abril 11, 2022

La cara oculta de la Luna era un misterio. Ahora sabemos por qué es tan diferente de la cara que vemos

Seguramente ya lo sabes, pero desde la Tierra solo vemos una cara de la Luna. No hay manera de ver la otra, de ahí que hablemos de esa cara oculta de la Luna que ningún humano...

Seguramente ya lo sabes, pero desde la Tierra solo vemos una cara de la Luna. No hay manera de ver la otra, de ahí que hablemos de esa cara oculta de la Luna que ningún humano pudo ver hasta 1959. Lo hizo la sonda Soviet Luna 3, y desde entonces hemos descubierto que esa cara oculta es muy distinta a la cara vista. Nadie sabía por qué, pero ahora hay datos que revelan por qué es tan diferente.

Una Luna salpicada de cráteres. A la cara vista la conocemos muy bien. Los seres humanos llevan viendola —en sus distintas fases— desde nuestros orígenes. Últimamente la hemos visto mejor que nunca: a las misiones espaciales le han seguido fotografías con un montón de megapíxeles. 400, por ejemplo. No se nos escapa ya ni un detalle de esa cara vista. El problema es la otra. La cara oculta.

Anda, estás ahí. La Luna rota sobre sí misma en el mismo tiempo que orbita alrededor de la Tierra. Su período de rotación es igual al de traslación, así que vemos siempre la misma cara.

Eso hacía imposible verla, algo que por fin solucionamos con el lanzamiento de la sonda soviética Lunik 3, que la fotografió por primera vez el 10 de octubre de 1959. La foto era bastante mala, pero desde entonces la cosa ha mejorado y la NASA ha podido captar esa cara oculta en toda su extensión.

Salpicada de cráteres. A diferencia de la cara vista, la cara oculta de la Luna está salpicada de cráteres. Mientras que en la cara que vemos son célebres los «mares» lunares resultantes de la antigua lava que generó la actividad volcánica en la superficie, la cara oculta no tiene esas marcas. ¿Por qué? ¿Solo había actividad volcánica en una mitad de su superficie?

Un impacto gigantesco. Un estudio publicado en la revista Science Advances revela ahora las razones. Los investigadores realizaron simulaciones por ordenador para saber qué pudo pasar antes de aquella actividad volcánica, y recrearon un impacto masivo que hace miles de millones de años cambió la Luna y creó un cráter gigantesco. Tiene 2.500 kilómetros de diámetro y 12 kilómetros de profundidad, y se llama cuenca Aitken.

Vale, ¿y qué? Ese impacto creó una enorme cantidad de calor, y los investigadores quisieron conocer cómo ese calor afectó las dinámicas internas de la Luna. Descubrieron que el calor hizo que ciertos elementos químicos se depositaran en la cara vista de la luna pero no en la oculta. Activaron por tanto a iniciar una era de actividad volcánica en esa cara vista.

La teoría tiene sentido. Esta teoría explicaría también algo que los científicos no acababan de entender. Muchas de las regiones de la cara vista contienen elementos como potasio y fósforo y otros que producen calor como torio y otras tierras raras llamadas en conjunto KREEP.

Esos elementos solo están presentes en la cara vista, y este descubrimiento expliaría por qué no están en la cara oculta. Es de momento una teoría que deberá ser confirmada con futuras observaciones, pero es bueno saber que conocemos (o creemos conocer) un poquito más esa cara oculta.

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