La correspondencia de Flaubert (1854-1861)

“Es una canallada. Aparezco como un hombre insensible, avaro, en suma, un imbécil sombrío. Eso es lo que uno gana por acostarse con las musas. Por otra parte, qué tontería poner a la literatura al servicio de las pasiones, qué tristes...

El laberinto del mundo

José Antonio Lugo

I. La biografía 

Seguimos revisando su correspondencia, en la edición completa publicada por Conard en 1927. El tomo IV, al que nos referimos hoy, es importante porque en esos años en la vida de Flaubert sucede la ruptura con Louise Colet, su amante y confidente, la publicación de Madame Bovary y el proceso por obscenidad del que fue objeto. Veamos. 

A Louise Colet:

    13 de enero de 1854: «No hay en literatura buenas intenciones».

     Enero de 1854: «Este libro (Madame Bovary) que sólo es estilo, tiene al estilo mismo como un peligro continuo». 

     2-3 de marzo de 1854: «La literatura hoy, se parece a una gigantesca empresa de inodoros» (…) «La risa es el desprecio y la comprensión ligados, en suma, la manera más alta de ver la vida, ‘lo propio del hombre’, como dijo Rabelais». 

     25-26 de marzo de 1854: Trabajas demasiado aprisa. Acuérdate del viejo principio de Boileau: escribir con dificultad versos fáciles». 

     7 de abril de 1854: «Hay que llevar al lector sin que se de cuenta de la psicología a la acción»; «Sería necesario saber todo para escribir»; «Homero, Rabelais, eran enciclopedias de su época: lo sabían todo»; «Hay en la poética de Ronsard un curioso precepto: recomienda al poeta instruirse en artes y oficios: herreros, orfebres, etc., para dibujar las metáforas». 

     El 22 de abril de 1854 Flaubert escribió la última carta a Louise Colet. Con nadie se explayó tanto en cómo se sentía al escribir, por lo que podemos lamentarnos de su rompimiento amoroso. Luego, ella escribió sobre él de manera oblicua en su novela Lui.

     Después de haberla leído, le escribió a Ernest Feydeau, primera quincena de octubre de 1859: «Es una canallada. Aparezco como un hombre insensible, avaro, en suma, un imbécil sombrío. Eso es lo que uno gana por acostarse con las musas. Por otra parte, qué tontería poner a la literatura al servicio de las pasiones, qué tristes obras nacen de ello». 

A Louis Bouilhet:

     Agosto de 1855: «¡De vuelta en la sempiterna Bovary! Byron decía: «Una vez más sobre los mares»; yo podría decir: «Una vez más en la tinta».

     5 de octubre de 1856: «Bovary habla más de paciencia que de genio, mucho más del trabajo que del talento».

     A Jules Duplan (después de leer la primera parte de Madame Bovary publicada en la Revue de Paris): «La primera lectura de mi obra impresa me ha sido, contrariamente a lo que esperaba, extremadamente deagradable. Sólo me he fijado en las faltas de impresión y en tres o cuatro repeticiones de palabras que me han chocado». 

     A Louis Bonenfant: «La moral del Arte consiste en su belleza misma». 

     A Madame Maurice Schlésinger, 14 de abril de 1857: «La hipocresía social es una cosa grave». 

     A su hermano Aquiles (ante las acusaciones contra Flaubert por su novela), 16 de enero de 1857: «Estoy enmedio de un torbellino de mentiras e infamias. Todo el mundo se «pasa la pelota»: yo no soy, yo no soy». (…) Mi persecución me ha abierto mil simpatías. Si mi libro es malo, lo hará parecer mejor; si está destinado a perdurar, será un pedestal para él». 

     A su hermano Aquiles, 20 de enero de 1857: «No hay desde hace tres siglos una sola línea de la literatura francesa que no sea atentatoria de las buenas costumbres y de la religión».

     Al doctor Jules Cloquet, 23 de enero de 1857: «Mañana honraré con mi presencia el banco de los ladrones. De la boca que ellos quieren cerca, les quedará un escupitajo en la cara». 

     A su hermano Aquiles, 31 de enero de 1857: «El abogado Senard me ha colocado como un gran hombre y ha tratado mi libro de obra maestra». 

     A Mademoiselle Leroyer de Chantepie, 19 de febrero de 1857: «Esta Bovary, que usted ama, ha sido tratada como la más baja de las mujeres perdidas en el banco de los ladrones». 

     18 de marzo de 1857: «El artista debe estar en su obra como Dios en la creación, invisble y todo poderoso». 

    30 de marzo de 1857: «No amo la vida y no tengo miedo de la muerte. La hipótesis de la nada absoluta no me asusta. Estoy presto a tirarme plácidamente al agujero negro». 

II. Charles Baudelaire

Baudelaire y Flaubert nacieron ambos en 1821. Los dos publicaron en 1857 libros que cambiarían la historia de la poesía —Las flores del mal— y de la novela —Madame Bovary–. Sus obras fueron acusadas ante la ley de obscenas y sus autores procesados por faltas a la moral. De lo que en verdad eran culpables era de haber creado una nueva mirada sobre la realidad. Las cartas de Flaubert a Baudelaire son una joya:

A Charles Baudelaire:

     13 de julio de 1857: «He leído su libro de un tirón y ahora lo releo, después de ocho días, verso a verso, palabra por palabra, y francamente me encanta. Ha encontrado la manera de rejuvenecer el romanticismo. La originalidad del estilo se desprende de la concepción. Usted comprende la estupidez de la existencia. En resumen, lo que más me gusta en su libro es que predomina el Arte. Además, usted canta la carne sin amarla, de una manera triste y desapegada que me agrada». 

     14 de agosto de 1857: «Acabo de enterarme que está siendo perseguido a causa de su libro. ¿Por qué? ¿Contra quién atentó? ¿La religión, las costumbres? ¿Ya pasó por la justicia? Estoy muy indignado. Deme detalles sobre este asunto y reciba mil apretones de manos, los más cordiales». 

     23 de agosto de 1857: «Mántengame informado. Me intereso en este asunto como si se tratara de mí. Esta persecución no tiene ningún sentido. Me rebelo».

     21 de octubre de 1857 (después de haber leído el artículo de Baudelaire sobre Madame Bovary): «Le agradezco, querido amigo. Su artículo me ha dado el más grande placer. Usted entró en los arcanos de mi obra, como si mi cerebro fuera el suyo». 

     1859-1960: «Su poema «Albatros» me parece un verdadero diamante. En cuanto a otros fragmentos, no me alcanza el papel para hablarle de todos los detalles que me deleitan». 

     22 de octubre de 1860: «Ha encontrado la manera de ser clásico sin dejar de ser el romántico trascendente que amamos» (Y, sin embargo, critica su libro Los paraísos artificiales): «En una obra de observación natural y de inducción, insiste demasiado en el espíritu del mal. Hubiera preferido que no blasfemara sobre el hachís, el opio, el exceso… ¡Quién sabe qué venga más adelante!». 

Tomado de https://morfemacero.com/