enero 12, 2022

Joan Didion, desde el centro de la paranoia

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Literatura

Actualizado Jueves,
23
diciembre
2021

20:48

Joan Didion, en su apartamento de Nueva York, en 2005.
Joan Didion, en su apartamento de Nueva York, en 2005.

Estuvo donde había que estar. El pulso al país más poderoso del mundo en su década más convulsa lo cogió como nadie esta mujer menuda, de aspecto frágil y con pinta de ser uno de esos invitados que observan más que hablan en una fiesta con barbacoa. Fue compañera de viaje de aquella cuadrilla que integraban Tom Wolfe, Gay Talese, Hunser S. Thompson y Norman Mailer pero que nunca salía en la foto. No iba tan atildada como Wolfe y Talese, que creían que el traje era su mejor carta de presentación, que vestidos con chaleco a la máquina el texto saldría más limpio. Ella era de las que prefería alquilar un coche e irse al sur para recordar su infancia, ser una más en los conciertos de The Doors (la chiflaban porque eran «unos chicos malos») donde el personal fumaba y bailaba desnudo a la luz de la luna después de haber coreado consignas, pancarta en ristre, contra la guerra de Vietnam.

«Formé parte de la paranoia del momento», dijo. Y tanto: no era raro ver en su casa a Scorsese, Spielberg o Janis Joplin. Todo lo anotaba, todo la interesaba. Desde el precio de la gasolina a mensajes de carteles publicitarios o títulos de libros… hasta que «te sientas a cenar y la vida que conocías se acaba»: es la tercera frase de El año del pensamiento mágico, en el que aprendió (y aprendimos) lo que era el dolor al narrar la muerte de su marido, el también escritor John Gregory Dunne. Dos años después (2011), aún en carne viva, se murió su hija Quintana y se volvió de cristal para hilar Noches azules.

¿Qué fue de aquella estudiante de Berkeley, Barbour y bailarinas que se fotografiaba fumando en un descapotable blanco? Recordar y escribir; siempre pensó que para entender el cómo y el por qué de las cosas había que sentarse a escribir, pero en pijama.

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