originalidad y creatividad de los artistas. En vez de apoyar a los verdaderos talentos, prefieren seguir produciendo obras que ya han demostrado ser rentables, perpetuando así un ciclo de estandarización y falta de innovación.

Aunque ciertas obras están estereotipadas y estandarizadas, otras tienen algo que las hace únicas y creativas, transformando el estereotipo en arquetipo. La industria cultural está impulsada por una contradicción que, al mismo tiempo, destruye y cultiva las semillas de la creatividad.

Hoy, la literatura conserva un carácter individual, aunque sufre las restricciones de la industrialización y la comercialización. Las restricciones incluyen el proceso de preselección de los editores importantes, las restricciones de volumen y la prohibición de los autores de realizar correcciones sobre las pruebas de imprenta. A pesar de estas restricciones, la literatura continúa manteniendo su principio artesanal y su carácter individual.

Es cierto que los autores pueden seguir escribiendo de manera artesanal y única, pero su capacidad para llegar al público masivo y tener un impacto significativo se ve seriamente limitada por las restricciones impuestas por la industria. La literatura se está convirtiendo cada vez más en un producto de consumo más que en una forma de arte verdaderamente liberadora y transformadora.

El desarrollo de un folklore planetario

En tercer lugar, Morin se refiere al desarrollo de un folclore global. La música, la danza y otros elementos culturales han pasado a ser de dominio público en todo el mundo, dando lugar a una especie de patrimonio común a nivel mundial. Esto ha generado un sentido de pertenencia a una comunidad global y ha reforzado los lazos culturales entre distintas sociedades.

Imagina que vas a una tienda de música y encuentras una sección completa de música de diferentes partes del mundo. Desde música japonesa hasta música africana, todo está disponible para que lo escuches. Según Edgar Morin, esto es un resultado de la mundialización cultural que ha permitido la difusión y mezcla de diferentes culturas.

Pero no te preocupes, esta mezcla de culturas no ha llevado a la homogeneización del arte y la música. De hecho, Morin afirma que las grandes tendencias transnacionales pueden favorecer la expresión de la originalidad nacional. Así que sigue explorando y escuchando diferentes estilos de música, porque cada uno de ellos tiene algo único y especial que ofrecer.

Por ejemplo, el hip hop es un género musical que ha surgido de la cultura afroamericana en Estados Unidos, pero que ha logrado expandirse a nivel mundial gracias a la mundialización cultural y los medios de comunicación. A pesar de esto, cada país y región ha logrado dar su propio toque al género, creando subgéneros como el reggaeton en Latinoamérica o el grime en el Reino Unido. De esta manera, el hip hop ha logrado fusionarse con diferentes culturas y expresiones artísticas, sin perder su esencia original y permitiendo la expresión de la originalidad nacional.

Encuentros y mestizajes culturales

En cuarto lugar, Morin destaca el surgimiento de tendencias transnacionales y nuevas diversidades. En este proceso, se ha producido un diálogo entre culturas y una mezcla de elementos culturales de diferentes partes del mundo. Esto ha llevado a una creatividad renovada y a una mayor apertura a la diversidad cultural.

¿Qué pasa cuando diferentes culturas se mezclan? ¿Es el mestizaje peligroso o enriquecedor? Edgar Morin, nos da algunas respuestas. Primero, nos recuerda que el mestizaje ha existido desde tiempos antiguos. Por ejemplo, cuando Alejandro Magno conquistó Persia, Egipto e India, también introdujo la cultura griega en esos territorios y creó nuevas formas de arte y civilización. Del mismo modo, la civilización romana se nutrió de la cultura griega y otras culturas locales.

Un ejemplo más cercano de mestizaje es el flamenco, la música y el baile tradicional de Andalucía. Esta expresión artística es el resultado de la influencia árabe, judía y gitana, que se mezclaron en España durante siglos. Hoy en día, el flamenco sigue siendo una parte importante de la identidad cultural española.

Pero, ¿es el mestizaje siempre beneficioso? Morin admite que hay peligros y desafíos, como la pérdida de identidad cultural y la aparición de tensiones y conflictos entre diferentes grupos. Sin embargo, también cree que el mestizaje diversificado puede preservar la diversidad cultural y crear nuevas formas de expresión.

Lo que es peligroso para Morin es la «macdonalización» generalizada, es decir, la homogeneización cultural promovida por la globalización y el capitalismo. Si todas las culturas se vuelven iguales, entonces perderíamos la riqueza y la variedad de nuestras identidades culturales.

Morin critica las prohibiciones y defensas inmunológicas de las culturas arcaicas y religiones dogmáticas, que obstaculizan la comunicación y la creatividad en la era planetaria. En lugar de aislarse y protegerse de otras culturas, debemos abrirnos y dialogar, aprender de los demás y enriquecernos mutuamente.

La regeneración

Por último, Morin se refiere al retorno a las singularidades y a los orígenes. En este proceso, se ha producido una revalorización de las culturas locales y de las tradiciones. Esto ha generado un mayor interés por la diversidad cultural y ha permitido la revitalización de las culturas locales.

Si hay algo que caracteriza al mundo en el que vivimos, es la globalización. Las culturas se mezclan y se fusionan, y a veces parece que todo se convierte en una masa uniforme sin ninguna singularidad. Pero Edgar Morin sostiene que es posible proteger y promover las identidades culturales al mismo tiempo que se fomenta la hibridación y el mestizaje.

Un ejemplo claro de esto es el flamenco. Hace unos años, este género estaba a punto de desaparecer, pero gracias al esfuerzo de las jóvenes generaciones y al mercado internacional, se revitalizó y se extendió por todo el mundo. Y no solo eso, en todas partes podemos encontrar jóvenes de diferentes culturas que se esfuerzan por proteger su música y sus cantos tradicionales.

Para Morin, una cultura rica es aquella que protege e integra al mismo tiempo. Todas las culturas tienen su propia mezcla de supersticiones, saberes acumulados y errores vulgares, pero es importante no clasificar saberes milenarios como supersticiones.

En el siglo XXI, es necesario preservar y abrir las culturas al mismo tiempo. Debemos defender las singularidades culturales y promover la hibridación y el mestizaje. El problema se presenta de forma dramática para las culturas arcaicas, como la de los inuíts. Debemos enseñarles a beneficiarse de las ventajas de nuestra civilización, pero también ayudarles a conservar los secretos de su medicina autóctona, su chamanismo y su sabiduría sobre la naturaleza.

Morin también destaca la importancia de Internet y los multimedia en el desarrollo de estas tendencias culturales. Sin embargo, también advierte que estos medios pueden acentuar los antagonismos entre la organización burocrática y capitalista de la producción cultural y las necesidades internas de originalidad y creatividad del producto cultural. Por eso, es fundamental que la producción colabore con la creatividad para lograr una mayor originalidad y singularidad en la cultura.

Tomado de http://Notaantrpologica.com/