Nasry Asfura, un político de derecha respaldado por Donald Trump, asumió la presidencia de Honduras el 27 de enero. Se comprometió a revitalizar la economía mediante políticas de austeridad y a abordar la inseguridad, aunque no hizo mención de la lucha contra la corrupción ni del narcotráfico, dos problemas significativos que enfrenta el país centroamericano.
Honduras se encuentra entre los países más peligrosos del mundo, con una tasa de homicidios de 23 por cada 100,000 habitantes. Aunque esta cifra es inferior a la de años anteriores, el país sigue lidiando con una grave ola de violencia, impulsada por bandas criminales y extorsiones.
Construyendo confianza con los hondureños
Al asumir el cargo, Asfura prometió mejorar la seguridad, pero omitiendo dos aspectos cruciales: la lucha contra el narcotráfico y la corrupción, que ha afectado a su partido durante años. Ganar la confianza de la población será fundamental.
“Es importante recordar que el proceso electoral no fue el más adecuado. Hubo preocupaciones sobre la seguridad en el manejo de los resultados, creando un ambiente poco favorable para los votantes, lo que ha sido cuestionado por el Partido Liberal. Creo que el presidente deberá generar confianza rápidamente”, afirma el economista y político José Luis Moncada.
En su discurso de toma de posesión, Asfura destacó que su principal objetivo es mejorar la economía a través de la austeridad, la creación de empleo y la atracción de inversiones, según el analista político Sergio Vélez: “Comienza su mandato con un enfoque en el trabajo. Buscará impulsar el turismo, atraer inversión extranjera y ofrecer a los jóvenes la oportunidad de acceder a empleos dignos, además de intentar depurar el Estado”.
“Un nuevo bipartidismo”
A pesar de que el aliado de Trump ganó las elecciones con una mayoría legislativa limitada, una alianza con el Partido Liberal de su excontrincante Salvador Nasralla parece garantizarle gobernabilidad: “La elección del presidente del Congreso, Tomás Zambrano, fue el resultado de una negociación con el Partido Liberal, que cuenta con 41 diputados. Juntos suman 90 votos, lo que les da una mayoría simple para aprobar varios decretos”, explica Moncada, quien también es parte de este partido.
“Todo dependerá de la agenda que se establezca. Creo que será necesario mantener un diálogo constante y ver cuánto dura la luna de miel. Esperamos que haya una madurez política en lo que yo llamo un nuevo bipartidismo”, añade.
Asfura gobernará Honduras hasta 2030 y enfrenta numerosos desafíos, pero por ahora parece centrarse en la recuperación económica y en reconstruir la confianza tras unas elecciones marcadas por acusaciones.
Tomado de https://www.rfi.fr/



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