Ignacio Peyró: «Inglaterra es un país hechizado por su pasado»

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Literatura

Actualizado Martes,
18
enero
2022

01:33

El autor de ‘Pompa y circunstancia’ y director del Cervantes de Londres reúne en el libro ‘Un aire inglés’ su artículos de tema anglófico

Ignacio Peyró.
Ignacio Peyró.RITA A. TUDELA

¿cómo sintetizar los artículos sobre Inglaterra que Ignacio Peyró ha reunido en Un aire inglés (Fórcola)? Va una hipótesis: ser inglés es vivir marcado por la frialdad de los padres, la crueldad de los colegios y el largo entrenamiento en el desapego… pero también es buscar vías alternativas para expresar emociones: a través de un jardín, de un cuarto de estar, de una corbata, de un paisaje pintoresco, de un cuaderno caligrafiado… Y Peyró, en sus textos, indaga en esa intimidad.

«La sentimentalidad inglesa existe y tiene manifestaciones curiosas. El alcohol siempre ha estado, claro, pero también está el lenguaje escrito. Si en España abriésemos un negocio de tarjetones de felicitación, moriríamos de hambre. En cambio, en Inglaterra es un negocio pujantísimo porque el texto escrito es la barra libre para la sentimentalidad. También son un alivio las plaquitas de los parques: en cada banco verá una texto que dice ‘Aquí se sentó la señora Wilkins que veía el mundo y lo embellecía con su sonrisa’, cosas así… Son pequeños gestos que dicen que hay algo más que el ceño fruncido y el labio contraído», explica Peyró.

Lo interesante, como siempre, es tomar la anécdota y convertirla en algo más amplio, en una manera de entender la realidad. En su nuevo libro, Peyró, director del Instituto Cervantes de Londres, autor del diccionario de anglofilias Pompa y circunstancia y colaborador de La Lectura, la nueva revista cultural de EL MUNDO, busca la sentimentalidad inglesa en Kipling, en el dandismo, en la obsesión por el pasado, en la arquitectura… Hay muchísima arquitectura en Un aire inglés, mucha casa de campo y mucho adosado de clase media.

«Inglaterra ha sido conservadora en la arquitectura porque es un país hechizado por su pasado. Piense que las grandes fuerzas espirituales del siglo XIX, que es su gran siglo, estuvieron en manos de medievalistas», cuenta Peyró. ¿Y eso por qué? «Porque tenían miedo de un progreso que podía romper lo más sagrado de la imagen que Inglaterra tenía de sí misma. Se convencieron de que las artes decorativas de la revolución industrial eran un fracaso y empezaron a buscar un pasado remoto e idealizado, una merry England, con su rectoría, su catedral y su calle mayor». La gracia es que esa idealización incluía su parte de mistificación. Por eso, Oxford está llena de arquitectura greco-romana, cada ciudad tiene su catedral gótica de estilo francés y tantos interiores que son pastiches orientalizantes, al borde del kitsch.

«A los ingleses se les ha dado mejor el pueblo pintoresco que la ciudad. Londres es una ciudad muy poco planificada, tiene una planta muy antigua e irregular: salir de Londres en coche es difícil. En cambio, hay una noción de lo doméstico muy fuerte vinculada a la de libertad. Esa idea de ‘mi casa es mi castillo’ es muy inglesa», dice Peyró.

Y continúa: «España es una cultura de exteriores. En cambio, el genio inglés está en esos ambientes mullidos, en esos pavimentos ajedrezados, en los chesters y en el amor porque todo esté un poco gastado, por no tener que comprarte tus canalettos».

La otra tesis que se intuye en Un aire inglés es que Inglaterra es una sociedad en la que los códigos sociales son estrictos pero en la que también hay margen para las excentricidades más insólitas, las más… sentimentales. «Si trabajas en la City, si vas a un club o a una iglesia, la manera de vestir está muy codificada. Los códigos de pertenencia son inevitables. Pero, ojo: si aceptas el código, puedes hacer tu pequeña afirmación de la individualidad. Este libro está lleno de personajes que parecen extremos pero que, en realidad, sólo llevan al límite los códigos, porque en ellos está previsto un lugar para la fantasía. Incluso hay un punto de ironía… Hay una cláusula de la excentricidad y un sentido de la libertad individual fuerte, de modo que, si conoces las normas, no habrá ningún reproche».

De modo que la libertad tiene sus complejidades pero no está mal resuelta en el Reino Unido. El problema es la igualdad, la eterna obsesión por las clases sociales que en el libro de Peyró aparece referida como «la viruela inglesa». «En realidad, todas las políticas inglesas desde la II Guerra Mundial tratan de la desigualdad. También las de los conservadores. Margaret Thatcher solo buscaba crear un país de clases medias», explica Peyró. La conclusión es que Inglaterra, como todos los países, cada vez se parece menos a su caricatura. Ni las clases sociales son tan rígidas, ni la arquitectura moderna es ajena, ni las familias racanean los besos. Y quizá sea eso, el miedo a la normalidad, lo que lleve al sentimentalismo del brexit.

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