abril 17, 2021

“Hernán Cortés y los españoles fueron un pequeño grupo dentro de una guerra civil en México”

El profesor Esteban Mira Caballos publica un ensayo sin maniqueísmos sobre el conquistador. "Mantuvo decenas de relaciones con mujeres y cuando se aburría las 'regalaba", afirma Leer#ExpresionSonoraNoticias Tomado de http://estaticos.elmundo.es/elmundo/rss/cultura...

Actualizado Sábado,
17
abril
2021

02:19

¿Quién fue realmente Hernán Cortés? A resolver el enigma ha dedicado 30 años de investigación el profesor y Doctor en Historia de América por la Universidad de Sevilla Esteban Mira Caballos, que culmina con la publicación de su ensayo ‘Hernán Cortés. Una biografía para el siglo XXI’ (Crítica). El ensayo pretende no ser maniqueo, es fruto de una revisión de las fuentes y clarifica datos personales, como su fecha de nacimiento (1484 y no un año después) o de su familia, hasta ahora oscuros.

Sobre el revisionismo de parte del México actual, Mira Caballos afirma: “Hay un sector importante de la población al que le han enseñado en el colegio que Hernán Cortés fue un invasor que destruyó México, aniquilando la gran civilización mexicana. Es falso. El enfrentamiento tuvo mucho de guerra civil”. Y sobre su relación con las mujeres, dice: “Fue un mujeriego incorregible. Utilizó a doña doña Marina [La Malinche] mientras le interesó, sin reconocer nunca la importancia vital de su labor. Cuando ya no la necesitó, ¡la regaló! a su amigo Juan Jaramillo, como si de una esclava se tratase”, afirma Mira Caballos. El libro coincide en las librerías con Conquistadores y aztecas. Cortés y la conquista de México (Edaf), del hispanista Stefan Rinke.

“Ni un santo providencialista ni un genocida”

“La figura de Hernán Cortés”, considera Esteban Mira Caballos, “merece ser analizada y redescubierta, sin apasionamiento, sin condenas ni elogios. Estamos ante una de esas figuras históricas que, para bien o para mal, contribuyeron a cambiar el mundo. Ni España fue la misma después de él ni tampoco Mesoamérica. No fue un genocida porque él quería gobernar la tierra, y ésta no valía nada sin naturales que la trabajasen. Cortés, como la mayoría de los conquistadores, administraba el terror en la dosis justa para conseguir el efecto deseado. Perpetró cruentas matanzas -en la mayoría con la ayuda y hasta con el ensañamiento de los naturales aliados, como la de Cholula o la de Tepeaca, pero en ningún caso fue un genocida”.

Logros y hazañas

El profesor Mira Caballos considera que fueron varios. Primero, “apañárselas para conquistar todo un Estado, con su emperador, su capital, sus jueces, sus colegios, sus gremios, con un potencial inicial de 550 hombres”. Para ello, Hernán Cortés (Medellín, Badajoz,1484-Castilleja de la Cuesta, Sevilla, 1547) utilizó siempre una misma estrategia, la de intentar lograr un pacto. “Incluso iniciadas las hostilidades siempre estaba abierto a un posible armisticio, seguido de una alianza. Todos sus enemigos pasaban a convertirse automáticamente en sus aliados, aumentando progresivamente su potencial. Así consiguió que la toma de Tenochtitlan en 1521 fuese una empresa multinacional, en la que había una mayoría de atacantes originarios del Anahuac, pero también españoles, portugueses, griegos y hasta alguna que otra persona originaria de África. Pero huelga decir que Hernán Cortés fue conquistador prácticamente dos años de su vida, de 1519 a 1521. El resto de su vida fue otras cosas, desde escribano a empresario agrícola, naviero, armador, descubridor…”.

Sobre su “heroísmo militar”

Hernán Cortés, siempre según Mira Caballos, sabía que no podía dar un paso atrás porque o bien lo matarían los mexicas venidos arriba viéndolo huir, o si conseguía regresar lo ejecutarían por traidor. “Por eso, no contempla la posibilidad de dar un paso atrás, tenía claro que había que seguir hacia adelante. Y es cierto que siempre se ubicaba al frente de sus hombres en el combate, arengándolos continuamente para levantarles el ánimo. Su espíritu era incansable y una muestra más se vivió tras la jornada de la Noche Triste el 30 de junio de 1520, en el que fue el primero en reponer el ánimo, arengando a los supervivientes”. Pasa por ser la mayor derrota sufrida por los españoles en toda la conquista de América. La cifra más aceptada es la que sostuvo Bernal Díaz del Castillo: 870 hombres. Los mexicas habían logrado reunir a más de 10.000 personas.

“Un mujeriego incorregible”

Hay que tener en cuenta que Hernán Cortés fue, ante todo un “guerrero de su tiempo, que, como todos, tenía las manos manchadas de abundante sangre”. Pero el profesor Mira Caballos cree que el episodio más “incómodo para una persona del siglo XXI fue su relación con las mujeres. Fue un mujeriego incorregible y a la mayoría no las trató como merecían. Estando casado, mantuvo ¡decenas! de relaciones extramatrimoniales, a veces de forma simultánea. Utilizó a doña Marina [La Malinche] mientras le interesó, por supuesto, sin reconocer nunca la importancia vital de su labor. Cuando ya no la necesitó, ¡la regaló! a su amigo el salvaterreño Juan Jaramillo, como si de una esclava se tratase. Algunos podrían pensar que se trataba de una actitud normal en la época, pero huelga decir que ni todos los hombres de su tiempo eran fornicadores ni tan siquiera la mayoría”.

Aportaciones del libro

Mira Caballos ha intentado, dice él mismo, ser ecuánime, tarea nada fácil cuando se analiza una figura que vivió a caballo entre los siglos XV y XVI. Agrega que ha escrito un ensayo “desde la ciencia histórica y no desde la ideología”. Y sostiene que “una buena parte de la historiografía cortesiana la debemos impugnar porque se mueve en términos legendarios, de tonalidades negras y rosas. Recientemente, el influyente historiador israelí Noam Harari ha tildado de genocida al metelinense, mientras otros señalan directamente su psicopatía clínica”. Añade Mira Caballos que ha hecho acopio de la bibliografía más reciente y afirma haber revisado las fuentes documentales, “lo que me ha permitido poder matizar algunos aspectos de su biografía, como su nacimiento en 1484 -y no en 1485-, su vinculación con el condado de Medellín pero también con Alange, o concretar la extensa parentela de primos y tíos que tenía en su localidad natal”. Agrega que lleva investigando a Cortés desde hace más de 30 años y le ha dedicado varios libros y muchos artículos. “Este libro es mi última palabra sobre él”.

Origen humilde

Hernán Cortés escribió mucho sobre sus hazañas pero muy poco sobre él. En el libro se comenta su posible pasado de judío converso. De entrada, Mira Caballos considera que una vez alcanzada la fama “no quiso nunca abundar en sus orígenes que sin ser plebeyos, eran bastante humildes. Una familia hidalga de un pueblito pequeño como era Medellín. El caso es que él ni aludió a su pueblo natal, ni realizó inversiones, ni se construyó un palacio como hicieron otros conquistadores. Él se enamoró de la tierra que con tanto esfuerzo conquistó, por eso yo siempre digo que Hernán Cortés fue el primer mexicano”.

Pensando en el futuro

Puesto en el aprieto de comparar a Cortés con otros conquistadores españoles, Esteban Mira Caballos asegura que fue “el más genial de los conquistadores pero no por su supuesta capacidad estratégica sino porque pensó en la posteridad. Él no solo pensó en su presente sino que también pensó en cómo lo verían a él las generaciones futuras. Por eso partió de él su propia heroización, en sus Cartas de relación, pero también rodeándose de escritores valiosos, como Francisco López de Gómara o Francisco Fernández de Salazar, que contribuyeron a su proyecto. El mayor mérito de Hernán Cortés es la capacidad excepcional para fascinar a miles de personas a lo largo de cinco siglos. Y prueba de esa fascinación es que todavía en pleno 2021 seguimos debatiendo sobre él”.

Habilidad negociadora

En el libro se da fe de su carácter “pactista”, su “habilidad negociadora”. “Todos los guerreros de todos los tiempos han intentado alcanzar acuerdos, siendo la guerra la continuación de la política por otros medios, como diría Carl von Clausewitz”, comenta por correo electróncio Mira Caballos. “Sin embargo, el mayor mérito de Cortés fue su capacidad pactista, superior a la de otros militares y conquistadores. Él siempre estaba abierto al armisticio, incluso después de haberse iniciado las hostilidades. De manera que todos los enemigos una vez sometidos, los convertía en amigos por lo que su fuerza se iba incrementando a cada paso. Hubo dos pactos decisivos, primero el que firmó con los tlaxcaltecas y, segundo, el que hizo con los 1.400 hombres de Pánfilo de Narváez que una vez derrotados los incorporó a su proyecto conquistador. Esa capacidad para alcanzar acuerdos es el aspecto más singular de su forma de entender la conquista y la que le permitió conquistar todo un imperio en apenas dos años”.

Un hombre culto, pero sin estudios

Hernán Cortés escribió no poco, pero ¿escribía bien, cómo eran sus escritos, se autoelogiaba? “Pese a que nunca tuvo un título académico, ni siquiera el de bachiller, era una persona culta con un buen conocimiento jurídico y una buena capacidad lectora y escritora. Sus Cartas de relación están pensadas para justificar sus hechos ante el emperador. Era consciente que había traicionado a un gobernador como Diego Velázquez, que además era adelantado de Yucatán. Si no hubiese jugado bien sus bazas, entre ellas sus famosas cartas dirigidas al emperador, es posible que hubiese acabado ajusticiado. Por ese motivo, sus Cartas de relación hay que leerlas con prevención, sabiendo qué eran y qué motivaba al que las escribió.”

Sobre su ‘amigo’ Moctezuma

¿Eran Cortés y Moctezuma, en cierto punto, similares, les unía algo? “Cortés y Moctezuma tenían mucho más en común de lo que la gente cree. Ambos eran dos guerreros sangrientos, cultos, muy religiosos y con una buena capacidad dialéctica. Ambos protagonizaron un juego de engaños fingiendo quererse mucho cuando en el fondo tramaban cómo deshacerse de su oponente. Cortés decía quererlo como a un hermano al tiempo que trataba de arrebatarle su imperio o, como mínimo, de convertirlo en tributario. Moctezuma también fingía ese aprecio, pero no dudó en mandar emisarios a Pánfilo de Narváez para entenderse con él y acabar con u peor pesadilla que era el de Medellín.

El Cortés descubridor y cartógrafo

En el capítulo Su espíritu inquieto se dice que Cortés no se conformó con las conquistas sino que exploró y cartografió nuevos territorios. “Si no hubiese existido el imperio mexica, Cortés habría pasado a la historia como el descubridor de la costa pacífica mesoamericana y el golfo de California. Sorprende que siendo ya inmensamente rico, después de la caída de Tenochtitlan se enfrascase en su sueño de conocer los secretos de la tierra, mandando expediciones, como la de su primo Álvaro de Saavedra Cerón a las islas Molucas. Este inauguró una ruta de ida desde América a Asia que tendrá una duración de varios siglos. Fracasó porque no encontró el tornaviaje, pero dio la pista decisiva a Andrés de Urdaneta, al demostrar que no se podía volver por latitudes tan bajas. Después mandó otras expediciones a recorrer la costa del Pacífico tratando de encontrar un estrecho, e incluso él personalmente se embarcó en 1535 con la idea de poblar la zona de California. Y también envió a Perú a Hernando de Grijalva, inaugurando asimismo, la ruta comercial entre Nueva España y Nueva Castilla”.

Cortes, Malinche y otras mujeres

La relación de Hernán Cortés con las mujeres y con La Malinche merece un capítulo aparte, ya que, según se lee en el libro, tuvo numerosas relaciones. “Mantuvo relaciones con decenas de mujeres y cuando se aburría las regalaba a algún amigo como hizo con la Malinche. El gran error de ésta fue enamorarse de una persona que no le correspondió en su justa medida. Jamás le dedicó el más mínimo elogia a una persona como la Malinche, que fue fundamental en la conquista porque resolvió el problema de la incomunicación. Y pese a que tuvo un hijo con ella al que quiso mucho, cuando se hartó de la relación la entregó al salvaterrano Juan Jaramillo.

El mito de quemar las naves

¿Cómo fue el famoso episodio de quemar las naves? Parece que no las quemó, exactamente, sino que las inutilizó. “Es otro de los mitos, probablemente divulgado intencionadamente por sus hagiógrafos. Simplemente las desguazó y además no lo hizo tanto por evitar el retroceso, como él mismo dijo, sino para evitar que los fieles a Diego Velázquez, se alzasen con alguna de esas naves y regresasen a contarle la traición que se estaba consumando.

Frases para la Historia

Esteban Mira Caballos recoge una frase con la que Hernán Cortés arengaba a sus súbditos antes de entrar en batalla: “La vida vida es breve, la muerte cierta, el bien vivir es bueno, pero el bien morir glorioso”. ¿Utilizó otras semejantes? “Cortés era una persona muy ocurrente y con una buena capacidad dialéctica por lo que conocemos decenas de arengas a sus hombres, que pronunciaba para levantar su ánimo antes de entrar en combate. Por ejemplo, antes de enfrentarse a Pánfilo de Narváez, que le cuadruplicaba en fuerzas, les espetó a sus hombres que “aunque eran pocos, valía más a quien Dios ayuda que no a quien mucho madruga”.

Arengas antes de la batalla

¿Era norma que antes de batirse con el enemigo las tropas escucharan misa y luego oyeran a Cortés o era rasgo de su personalidad? “Era habitual que los mandos del ejército levantasen la moral de sus hombres arengándolos al combate. Pero Hernán Cortés era especialmente locuaz y siempre tenía alguna cita interesante, casi siempre relacionada con la certeza de que Dios estaba con ello, que era una guerra sagrada y que por tanto, él los ayudaría en la victoria”.

Revisionismo

¿Qué piensa de los ataques o el revisionismo de algunos de los actuales mexicanos sobre los conquistadores españoles? “En México hay un sector importante de la población al que le han enseñado en el colegio que Hernán Cortés fue un invasor que destruyó México, aniquilando la gran civilización mexicana. Obviamente, es falso, porque en México, como es bien sabido, hubo una guerra donde la mayoría de los combatientes eran naturales del Anahuac”, opina el profesor Mira Caballos. “Ni los mexicas eran el México actual -eran menos de la quinta parte del México actual y la décima parte de lo que fue la Nueva España- ni los que lo destruyeron eran exactamente españoles. De hecho, los españoles eran un pequeño grupo dentro del bando invasor, en el que la mayoría eran naturales del Anahuac. El enfrentamiento tuvo mucho de guerra civil. Sin embargo, quiero insistir que es una visión a pie de calle, que no se refleja en los medios académicos. Los historiadores mexicanos no tienen grandes diferencias con los españoles y de hecho los grandes cortesianistas contemporáneos son mexicanos, como Lucas Alamán, Carlos Pereira, José Vasconcelos, José Luis Martínez o Juan Miralles”.

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